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Podrán reprocharte tu vida, una mirada a la obra de José Vasconcelos

11 Mar, 2018 Etiquetas: , ,

José Vasconcelos cuenta con detractores y seguidores; cosas positivas y negativas pueden decirse sobre este politólogo, escritor, educador y filósofo mexicano; sin embargo, dice Luis Aguilar, lo importante es acercarse a sus obras e intentar imitar, aunque sea un poco, los placeres terrenales que intentó transmitirnos.

TEXTO: LUIS AGUILAR

José Vasconcelos, que de tantas cosas dudó e investigó, parece no haber sospechado de su imprescindible necesidad por conocerlo todo y apegarse al constante estudio. Creyó en un México digno de un mejor sistema educativo, dedicó su vida a la crítica al gobierno, no menos que al ejercicio de la literatura y el goce de las mujeres. 

Nació en Oaxaca y creció bajo la dictadura porfirista. Su formación fue católica y sus padres los responsables de alimentarlo con literatura e inculcarle el gusto por los constantes cambios de residencia. De acuerdo con lo mencionado en su libro autobiográfico Ulises Criollo, llega a la Ciudad de México tras haber conocido el calor inclemente de Campeche, las aburridas y mochas, según sus palabras, tradiciones de Toluca, y amenazar de muerte, con una navaja prestada por un compañero, a un gringo que le rompió el hocico en Eagle Pass, Texas; se instaló en diversas casas de estudiantes e inició sus estudios preparatorianos con el fin de cursar la licenciatura en derecho, pensando constantemente en las mujeres que dejaba atrás y ávido de conseguir nuevas ilusiones. Como la primera mujer que lo hizo ilusionarse, Sofía. 

«Culpo a la necia literatura romántica, sin excusar a mi ingenua iniciadora, la Sofía de Campeche, de aquel yerro que nos había de pesar a los dos toda la vida. El hecho es que al sentirme desamparado de los poderes celestes me acogí a la carne que embriaga y hace olvidar»

Ante las libertades otorgadas por vivir lejos del seno materno y las reglas del padre, y frente a las diversiones de la capital del país en los albores del siglo XX, su interior se debatía entre el placer y el deber. Se mantenía del dinero que su papá le mandaba siendo su única obligación el estudio que él combinaba con vino, mujeres y canto. 

«Con la mano derecha manejaba yo la ciencia que lentamente se me ofrecía sumisa, a través de textos y cátedras, con la izquierda abrigaba el recuerdo doble de una madre en flor de santidad y ante los ojos tenía en carne y hueso a la mujer, deliciosa promesa del futuro»

A pesar de tener la necesidad de cultivarse, sufría desencantos, parecía que la vida tenía como cometido hacer lo posible para que renunciara a sus aspiraciones. Era un estudiante respetado entre sus compañeros gracias al conocimiento generado por la versatilidad de sus lecturas y elegancia de la palabra escrita. Tenía ideas ambiciosas, tan grandes que contemplaban a un país entero, pero encontró su debilidad en las mujeres. Por un lado, la muerte de su madre; por otro, todas aquellas que lo rechazaban. Vasconcelos tomó venganza dentro del sitio donde era bienvenido anteponiendo el grosor de su cartera. 

«Y lo que antes había hecho por excepción y con desagrado, rendirme al amor callejero, ahora me parecía un goce y lo practicaba hasta el límite de mis recursos monetarios. Así es que regresaba a mi alcoba deshecho de cuerpo y estrangulado de alma»

Es ahí donde radica la diferencia de los artistas, no les basta tener talento, necesitan explotarlo a través de la práctica. Entregarse a los placeres carnales es sencillo, principalmente cuando se desea probarlo todo. Lo complicado se halla en volverlo funcional, que no sea un inconveniente en la vida diaria. Vasconcelos lo consiguió apegándose a la literatura [leída y escrita], subiendo de posiciones en sus empleos y mientras hacía esto, las constantes visitas a los prostíbulos no se detenían.

El estudio y el placer, acompañados de los viajes, son conceptos con los que se puede definir la vida de Vasconcelos, aunque el rigor que se imponía era necesario para mantenerse a raya; sabía que era propenso a caer en el exceso y tirar sus avances por la borda, su intelecto constantemente sufría derrotas propinadas por las emociones. Es así como convirtió a las mujeres en su deporte predilecto, contando con la capacidad de sostener su ego que intentaba luchar contra la tentación, sin importar que pocas veces ganara. 

«Mis dotes excepcionales bien podían dispensarme de tan expresiva dedicación como entonces había consagrado al estudio; empecé a frecuentar bailes y otras ocasiones de expansión erótica, mezclada de alcohol y canciones»

Para un hombre que predicó el goce de los sentidos, la liberación de las leyes morales y el acto que no responde a otra razón que al antojo, es complicado pensar que sea el mismo que introdujo al país libros como La Ilíada, La Odisea, Cuentos de Tolstoi, entre varios más, en un país que sus gobernantes mantenían inculto; se convirtió en rector de la UNAM además de establecer el lema que hasta hoy día porta «Por mi raza hablará el espíritu», primer secretario de la SEP [Secretaría de Educación Pública], quien rescató el lema que derrocó a Díaz del poder «Sufragio efectivo, no reelección». Se opuso al partido político que a la postre se convertiría en la dictadura reinante en México. 

José Vasconcelos no ocultaba sus placeres, aunque lidiaba con las ideas, mayoritariamente católicas que fueron sembradas en él desde la infancia, libraba batallas internas y cuando su espíritu no podía, lo reconciliaba con el cuerpo femenino. Fue un intelectual cuya sensatez lo hizo volverse refugiado político en EUA y jamás se le olvidó de dónde provenía. Su humanidad fue coherente con su literatura y sus actos. 

«Todo es legítimo si sólo va contra ti. Nadie podrá reprocharte si toda tu vida la cambias por una sola hora de placer cabal. Pero es pecado causar dolor. Mientras no hagas sufrir injustamente, todo te está permitido»

No me resulta difícil pensar en un José Vasconcelos, maduro, con una elocuencia en su dicción y correcto uso de la palabra; poseedor de un renombre que no le era complicado sostener, así como ostentando cargos políticos que le generaban ingresos dignos de otorgarse placeres suculentos; sin embargo sus deseos le exigían más, no le bastaba con lo que tenía al alcance. Por lo que echaba mano de sus aptitudes para ligar mujeres para quienes la economía fuera la última de sus preocupaciones; les ofrecía diversión y aventuras a cambio de placeres carnales, que combinados con su erudición, las llevaba al extremo del goce espiritual, de los cuales Vasconcelos era conocedor. Al final uno de los dos quedaría con ilusiones rotas; normalmente, José Vasconcelos salía bien librado. El ejemplo más claro es su relación con Antonieta Rivas Mercado, a quien, tras meses de sexo en México, le pidió que lo alcanzara en París; allá le exprimió dinero y energía, la abandonó hasta el punto en que Antonieta optó por el suicidio.

Tras una vida de ardiente lucha contra el gobierno y la ignorancia, en pro de la educación; ser víctima del robo de la presidencia a la cual se postuló, un mal constante en todo el siglo XX en la política mexicana; formar parte del Ateneo de la Juventud y señalado como individuo con tendencias nazistas, devorar y destrozar almas femeninas, reimprimir su Ulises Criollo, limpiándolo de todas las partes que consideraba amorales debido a que el dinero corrió por parte de la iglesia católica, José Vasconcelos se entregó al país.

Con tantas facetas y una vida a la cual es fácil entrar, José Vasconcelos cuenta con detractores y seguidores; cosas positivas y negativas saldrán a relucir, sin embargo lo importante es dar lectura a sus obras e intentar imitar, aunque sea un poco, los placeres terrenales que intentó transmitirnos, así como su gusto por la literatura.

«Es peor dolerse de una ilusión perdida que no haber conocido esperanza».

Foto de portada: josevasconcelos_wikicommon


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Can Cerbero
Blog tricéfalo dedicado a la literatura, el cine, la música y la bebida. Un invitado diferente cada mes. Porque cuatro cabezas son mejor que tres. Autores: Enrique I. Castillo | Gonzalo Trinidad Valtierra | Luis Aguilar * Contacto: cancerbero0666@gmail.com



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