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Por mi familia, por mi religión, por mí mismo

21 Jun, 2014 Etiquetas: , ,

La última letanía que un bebedor quiere escuchar.

TEXTO: EUSEBIO RUVALCABA ILUSTRACIONES: JUAN JOSÉ LÓPEZ GALINDO

Ayer decidí dejar de beber. Y no he podido hacerlo. Es una decisión difícil. En los tiempos recientes, no hay día que no beba cuando menos un par de copas. Puede ser whisky, vodka, tequila, mezcal o tinto. Cerveza jamás. Ni siquiera le tengo respeto como trago. Me parece para estudiantes de secundaria. Me gusta llegar a casa y servirme el trago sin mezclarlo. Estoy hablando de cuando llego cansado de una jornada agotadora. Que es todos los días. No es que trabaje en una oficina pública —o privada— sino me refiero al trajín. Independientemente de la chamba que tengas el solo hecho de trasladarte en esta ciudad, sea en metro, metrobús o lo que sea, ese solo hecho es toda una hazaña. Si a los apretones se suman los rostros, el viaje es un descenso al infierno. No hay vez que se salga bien librado. Siempre te topas con la expresión más devastada. Como decir, este hombre viene con todo el dolor del universo a cuestas. Los rostros más desesperanzados, más tristes, que ni el más capacitado cineasta se imagina jamás, los he visto en estos trayectos.

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Así que llego a mi casa. Con ganas de distraerme. Prendo la televisión. Sin demasiado volumen para no despertar a mi esposa. Intento concentrarme. Pero las tramas me parecen tan fútiles. El mundo se está cayendo a pedazos. Y da la impresión de que la tv nos embarra en la cara la estulticia. Para que desviemos nuestra atención hacia el éxito. La riqueza fácilmente acumulable. Dicen. Entonces la apago y me voy a la cocina. Allí tengo mis botellas. Abro cualquiera. La que esté más próxima. A veces cierro los ojos. Para sorprenderme. Le echo hielo y vierto una buena dosis. Sin refresco. Sin agua mineral. Me lo bebo sin disfrutarlo. Empino el vaso y dejo que el líquido hornee mis entrañas. La sensación es maravillosa. Pero entonces acontece lo inexplicable. Jalo un banquito y me siento a beber en la cocina. Tengo ganas de escuchar música pero temo despertar a mis hijos. Mi esposa tiene el sueño más pesado que ellos. Jóvenes adultos. Me abstengo. Conforme el alcohol me va colmando, mi pensamiento se hunde en cavernas. Vienen a mi mente los años pasados en mi niñez. Veo a mi padre montado en su bicicleta Hércules de rodada 28. Era carnicero, y pocas cosas resultaban para él tan divertidas como repartir los pedidos. Dejaba un encargado al cuidado de la atención a los clientes, él se trepaba a su bicicleta y emprendía el reparto. Hasta que lo mataron. Lo atropelló un camión. Le hablaron de la carnicería a mi madre. Dio el grito más terrible que he escuchado en mi vida, y salió corriendo a la calle. Yo la seguí. Cuando vimos a mi papá en el arroyo no supimos qué hacer. Bueno, yo no supe. Mi mamá sí. Abrazó el cuerpo y le rogó a Dios que le devolviera la vida a mi padre. A su marido. Nunca se me ha podido quitar esa imagen de mi cabeza. Y se acentúa cuando bebo. Es una de las razones por las que he decidido despedirme del trago.

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Pero no puedo. Por mi amante.

Recientemente tuve una amante. La dejé. Y a la segunda copa, el trago la trae a mi zona abismal. Me invade un recuerdo atroz. Nunca me arrepiento de la decisión de haberla dejado. Más bien, el recuerdo viene por la zona minada que tengo que atravesar para llegar hasta sus brazos.

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Pero yo sé que tengo que dejar de beber. Porque si no voy a volverme loco. Les pregunto a mis amigos —los escasos amigos que tengo— que cómo le han hecho para dejar el trago. Sus respuestas son tan soberbias: “Por mi familia”, “Por mi religión”, “Por mí mismo”. Es la última letanía que un bebedor quiere escuchar. Dije que voy a dejar de beber. Y lo voy a hacer cuando esté muerto. Que ya falta poco. Gracias al cielo.



Eusebio Ruvalcaba
Eusebio Ruvalcaba

Escritor mexicano. Nacido en la ciudad de Guadalajara en 1951. Entre sus obras destacan: Un hilito de sangre (1991), Músico de cortesanas (1993), Banquete de gusanos (2003), Una cerveza de nombre derrota (2005). Ha colaborado en las revista La Mosca en la pared y en el blog de música de Nexos. Su blog.





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