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Ofrendas, cumbia y vacilón

19 Abr, 2018 Etiquetas: , ,

En la Pescadora, un abrevadero al oriente de la ciudad, la cumbia de la rocola marca los pasos de los tragos del pulque y de los relatos de quienes visitan el recinto. CanCerbero en esta entrega nos sumerge en las entrañas de este lugar de baile y vacilón.

TEXTO: GONZALO TRINIDAD VALTIERRA / FOTOS: BAUDILIO MATUTE

No es extraño en estos días encontrar una pulquería donde rife la cumbia. Tampoco lo es toparse con un vaquero urbano —espuelas plateadas, botas, pantalón de mezclilla, playera Polo y sombrero a la Indiana Jones— que baile Al calor de la cumbia. Por lo menos en la Pescadora, abrevadero al oriente de la ciudad, a unas calles del metro Puebla, sobre Churubusco.

Tú dices que no soy guapo, y no te lo puedo negar… suena en la rocola, por tercera o cuarta vez. No pasan de las dos y el molcajete está vacío. Don Margarito Casiano Hernández, encargado de la Pescadora, arrima su silla a nuestra mesa y nos cuenta que los licuados con pulque son cosa vieja. «Por ahí del 78 el blanco costaba veinticinco centavos y el curado uno cincuenta. Me acuerdo que en el Centro probé un licuado por primera vez, pero pues éste sí es curado —señala las cubetas—, no empanzona como los licuados». Sobre la mesa flota una penca de maguey, seca, pintada con el distintivo conejo blanco, dios del pulque y la fertilidad.

Bebemos el quinto o sexto vaso de apio. La Pescadora tiene licencia expedida en 1950, desde entonces ha tenido que mudarse de La Viga, donde nació, a Francisco Morazán en la colonia Ignacio Zaragoza, y a la Agrícola Oriental, donde abre sus puertas a partir de las nueve. Las bocinas hacen vibrar la atmósfera con La cumbia del Chivo, mientras las espuelas del vaquero estallan sobre el suelo. En las paredes lucen las cartulinas verdes con las consabidas leyendas y refranes. El pulque pasó de ofrenda a bebida popular… La rocola se detiene a la mitad de la rola y se escuchan los reclamos. Ya se rayó. Ya se chingón qué… Pero la moneda, carnal. Es que éste tacaño en vez de cinco pesos le puso dos. El vaquero vuelve a su mesa, enfurruñado.

Doña Clarita, emperifollada y muy atenta, deja la comida sobre la mesa. ¿Más pulque, jóvenes? Prestamos atención a los detalles: papel picado, piñatas, el altar de la Virgen —no puede faltar—, las fotos de Palillo, Tin Tan y los héroes de la pulquería. En un rato más apenas habrá lugar para otro par de libadores. Junto a nosotros se sienta una pareja. Pasamos del riguroso ¡salud! a la plática en forma. Resulta ser el hijo del señor Leonardo Hernández Peña, «era curador en Las Carambolas junto con Margarito, ¿a poco no conocen esa pulquería?», es la segunda vez que nos la mencionan. Los nombres de otros abrevaderos salen a relucir. Los Cacarizos, en la Romero Rubio. Pero esa ya ni existe, dice alguien. Las Mañosas sí, en la Panamericana. La lista sigue y es imposible recordar todos los nombres.

El hijo del señor Leonardo es El Richard Hernández. El Richard debe tener unos cincuenta años, pero la cábula le sigue como las pulgas a los perros. Nos arrimamos a su mesa para platicar. La cumbia apresura los vasos, uno tras otro hasta perder la cuenta. La comida ya hizo efecto, así que bebemos con denuedo mientras Los fariseos suena en la rocola. La pareja del Richard, una mujer con risa picarona y un vestido entallado que se empapa de miradas, me dice «esas chapas son de pulque chamaquero, eh, aguas si vas a ver a tu novia al rato».

El Richard comienza a platicar sobre su vida en la legendaria estación La Tropi Q 92.9 fm y del tributo que los sonideros le rinden en los toquines, «mira carnal, si pones atención vas a escuchar que dicen para Richard y las cariñosas». En seguida aclara que las cariñosas son sus doce amigas, «cuando quieran los invito a cotorrear con ellas en Las Carambolas, ahí no van teporochos, eh», y nos guiña un ojo. Don Margarito deja los vasos sobre la mesa. La Pescadora es tan pequeña que él y doña Clarita pueden atenderla sin problemas. Por lo mismo es un lugar en el que el vacilón tiene algo de hogareño.

Siempre hay lugar para uno más: entra un señor y lo reciben con familiaridad. Chatito, ¿no que estabas en el doble A? Triple A, güey. A mi me dijeron que estabas en el metro… pero abajo del túnel, cabrón. El Richard continúa hablando de La Tropi Q hasta que la conversación da un giro inesperado y se detiene en los baños. «No, cabrones, no saben, te la curabas en los baños, ahí dejabas todo». Los baños Señorial, en Regina, o los San Juan, donde el bañero sale con unos zapatotes tacatacata tacatacata y te pregunta si quieres macho o hembra, «ya sabes, hasta sales güero de los pinches baños». Para los viejos libadores la pulquería, de tradición lacustre, es inseparable de los baños que abundaban en la ciudad, ahora casi extintos.

Luego de pedir la cuenta de lo que bebimos se escucharon los truenos, entre una cumbia y otra, y comenzó a llover. Teníamos presente la idea de los baños así que no nos importó empaparnos de camino al metro. Inspirados por los cuatrocientos dioses del pulque, sospechamos que La Pescadora perdurará a pesar de los malos gobiernos, inundaciones, atracos, plagas, desprecio al pulque y cualquier cosa que le arrojen. Siempre y cuando las ofrendas, cumbia y vacilón, se hagan como debe ser.



CanCerbero
Can Cerbero
Blog tricéfalo dedicado a la literatura, el cine, la música y la bebida. Un invitado diferente cada mes. Porque cuatro cabezas son mejor que tres. Autores: Enrique I. Castillo | Gonzalo Trinidad Valtierra | Luis Aguilar * Contacto: cancerbero0666@gmail.com



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