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Pensamientos en torno a La muerte tiene permiso

08 Nov, 2018 Etiquetas: , ,

El autor de esta breve reflexión leyó varias veces el cuento de Edmundo Valadés. Cada lectura representa un nuevo aprendizaje. En este repaso a las letras del escritor mexicano cree haber entendido el verdadero conflicto que plantea sobre la muerte: ¿Es algo que podemos decidir, quién vive y quién muere?

TEXTO: GONZALO TRINIDAD VALTIERRA

La tierra, lo mismo que para Ricardo Flores Magón, Emiliano Zapata y Francisco Villa, es el corazón del conflicto en este cuento de una actualidad innegable.

Los congregados a la asamblea no podrían ser más oportunos en sus diferencias, tajantes, extremos de una misma soga; los ingenieros, asistidos por la razón utilitaria y pragmática, y los otros, los de abajo, los de las manos terrosas que defienden el suelo y el agua.

La justicia, como acostumbra nuestra ficción democrática, está aquí en juego. La voz de Sacramento es potente, más que cualquier maquinaria o cualquiera nombramiento político. «Sería cobardía esperar a que nuestra justicia hiciera justicia…», dice Sacramento. Por eso mismo evoca otra justicia, primitiva, es cierto, pero que emana de un acuerdo a mano alzada. Y por necesidad mucho más justa que aquella a la que apelan los ingenieros, la de las instituciones.

Si el lector aún no ha cruzado su camino con La muerte tiene permiso, le recomiendo que abandone estas líneas y consiga ese pequeño libro de Edmundo Valadés en el que pergeñó dicho cuento. Como si fuera poco haber creado la revista El Cuento y la antología El libro de la imaginación, nuestro querido don Edmundo nos heredó ese libro de que lleva por título el de la pieza que comento.

La muerte tiene permiso adquiere una dimensión mucho más amplia cuando tomamos en cuenta que lo narrado y la realidad de nuestro país son muy parecidas, a pesar del tiempo que media entre nuestro 2018 y el año de publicación del cuento, 1955. Por poner un ejemplo, hace unos días votamos en una consulta ciudadana a favor del agua y la tierra. Como en el cuento. Estamos enfurecidos por las decisiones unilaterales de los poderosos, de los ricos y sus cómplices en el gobierno, como en el cuento.

Edmundo Valadés, uno de los mejores cuentistas mexicanos, narra el descontento de un pueblo por los abusos del presidente municipal. Durante la asamblea, Sacramento toma la palabra y expone los excesos y crímenes del cacique. Los ingenieros escuchan, pero no entienden. No entienden porque la tierra, para ellos, tiene otro significado. Se debate la cuestión de la justicia y finalmente votan los allí presentes, incluido un ingeniero que creció en el campo y se identifica con los pobladores.

He leído hasta perder la cuenta esta narración que siempre logra sorprenderme. Pero ahora, mucho más que en mis primeras lecturas, creo haber entendido el verdadero conflicto que nos plantea sobre la muerte. ¿Es algo que podemos decidir, quién vive y quién muere? En un país como el nuestro, en el que todos los días alguien determina el destino de millones de personas, me parece esencial tomar una postura frente a semejante atrocidad.

Unos pocos eligen construir un aeropuerto para llenarse los bolsillos. Otros eligen continuar una guerra que ha costado miles de asesinatos y desapariciones. Otros cuantos han decidido negarles a las mujeres la capacidad de elegir sobre sus cuerpos, a costa de su salud mental y física. En un país en el que una minoría decide el destino, repito, de millones de personas, no me parece descabellado el escenario que plantea don Edmundo. Una justicia a mano alzada que emane del pueblo.

Quizá el día de mañana, cuando vuelva a leer La muerte tiene permiso, entienda de otra forma el sentido de lo que su autor pretendió al momento de escribirlo. No lo sé. Sólo puedo asegurar que cualquier lector que se arriesgue con don Edmundo, no volverá a ser el mismo.

 

Imagen de portada: Campo by Pedro de Matos. Flickr-[CC BY-NC-ND 2.0]


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