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Narrarnos distintas

25 Nov, 2016 Etiquetas: , , ,

Diversos estudios feministas han demostrado, mediante el análisis de la economía actual, que la división sexual del trabajo no ha hecho sino relegar a las mujeres intermitentemente a la esfera privada [como el hogar] y sólo las ha sacado de ahí cuando conviene, apunta Brenda Navarro en este texto que ayuda a dimensionar la violencia contra la mujer en uno de los ámbitos, quizá, poco reflexionados: el de los modelos económicos.

TEXTO: BRENDA NAVARRO

En una reciente entrevista que publicó el periódico español ABC a Margaret Atwood, su entrevistadora, Inés Martín Rodrigo, le hace algunas preguntas que retomo en desorden para hablar un poco de las respuestas de la escritora: la primera de ellas es cuando Martín Rodrigo le dice:  «A veces pienso que el peor enemigo de las mujeres son las mujeres». A lo que Atwood contesta: «No necesariamente. Las mujeres tienen muchos enemigos. En el S.XVII tuvo lugar en Nueva Inglaterra el famoso Proceso de las brujas de Salem, en el que la mayoría de los acusadores eran mujeres y la mayoría de los acusados eran mujeres. Es algo que ocurría en todas las colonias. En la India británica crearon un ejército de indios para mantener a los demás bajo control. Así es como los españoles conquistaron América. Vamos, ustedes hicieron eso». Martín, corta ahí el tema para volcarse sobre lo que piensa la escritora sobre el Brexit.

La segunda pregunta se desarrolla cuando la escritora habla sobre la importancia de la literatura, Martín Rodrigo cuestiona: «¿Pueden novelas así cambiar el comportamiento de la gente?». Atwood responde: «Pueden cambiar las actitudes, y las actitudes cambian los comportamientos. Leí 1984 a los 13 años y supe que nunca sería estalinista; leí Fahrenheit 451 cuando era adolescente y supe que siempre iba a defender las bibliotecas».

Traigo a colación esto justo para el 25 de noviembre, El Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, porque lo considero muy sintomático: estamos en un estado de vulnerabilidad tal que incluso se percibe que las mujeres somos enemigas de las mujeres. Habrá algunas teorías que dirán que, hasta en la esfera privada, somos enemigas de nosotras mismas. Vamos, que ahora mismo, ya hay análisis sesudos en los que se nos explica por qué las mujeres votaron contra Hillary Clinton a pesar de la misoginia de Trump.

Pero vuelvo a Atwood porque ella lo explica mejor: «así es como los españoles conquistaron América. Vamos, ustedes hicieron eso». Pero Inés Martín da la vuelta, se va a otro lado en la entrevista. No ve.

Ya Silvia Federici, en su libro Calibán y la bruja lo resumía bien:

La fragmentación social que se produjo no debería ser subestimada. En el siglo XVIII, la afluencia de oro, plata y otros recursos procedentes de América hacia Europa dio lugar a una nueva división internacional del trabajo que fragmentó al proletariado global por medio de segmentaciones clasistas y sistemas disciplinarios, que marcaron el comienzo de unas trayectorias, a menudo conflictivas, dentro de la clase trabajadora. Las similitudes en el trato que recibieron, tanto las poblaciones de Europa como de América, son suficientes como para demostrar la existencia de una misma lógica que rige tanto el desarrollo del capitalismo como conforma el carácter estructural  de  las atrocidades perpetradas en  este proceso. La extensión de la caza de brujas a las colonias americanas constituye un ejemplo notable

Con esto no quiero decir que para entender la violencia que actualmente vivimos solo debamos de remontarnos a la época colonial —aunque también hay que mirar atrás—, se trata de por lo menos enterarnos de que seguimos viviendo en un sistema económico, político y cultural que ha ido sofisticando sus formas de control social hasta llegar a un punto en el que nos estamos quedando sin utopías qué perseguir socialmente.

Estamos, considero, en un estado de desconocimiento de dónde estamos paradas como mujeres, como las muchas mujeres que somos. El ascenso de Trump, pero también de otros muchos gobernantes alrededor del mundo —basta ver nuestro régimen político y los gobernantes con sus políticas y sus cinismos— son la muestra fiel y palpable de que como las sociedades no nos estamos entendiendo, solo nos estamos oyendo a nosotros mismos, estamos perpetuamente oyendo lo mismo de siempre; no nos estamos mirando de frente, a los ojos. Y quienes tienen el poder saben que la mejor forma de control siguen siendo nuestros cuerpos [en tanto representación], limitan, o quieren limitar, nuestro derecho a decidir en ellos. Para ellos somos mano de obra barata y gratis: aquí, cabría hacer la precisión de que las mujeres tenemos dobles o incluso triples jornadas de trabajo y que por ello, día con día nos van quitando la vida. No hay mayor violencia que ésta, porque es la que desencadena muchas otras más.

mientras no seamos autónomas económicamente, la violencia contra nosotras seguirá creciendo

Diversos estudios feministas han demostrado mediante el análisis de la economía actual que la división sexual del trabajo no ha hecho sino relegar a las mujeres intermitentemente a la esfera privada [el hogar] y nos ha sacado de ahí cuando conviene [épocas de guerra, crisis cíclicas financieras, etc.] En este ir y venir [devenir], las mujeres hemos estado a cargo de los trabajos de cuidados [especialmente de la infancia, de quienes padecen una enfermedad y de padres y madres ancianos] y también somos las encargadas del trabajo doméstico no renumerado. Todo aquello que no representa a los hombres activos laboralmente, sanos, etc., ha sido relegado a las mujeres, sin reconocimiento alguno, como si trabajar gratis fuera natural para nosotras, como si la mayor parte del trabajo que hacemos no significara nada. Agota Kristof ya lo decía bien en su novela, El gran cuaderno:

—¿Que no hemos visto nada? ¡Imbécil! Nosotras hacemos todo el trabajo, tenemos todas las preocupaciones: alimentar a los niños, cuidar a los heridos… Vosotros, una vez acaba la Guerra, sois todos unos héroes. Muertos: héroes. Supervivientes: héroes. Mutilados: héroes. Y por eso habéis inventado la Guerra vosotros, los hombres. Es vuestra Guerra. Vosotros la habéis querido; ¡Hacedla pues, héroes de mierda!

Cuando hablo de falta de reconocimiento, por supuesto que me refiero a datos concretos: por ejemplo, en el 2015, según datos de Oxfam, el 1% de la gente más rica poseía más riqueza que la que compartimos todos los demás; y si hacemos un análisis de estos datos sobre  lo que le corresponde a las mujeres, las cifras son tan violentas que dan vergüenza: el 75%del trabajo remunerado de las mujeres se encuentra dentro de la informalidad, además, no contamos con prestaciones laborales, poseemos los puestos de trabajo más precarios y muchas de nosotras no podemos enfermarnos porque no contamos con seguridad social, ni contamos con permisos de maternidad, ni opciones para que podamos regresar a trabajar y nuestros hijos e hijas sean cuidados. ¿Pensiones? Muchas de nosotras, la gran mayoría, no tendremos pensiones. Y un dato más: [de llegar] la paridad salarial en México está prevista por ahí del año 2186 según el Foro Económico Mundial.

Entonces, cuando me hablan de violencia contra las mujeres, considero pertinente no quitar el dedo del renglón en este tema: mientras no seamos autónomas económicamente, la violencia contra nosotras seguirá creciendo porque de esta autonomía sí que dependen muchas de nuestras decisiones: desde dónde y con quién dormir, con quién y por qué conformar un hogar, a qué trabajos y por qué podemos acceder, hasta la forma en que lleguemos a morir. Pero tampoco es lo mismo morir en manos de tu pareja, que morir en un hospital de vejez. ¿Cómo no morir en manos de nuestras parejas si en la mayoría de los casos tener o no tener dinero para huir o para protegernos puede ser de vida o muerte? ¿Cómo morir de ancianas en casa o en un hospital si ni siquiera contamos con los servicios más básicos si no es por medio de un hombre que los solvente [padre o pareja]? ¿Cómo no sentirnos violentadas si no tenemos acceso a nuestros propios cuerpos por la falta de educación sexual, por la penalización del aborto, por los Estados policiales que nos miran y controlan y vigilan por todos lados?

hay tanta violencia ahora —en México, en el mundo—, que se permite y se vive como si no hubiera de otra, la tenemos encarnada y la representamos a diario

Y regreso entonces a Atwood, no solo porque es escritora, sino especialmente porque lo es,  «¿Quiere eso decir que ha fallado la cultura? No, se debe a la escasez de dinero. Los intelectuales son un elemento sin importancia, no dirigen el mundo. El mundo lo dirige quien paga los salarios».

¿Y quiénes pagan los salarios y quiénes dan voz y quiénes ocupan el espacio público? La vulnerabilidad en la que actualmente estamos las mujeres implica estar expuestas a los discursos dominantes y, con ello, estar en un estado de invisibilidad, donde nuestras vidas son borradas [los feminicidios están a la orden del día, normalizándose], incluso esta entrevista tan necesaria de Atwood, y que ha sido publicada en un periódico hegemónico, no es analizada en esta vertiente, está bien que lo que dice se diga y mucho mejor que lo diga ella, y está bien que no use la palabra feminismo, dirán algunos, porque entonces habla de temas que competen a todos, se creerán convencidos de la universalidad, me temo que hasta se lamentarán poquito.

Pero no, tampoco es que haya que ser muy avispado para leer que Atwood está hablando todo el tiempo de la violencia estructural hacia las mujeres, lo que pasa es que Inés Martin Rodrigo no lo sigue, porque es probable, y aquí me atrevo a especular, no logra verlo. Así es la violencia que hay ahora y es la violencia en la que me gustaría ahondar: hay tanta violencia ahora —en México, en el mundo—, que se permite y se vive como si no hubiera de otra, la tenemos encarnada y la representamos a diario, incluso al ignorar lo que nos dicen los demás, a quien no concuerda con nuestras opiniones, a quien no vive como creemos que debemos vivir. Pero de eso hablarán las expertas, yo no.

Quizá ahora que estemos dialogando, como todos los años, si es pertinente o no y por qué y cómo y dónde conmemorar un día contra la violencia hacia las mujeres, el dedo en la llaga  —nunca mejor ejemplificado con esta fecha y los hechos que lo crearon— deberíamos de ponerlo en las causas y sabernos vulnerables, porque desde la vulnerabilidad, apuesto, hay resistencia y la resistencia es poder. La resistencia de cada una y de cada feminismo, se lo dejo a cada una y a cada colectivo, mi botella al mar sería, sin duda, repensar desde las posibilidades que nos daría la autonomía económica y la forma en que resistimos, en la que nos narramos y nos relatamos las unas a las otras y al mundo, resistir para cuidarnos como acto de subversión, retirarnos de la lucha de clases, de las campañas contra, de los derrocamientos, de los combates por y para, del acabar con algo… Ser las otras, las que no entramos en la lógica de la pelea, de la conquista, de vencedores y ganadores. Ser las otras, porque en tiempos de violencia, lo más subversivo es cuidarnos. Cuidarnos las unas a las otras con y desde las redes humanas, cuidarnos: narrarnos distinto. Porque como diría, de nuevo, Atwood:

Las novelas distópicas pueden cambiar la forma en que la gente ve las noticias, lo que podría pasar. No sabemos cómo va a ser el futuro, pero si una novela te influye puede que tomes medidas para cambiar las cosas. Por eso muchos novelistas del S.XIX escribieron las novelas que escribieron. Víctor Hugo estaba bastante interesado en el estado policial y La cabaña del tío Tom fue decisiva en el movimiento abolicionista. Comprendemos mejor con historias que con números; tenemos una habilidad innata para entender historias, pero nos tienen que enseñar álgebra.

Narrarnos y cuidarnos, cuidar lo que narramos y narrar cómo nos cuidamos, narrarnos mientras nos estamos cuidando, porque el lenguaje construye realidad y nos va urgiendo otra.

Imagen de portada: Lyme Regis-June 2006-The Wall-The Eyes Have It! by Gareth Williams. Flickr-[CC BY 2.0].


Brenda Navarro
Brenda Navarro

Directora del Enjambre Literario. En Twitter: @despixeleada





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