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Los tres pasos que necesita un bailarín

14 Nov, 2011 Etiquetas: , ,

Julius entendió que su misión es cambiar vidas, darle voz a quienes no pueden hablar, darle vida a quienes están muertos. Para ello tiene su cuerpo, para ello tiene la danza.

TEXTO: SAMUEL SEGURA / FOTOS: CORTESÍA DEL ENTREVISTADO

La ausencia de luz permitió que los actores cambiaran de posición en el momento justo. La música dictó sus pasos. La elección del bailarín era simple: seguía las notas, la coreografía ensayada o ambas. Qué mejor para sus compañeros si eligiera siempre la última. Como fuera, arriba del escenario había seres humanos, no máquinas de bailar. Individuos embriagados de música, de posturas políticas concretas. De posiciones ensayadas una y más veces. De cuerpos esculpidos por los brincos, las patadas y las piernas abiertas. Por la danza. Ahí estaba él.

1. Un error

A Julius Brewster-Cotton le gustaba cantar. Lo hacía en el coro de una iglesia. La música del barrio de Brooklyn, Nueva York, era la única forma de arte que conocía. Así creció, cantando. Cuando en la escuela primaria le dijeron que tenía que hacer alguna actividad artística, no dudó en meterse a clases de canto. Pero no había cupo. Lo intentó en dibujo y cada una de las actividades que restaban, pero el único sitio en donde hubo espacio fue en la clase de danza. Danza africana. Todo fue un error.

Viajó a Nigeria y a Ghana para conocer más a profundidad ese baile que practicó durante años. Estuvo siete meses ahí. Regresó a Estados Unidos a una escuela para jóvenes con talento, tanto intelectual como artístico, donde también le pidieron practicar una actividad artística en paralelo a sus estudios. Buscó la danza africana, pero encontró al ballet. Me recuerdo diciendo: “esto no es lo que aprendí en África y no sé si quiero hacerlo.” Pero lo hice y sigo en eso casi 32 años después.

Hoy baila en el Taller Coreográfico de la UNAM. Alejandra Llorente fue quien le recomendó a Julius que se probara en el TCUNAM, donde ella era bailarina. La conoció en la compañía de Tania Pérez Salas, lugar al que arribó en el 2007 cuando llegó a México, después de estudiar Dance Performance en la Southern Methodist University en Dallas, Texas, y de haber estado seis años en la Daton Contemporary Dance Company.

—Julius, ¿por qué no intentas en el Taller Coreográfico de la UNAM?

—¿Qué es eso? ¿Es una universidad? Qué, ¿voy a dar clases?

—No, hay una compañía.

—¿De estudiantes o qué?

—No, son bailarines profesionales. Nada más que su hogar, su espacio, está en la UNAM.

Con Pérez Salas duró solo un par de meses. No encontró lo que buscaba como bailarín, tenía diferencias artísticas y de personalidad; solo bailaba, bailaba y bailaba. No aprendió nada.

—Ok, pues voy.

Julius llegó al taller en enero de 2008. Yo pensé que nada más iba para tomar clases, para ver qué hay en el TCUNAM, confiesa Julius. Fundado en 1970 después de que Gloria Contreras, su creadora, viajara a la ciudad donde Julius nació, Nueva York (“la capital mundial de la danza” a decir de Contreras), el Taller tiene dos temporadas anuales durante nueve meses en dos recintos, el Teatro Arquitecto Carlos Lazo y la Sala Miguel Covarrubias. Contreras participó como bailarina durante los periodos de 1970 hasta 1988. Veinte  años después, ambos se encontrarían.

—Quiero verte bailar, ¿tienes un solo?

—Sí, mañana bailo mi solo. —Bailé el solo, y la maestra se levantó de su asiento, fue caminando por el centro del salón, me abrazó, me besó y me dijo:

—Bienvenido al Taller Coreográfico de la UNAM.

Julius B. Tomada del Facebook del entrevistado

2. Un mensaje

En menos de una semana ya estaba aquí y era parte de la compañía, platica Julius, emocionado, después de presentarse, precisamente, en el Carlos Lazo de la Facultad de Arquitectura de la UNAM. En la primera función del TCUNAM en 2008, bailé el solo que hice para la maestra. Y de ahí estuve bailando partes principales como Sensemayá, Nereidas, Fruta Extraña y cosas así. Firmé el contrato para una siguiente temporada.

Es en el TCUNAM donde Julius ha encontrado aquello que le hacía falta con Pérez Salas: un mensaje. Necesitas un plan. Eso sentí con Tanía, que no había dirección o a un punto dónde llegar. Aquí en el taller hay un plan. Es para dar un poco de paz, tranquilidad, amor, una educación de arte, no solamente la danza.

Contrario a lo que sucedía en Nueva York, después de viajar a Chile y descubrir la militancia política de los bailarines en aquel país, Gloria Contreras comprendió que “la razón de la danza es darla a todos, no sólo a los que pueden pagar un boleto y que hay temas sociales que deben ser tratados en coreografía”. Por esa razón Opus 32, Integrales, Guantanamera, Fanfarria son piezas de Contreras en las que el mensaje es político.

Julius lo sabe. Sabe que como bailarín tiene una responsabilidad. Que su cuerpo es un vehículo de comunicación que emite mensajes, sean políticos, sociales o de paz, y que la gente lo mira y recibe lo que dice. Un mensaje de alguien más con el que tiene que estar de acuerdo para poder interpretarlo. No ser indiferente ante él. Prestar atención a lo que sucede a su alrededor.

Si tú tienes una voz corporal, tienes que usarla, y la maestra Contreras tiene una voz para hacer danza, coreografías; entonces lo que ella no puede escribir puede hacerlo en la danza, es su responsabilidad, es mi responsabilidad como su bailarín, que tengo que pensar igual que ella. La responsabilidad es con el pueblo, asegura Julius. Al pueblo hay que cuidarlo con el arte, dice.Tienes que darle voz a quienes no pueden hablar… y dar vida a quienes ya están muertos.

3. Una enseñanza

Cuando estamos con Gloria en los ensayos, siempre hay una historia. Siempre que no estamos metidos en el baile, ella para la música y nos va gritar la historia de este ballet y dice: “si uno de ustedes siente que no puede o no quiere bailar este baile, no tiene que hacerlo”. A pesar de que le encanta bailar, Julius se considera un artista completo, más que un simple bailarín.

Y enseña lo que sabe. Él odia tomar clases, pero es profesor del Seminario del TCUNAM, que surgió en 1974 a partir de las inquietudes del público, de los estudiantes, por el ballet. En principio, se crearon grupos para formar bailarines, para después convertirse en una alternativa a otras escuelas en las que se enseña danza. Aunque en el seminario los profesores son especializados, los alumnos no buscan necesariamente la profesionalización. El objetivo del seminario es preparar los cuerpos para que puedan bailar.

Se necesitan ocho años para concluir una carrera de bailarín ejecutante, de acuerdo con Alfredo García, coordinador del seminario y bailarín del TCUNAM, quien lleva 13 años en la compañía. Asegura que el seminario es incluyente, y que no importa el físico de sus bailarines, ni su perfil. Lo importante es desarrollar la salud y felicidad de quienes practican el trabajo de Contrología, “técnica de ejercicios que permite desarrollar la flexibilidad del cuerpo mediante la relajación, la tensión y la respiración”, desarrollada por Contreras.

—Gracias. —Le dijo una vez una persona del público.

—Gracias por qué, estoy haciendo mi trabajo, estoy bailando. —Respondió Julius.

—Muchas gracias, es que tú transmites todo cuando bailas, cuando bailas yo siento algo, muchas gracias.

Los mensajes, además de hablados, son escritos. Y no sólo para él, sino para todo el taller. Desde alumnos de arquitectura hasta entrenadores de gimnasia: “He visto casi toda la temporada completa y me he enamorado de la danza”; “Hoy que estoy enfermo del cuerpo, recibo vida para mi interior”; “Me gustaría mucho poder colaborar (realizando vestuario y/o escenografía). Felicidades a Gloria Contreras y bailarines”.

A veces me pone a llorar porque nunca pensé que como bailarín  yo puedo cambiar la vida de alguien. Y es cuando decidí quedarme aquí, ya entendí por qué soy bailarín, qué es mi misión: tengo que cambiar vidas, yo no sé cómo, pero voy a bailar. Julius sonríe. No deja de sonreír un momento. Si es en la danza, es en la danza;  si es platicando con otros, dando clase… quiero compartir quién es Julius con el mundo.

Julius B. También tomada del Facebook del entrevistado

Desde que era niño, Julius apenas se ha reencontrado con el canto, como miembro de la obra Peter Pan. No piensa en el futuro ni se toma tan en serio al ballet. Además del taller, toma otras clases: de jazz, de contemporáneo. Porque quiere ser un bailarín completo, no sólo un estudiante de baile.

La maestra Contreras tiene mucha disciplina. Yo no. Yo estoy aquí para divertirme. Eso es porque yo bailo, para mí es divertido. Sentir tu cuerpo volando es una cosa que no puedes aprender en clases. Para ser un artista, no puedes aprender en clase, es algo que tienes dentro de ti.



Samuel Segura
Samuel Segura
Editor de Kaja Negra. Obrero de la palabra escrita. En Twitter: @SamBodoque Correo: samuel@kajanegra.com




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