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Pensar las violencias machistas

23 Nov, 2016 Etiquetas: , , ,

La violencia es un concepto resbaloso, no porque sea imposible definirla, sino más bien por su amplitud. De ahí que importe caracterizarla; por eso, hablar de las violencias machistas resulta más necesario de lo que mucha gente pudiera suponer, apunta Elisa Godínez en este texto que nos ayuda a poner dimensión a este tema.

TEXTO: ELISA GODÍNEZ PÉREZ

¿Cómo enmarcar las violencias machistas en México, un país hondamente afectado por múltiples violencias en los últimos tiempos? Aunque la violencia ha estado mucho más presente de lo que creemos a lo largo de la historia de México, es innegable que ha habido una agudización en las décadas recientes y necesitamos ensayar explicaciones menos superficiales y elementales para interpretarla. No es que la violencia que hoy padecemos sea igual o comparable a la ocurrida hace siglos, pero necesitamos indagar en la historia reciente y no tan reciente para dimensionar lo que hoy está ocurriendo. La discusión sobre violencia en México en los últimos años ha girado en torno a la violencia criminal y al tema de la inseguridad, por obvias razones y debido a ello, el resto de las violencias parecieran menos importantes o menos graves. Por ello, necesitamos, a la par que seguir analizando la violencia criminal, visibilizar y explicar las otras violencias. Necesitamos entender, como dicen Scheper-Hughes y Bourgois [2004], que la violencia es un continuum —la violencia se engendra a sí misma—, hay que pensar en cadenas, espirales y espejos en los que se engarza y reproduce la violencia. Y aunque la violencia sea un continuum, necesitamos trabajar más en la identificación de los contornos de estas violencias en plural, en el modo en el que se comunican y replican.

La violencia es un concepto resbaloso, no porque sea imposible definirla, sino más bien por su amplitud. De entrada, no podemos entenderla únicamente en términos de su fisicalidad [en tanto uso de la fuerza, agresión, ataques, tortura], sino que también abarca aspectos estructurales, económicos, políticos y, por supuesto, debe además considerarse no sólo a los victimarios, sino la dignidad y el valor de las víctimas. Importa diferenciar las violencias machistas de otras manifestaciones de violencia que se viven en México o en otras latitudes, no a partir de un criterio que sugiera que unas son más o menos importantes que otras, sino porque sólo a partir del ejercicio de caracterización, se puede conocerlas, reconocerlas y prevenirlas. Se requiere, para todas las violencias incluidas las violencias machistas, identificar y comprender sus dimensiones sociales y culturales, porque sólo así es posible comprender su significado y su poder, al mismo tiempo que permite imaginar y exigir alternativas para su prevención. Y todavía más: como lo ha sugerido recientemente Rita Segato, «la violencia de género permite leer los proyectos de poder de una sociedad», así pues, comprender y hablar de las violencias machistas o violencia de género resulta mucho más necesario y útil de lo que mucha gente pudiera suponer.

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Educar sobre qué es violencia, enseñar a los más jóvenes a reconocer cuando está habiendo abusos y a procurar ambientes saludables y seguros

Las violencias machistas atraviesan a toda la sociedad, sin distinción de clase o raza [raza en el sentido analítico del término, no hace falta explicarlo]. Sin embargo, hay sectores que registran mayores índices de estas violencias: una parte muy importante de los feminicidios perpetrados en nuestro país, como en Ciudad Juárez o en los municipios conurbados del Estado de México, tienen como víctimas a mujeres no blancas [que aunque no necesariamente pertenezcan formalmente a una etnia determinada, su condición de no blanquitud es un factor decisivo en un país con un racismo estructural y funcional como éste], cuyas condiciones económicas son precarias [es decir, no son parte de las clases acomodadas]. Al mismo tiempo, las manifestaciones de las violencias machistas pueden variar en función del contexto sociocultural en el que ocurren. Recordemos que son las estructuras sociales, las ideas, las ideologías, las que configuran a las violencias. Y el Estado es siempre un actor que concurre en mayor o menor medida, ya sea por acción o por omisión en los escenarios de las violencias machistas. Un Estado que no previene, cuyo aparato legal no protege suficiente a las víctimas, que al permitir la impunidad reproduce la desigualdad es necesariamente responsable. La interpretación de las violencias machistas requiere, por tanto, considerar estos tres ejes: cómo operan, qué contextos producen y qué acciones surgen para visibilizar y combatir el problema.

¿Cómo imaginar acciones que contribuyan a la identificación y la prevención de las violencias machistas? Es un poco trillado decirlo, pero para mí es fundamental la educación. Educar sobre qué es violencia, enseñar a los más jóvenes a reconocer cuando está habiendo abusos y a procurar ambientes saludables y seguros. Esa es una labor de la escuela, pero también, y sobre todo, una labor de los padres y familiares más que de niñas y niños. Además de procurarles hogares lo más amorosos y sanos emocionalmente, hay que enseñarles a reconocer los comportamientos violentos sobre la base de la autoestima y el respeto por sí mismos y por otros, porque sólo así es posible que identifiquen lo que no está bien, no lo reproduzcan y no sean víctimas de violencia. Esto es una tarea indispensable y permanente en un contexto como el nuestro en el que nos hemos acostumbrado a padecer y a consumir violencias; en donde hay una naturalización de la violencia.

Vale reparar, además, en la dimensión pública y mediática del tratamiento de las violencias y el papel que tiene esto en su naturalización, en su normalización. Es necesario discutir cómo se representan los hechos violentos: una cosa es el hecho y otra la manera en la que como público, como comunidad, accedemos a éste. Requerimos analizar, por ejemplo, el modo en que los medios producen las representaciones de la violencia pues se basan en muchos factores sus intereses empresariales, sus vínculos políticos, su posición ideológica. En concreto y para los niveles alarmantes de violencia que padecemos en México, los medios de comunicación tendrían que hacer un ejercicio de autocrítica para reconocer que muchos sí contribuyen a la pornografía de la violencia que es esta repetición incesante de imágenes y datos centrados en los aspectos físicos y en los detalles más sórdidos en lugar de subvertir esta tendencia a partir de un ejercicio crítico en el que se cuide la dignidad de las víctimas y sus familiares, se humanice el sufrimiento y se denuncie la impunidad y la injusticia. Y, por supuesto, los medios tienen que estar conscientes de la necesidad de capacitar a su personal en asuntos de género y particularmente en el modo de tratar las violencias relacionadas, asumir que si hay errores existe una comunidad cada vez más alerta y activa para señalarlos y exigir un mayor compromiso y cuidado al respecto.

El #24A fue un momento muy importante en la historia reciente. Yo no había visto nunca que tantas mujeres participaran en una acción de protesta en contra de las violencias machistas

No hay que olvidar que también los contextos de recepción de las audiencias están determinados por múltiples aspectos. Un ejemplo de esto es que muchos de quienes consumimos la información producida tanto por los medios industriales, como por los medios «alternativos» y en general toda la información que circula en redes desde memes hasta sitios de noticias falsas y cosas parecidas, nos hemos ido alfabetizando en términos digitales y antes de compartir un link sobre hechos de violencia, hacemos un rápido examen para ver si vale la pena o no, lo pasamos por un filtro ético. Es un asunto de responsabilidad colectiva: qué tanto aporta esta información, cuida la integridad y la dignidad de las víctimas, criminaliza gratuitamente o reproduce estigmas y prejuicios. Pero también, es cierto, hay mucha gente que no es responsable, por ignorancia o por lo que sea, y ahí una labor colectiva es contribuir a esta alfabetización digital y a una educación y sensibilización en los temas de las violencias machistas, una labor que no es fácil, porque las redes sociales y el Internet en general están llenos de mucha mugre emocional, de mucha toxicidad que se pertrecha detrás del anonimato o a veces ni siquiera.

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Este año ha sido importante para pensar y actuar contra la violencia machista. El #24A fue un momento muy importante en la historia reciente. Yo no había visto nunca que tantas mujeres participaran en una acción de protesta en contra de las violencias machistas. Me entusiasmó mucho ver que la gran mayoría eran mujeres jóvenes, porque eso de algún modo indica un incipiente cambio cultural que muestra que cada vez hay un poco más de conciencia sobre este problema. Fue muy bueno ver que la acción había ido más allá y chicas que no necesariamente militamos en organizaciones o colectivas feministas estuvimos presentes y con ganas de seguir participando y reflexionando. En los movimientos sociales siempre existe el reto de mantener la energía y la organización, y en ese camino siempre surgen diferencias en las estrategias y los objetivos. Sin embargo, yo espero que esta acción quede en la memoria reciente como un punto de partida para más acciones que ayuden a visibilizar las violencias machistas y continuar la organización.

La organización es fundamental, aunque ésta no necesariamente implique hacerlo en los esquemas tradicionales de la militancia de tiempo completo, porque eso no resulta tan sencillo. Además se requiere dialogar mucho, pero sobre todo escuchar mucho. Necesitamos ser respetuosas y abiertas a la diversidad de posiciones existentes en los feminismos y necesitamos también, quienes así lo estimen pertinente, tener disposición para establecer diálogo con otros sectores, lo que no significa ser condescendientes, ceder o sacrificar rigor en pro de caer simpático y de que «no nos vayan a tachar de feminazis». Cada quien escoge o le toca estar en determinada trinchera, pero hay que siempre tener en cuenta que habrá momentos en los que se requerirá nuestro apoyo. Necesitamos cultivar sororidad, solidaridad y fraternidad.

Imagen de portada: Selfportrait by Maria Zaikina. Flickr-[CC BY-NC-ND 2.0]. 


Elisa Godínez Pérez
Elisa Godínez Pérez

Es doctora en Ciencias Antropológicas por la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa y es egresada de la maestría de ese mismo posgrado. Estudió la licenciatura en Ciencia Política en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Su investigación de posgrado ha tratado el tema de los linchamientos en el México reciente, expresamente plantea una propuesta más interdisciplinaria para su análisis, considerando que es un fenómeno grave y en incremento. Ha analizado también formas de organización política y figuras de autoridad en los pueblos urbanos de la Ciudad de México. Durante casi diez años trabajó en la administración pública local y en ocasiones escribe artículos sobre coyuntura política. En Twitter: @tannnit





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