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Nuestra Belleza Interna

30 Nov, 2015 Etiquetas: , , ,

Para estas mujeres la prisión no ha sido un impedimento para maquillarse, para ponerse un vestido otra vez. Cinco meses de preparación les toma para olvidarse un poco del motivo que las tiene bajo encierro. Gracias a este certamen estas mujeres vuelven a sentirse vivas, vuelven a sonreír. A ser libres.

FOTOS: OMAR MARTÍNEZ NOYOLA TEXTO: JUAN ARTURO SALINAS

Quizás un certamen de belleza dentro del penal sea el recordatorio de que las mujeres siguen siendo mujeres, que la vida es más llevadera cuando se piensa en el vestido, el peinado, el maquillaje, los tacones.

Que atrás queden la fajina, los horarios y los uniformes; las condenas, las audiencias y los días sin la familia; lejos los hijos, los esposos, los amantes.

¿Cómo llegaron 450 mujeres a la penitenciaría de La Mesa? Cada caso es un drama digno de algún programa de esos que despiertan el morbo y que pase el desgraciado, pero cuando las cámaras y los micrófonos se van, la condena sigue ahí, los años pendientes no se diluyen.

Robo, delitos contra la salud –así se la dice formalmente a la venta o posesión de narcóticos– y asesinatos son las principales ofensas que estas mujeres cometieron contra la sociedad.

Tijuana les duele a muchas de ellas porque llegaron a esta frontera transportando drogas, principalmente cocaína o heroína, eventualmente mota aunque esta última queda reservada a los cargamentos traídos por los hombres ya que, por el precio, las mujeres deben aprovechar cada espacio de su equipaje y hasta el último rincón de sus cuerpos, donde se esconden los globos de coca, de meta.

Y les duele porque están lejos de sus familias: llegaron de Sinaloa, de Sonora, de  Michoacán y hasta de Guerrero. Llegaron porque acá están sus esposos, sus hombres, muchos de ellos detenidos, otros tantos extraviados en su intento por cruzar al otro lado de la frontera.

Allá se quedaron sus hijos, casi siempre a cargo de sus madres, y cada visita cuesta dinero, mucho dinero, que aquellos que las contrataron no están dispuestos a pagar. La abuela se las debe arreglar por su cuenta para poder visitar a esa hija que pensó que las cosas eran fáciles, que podría pasar sin problema por el aeropuerto, la carretera o la central de autobuses.

Otras fueron detenidas en el momento de visitar a sus novios, esposos o amantes en el mismo penal, cuando transportaban drogas en sus cuerpos, y ahora comparten sus penas aunque no en las mismas celdas.

Dato extraoficial: en la detención de una mujer casi siempre hay un hombre involucrado: ya sea que las convenciera de cometer algún delito, al que vinieran a buscar, o del cual huyeran.

Pero este fue un día de fiesta, día en que se olvidan las penas y el encierro después de cinco meses de preparación. Y aunque apenas participaron poco más de 17 internas, de un total inicial de 130,  casi  todas de 18  a 26 años, el certamen involucró a las compañeras que las ayudaron en el vestuario, el maquillaje, la coreografía y los mil y un etcéteras que conllevan el arreglo femenino.

Para el sistema penitenciario de Baja California el concurso se celebró «con la finalidad de reforzar los valores y elevar la autoestima de las internas». Para las mujeres poder usar maquillaje es «volver a ser yo, es como volver a la vida» como lo dice Lizzete, una de las concursantes.

«Se siente raro estar arreglada», dice Evelyn, desde sus tacones, su vestido largo, su rostro maquillado, entre flores y vestidos de colores que transforman el paisaje gris de las paredes y los uniformes del penal.

Tras las pasarelas,  la coreografía de «Bailando», el desfile en vestido típico, la sesión fotográfica, fue nombrada ganadora Dulce Aguilar, una joven de 21 años que purga condena por robo con violencia y robo de vehículo, un delito que en Baja California alcanza penas sin derecho a fianza, y a fin de este 2015 saldrá en libertad tras haber pasado dos años y medio en prisión.

Si ante la Ley, así con mayúscula, hombres y mujeres somos iguales, en la vida cotidiana las distancias no se acortan ni tras las rejas.


Fotos: periódico Frontera.


Omar Antonio Martínez Noyola
Omar Antonio Martínez Noyola

Desde hace una 13 años forma parte del staff de reporteros gráficos del periódico Frontera y es colaborador gráfico del evento de proyección nacional Tijuana innovadora. Ha colaborado en distintos medios nacionales e internacionales como fotoperiodista. Participó en la campaña internacional «En defensa de nuestros océanos» de Greenpeace en 2006. Ha sido parte de la V Bienal Nacional de Fotoperiodismo 2001-2002, en la que obtuvo el Premio al Fotógrafo Joven, así como en la VI Bienal Nacional de Fotoperiodismo 2003-2004. Colaboró con el Colectivo Bulbo en el proyecto «Participación», parte de Proyecto Cívico: Diálogos e interrogantes (2008). Su trabajo forma parte de la colección permanente del Museo Athenaeum en La Jolla, California. «Imágenes de una ciudad como cualquier otra» fue su primera exposición individual realizada en el Centro Cultural Tijuana en 2013. Con «Tratantes de Tijuana» obtuvo mención honorífica por parte de la Sociedad Interamericana de Prensa en 2013, y «Detrás del Muro», una serie de imágenes que muestran la realidad del fenómeno migratorio, fueron expuestas en la Fiesta del Libro en Medellín, Colombia, en 2014.





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