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“¿Qué tanta libertad hay cuando uno tiene miedo?”

15 Abr, 2015 Etiquetas: , ,

En México se agrede a un periodista cada 26 horas. ¿Podemos hablar de plena libertad de expresión en ese contexto? Darío Ramírez, director de Artículo 19, nos ofrece un panorama al respecto en la siguiente entrevista.

TEXTO: LIZBETH HERNÁNDEZ / FOTOS: CÉSAR PALMA

A rajatabla:

“El promedio de agresiones a la libertad de expresión en México subió un 80 por ciento durante los dos primeros años de gobierno de Enrique Peña Nieto”. Las cifras de 2014: seis periodistas fueron asesinados, 44 fueron amenazados, 63 mujeres periodistas fueron agredidas.

En total sumaron 326 casos de violencia que implicaron a periodistas, medios, editores, e incluso tuiteros.

En 156 de los casos, los agresores contra la prensa fueron funcionarios públicos.

Los datos se incluyen en el informe anual de Artículo 19 Oficina para México y Centroamérica, que esta ocasión se titula: Estado de censura. El nombre, explica Darío Ramírez, director de la organización “es un título que busca jugar con las palabras, estado como estado anímico, más como un contexto, un tema emocional, que es algo que detectamos, ese miedo, ese ‘híjole, no sé si valga la pena hacer lo que hago’. Y, al mismo tiempo, como un Estado que por acción u omisión provoca censura”.

El informe se presentó el 24 de marzo pasado en el Museo Ex Teresa Arte Actual. En esa misma semana se reportaron nuevos casos de agresiones. Uno contra las instalaciones de Televisa Matamoros y otro contra reporteros del diario Reforma. Y sí, justo en la coyuntura del caso AristeguiMVS.

Los hechos apuntalan lo dicho por Ramírez al inicio de la presentación del informe:

“La violencia contra la prensa en México es generalizada”.

Otro caso. Pedro Canché. Video realizado por Artículo 19.

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Es 19 de marzo. En las oficinas de Artículo 19, Darío Ramírez responde las siguientes preguntas:

Remitiéndonos al presente, a lo que está viviendo el país, ¿cuál sería la evaluación del estado de la libertad de expresión en México?

Bueno, para medirlo hay que determinar contra qué, cómo lo queremos medir. Sin duda ha habido avances desde los 70, 80; es bastante medible un mayor grado de libertad. Tal vez los problemas, lo que ha pasado no es que estemos mejor, sino que son otros los problemas que han surgido. En términos generales hay un deterioro del ejercicio de la libertad de expresión en los últimos doce años que necesariamente tiene que ver con un proceso bastante inacabado de transición democrática, en el que no se incluyó el periodismo, no se incluyó a los medios de comunicación como parte fundamental de rehacer, de renacer esos ámbitos. Entonces sigue habiendo prácticas muy arcaicas en un país que en muchos otros aspectos ha cambiado bastante. No se puede presumir de ninguna manera, como hacen las autoridades, de un goce de la libertad de expresión habiendo 82 periodistas asesinados, 18 desaparecidos. Son cifras que necesariamente te dicen que hay un problema sumamente serio. Nosotros registramos en promedio 250 agresiones por año. En Calderón teníamos registro de que cada 48 horas se agredía a un periodista, con Peña Nieto tenemos el registro de 26 horas. Casi diario se agrede a un periodista. Estos indicadores simplemente hablan de un elemento de la libertad de expresión que no está garantizada. Luego hay otros temas de libertad de expresión como la concentración de medios, que también es un tema importante del periodismo, de los medios públicos, de frecuencias. Todo eso también es un proceso inacabado.

Hoy cuando me dicen “no pues es que ahora puedes escribir lo que quieras” creo que cada vez es menos cierto. No sólo porque haya una llamada o una presión por parte de alguna autoridad, también porque los medios de comunicación tienen el elemento del miedo dentro de las redacciones, entonces ¿qué tanta libertad hay cuando uno tiene miedo? Es como si te dijeran: puedes salir a caminar en la noche, eso sí, quién sabe qué te pueda pasar. Entonces no hay tanta libertad. Y yo creo que este es el tema. Hay elementos muy claros para decir que hay una preocupación seria sobre el ejercicio de la libertad de expresión.

Nosotros registramos en promedio 250 agresiones por año

Hablas de la transición democrática inacabada, y también del sistema de medios, ¿cómo entender más allá de los partidos, del sistema partidista, el papel del Estado? ¿Qué ha dejado de hacer el Estado mexicano para garantizar la libertad de expresión? ¿Qué matices notas tú? ¿Qué deficiencias? ¿Qué tantos obstáculos impone por sus propias deficiencias?

En términos de libertad de expresión la simulación está basada en muchas patas del Estado. Una simulación donde las leyes son imperfectas. Una simulación donde el mismo ejecutivo tiene políticas públicas que son claramente ineficientes. Un poder judicial que no garantiza la justicia en casos, por ejemplo, de agresiones contra la prensa. O sea, ni el Ministerio Público ni los jueces. El gobierno claramente, y los gobiernos [locales], tienen mucho que aportar en este estadío; pero al mismo tiempo, las mismas instituciones reflejan que las personas que están en el poder político no tienen el interés en que se cambie. Es como tener una cancha desigual, nosotros, defensores y periodistas, jugamos en una cancha en la que nos dicen “esto es una democracia”. Entonces uno hace investigaciones, uno publica y luego vienen las agresiones, como si la democracia no existiera. Creo que los norteamericanos lo tienen muy claro, es decir, no podrían tener la democracia que tengan -imperfecta, sin duda- pero no podrían tenerla si para ellos no existiera la primera enmienda. La primera enmienda de libertad de expresión… es como si nuestro artículo primero constitucional fuera el sexto. Creo que la concepción de qué es y para qué sirve la libertad de expresión no está anidada en el Estado. Hace como cuatro años, en la plena crisis [de inseguridad] de Felipe Calderón… yo recuerdo una encuesta donde le preguntaban a la gente “¿tú darías tu derecho a la libertad de expresión por mayor seguridad?” y el 55% de la gente dijo que sí; y eso es un Estado autoritario. Eso es exactamente vivir en el fascismo, donde nadie puede decir nada. Entonces ni siquiera en otro elemento del Estado, que es la sociedad, ni siquiera en ella está una valoración real de qué es este derecho [de la libertad de expresión].

¿Cómo explicar a los ciudadanos el valor que tiene la libertad de expresión? ¿Qué está fallando? A lo mejor en los propios periodistas, a lo mejor falta construir contrapesos más claros, más sólidos, ¿tú qué detectas ahí?

Hay dos cosas. Primero, en una mesa que tuvimos, cuando estaba todo lo de las marchas, la represión, etcétera, y veías las encuestas y veías que hay un alto porcentaje de personas que viven en el Distrito Federal que están en contra de las marchas. Te pones a pensar y si tú ves las mil 200 marchas que más o menos hay anuales en la ciudad de México, y te das cuenta de la diversidad de marchas que hay, los motivos, quiénes marchan, cómo marchan, entonces te das cuenta que la gente no sabe qué es el derecho a la libre manifestación, y eso pasa con la libertad de expresión. O sea, no se conocen los límites de la libertad de expresión, se cree que son límites morales, límites éticos, límites sociales, no límites jurídicos, surgen frases como “sí se pasó”, “no es que el libertinaje”…entonces es una sociedad no acostumbrada a expresiones que, digamos, tengan un impacto y una resonancia en el gobierno o en la sociedad; es decir, como el gobierno es bastante unilateral en la gobernanza, la libertad de expresión no necesariamente tiene el cauce que podría tener como en otros Estados. El verdadero reto de la libertad de expresión es reconocer que en una democracia los discursos son tan diversos como lo es la misma sociedad. Esos mismos discursos, expresiones, deben de caber. Y nosotros estamos acostumbrados a que lo disonante, lo ofensivo, lo lacerante, lo atonal, lo quitemos. Los últimos quince años de transición democrática hemos pensado que lo que hay que hacer es que todos pensemos igual, llegar a entendimientos y pues tal vez no. Tal vez lo que se necesita es [decir, por ejemplo]: ah bueno, hay voces anarquistas en el Congreso, pues qué bueno. Ah, no, todo tiene que ser más o menos igual, políticamente correcto, con los mismos lenguajes. Entonces homogeneízas las expresiones y ese es el fin de la democracia. Lo que se protege en democracia es el disenso, las pequeñas voces, son las valiosas, las de la mayoría, pues están garantizadas porque es la mayoría.

¿Qué pasa en el resto del país en cuanto a libertad de expresión? ¿Cómo entender los riesgos, las implicaciones que viven los colegas para expresarse, para informar?

Bueno, primero: los ataques a la libertad de expresión están generalizados. Eso quiere decir que no importa donde estés vas a encontrar casos de violencia contra la prensa. A principios de los 2000 era muy claro que eran en el norte las agresiones, mientras que en Oaxaca eran de otro tipo, por movimientos sociales, cosas así. Ya ahora, me parece que no importa si estás en Quintana Roo o en Sinaloa, el mismo miedo que siente la prensa tiene un común denominador y es la falta de estado de derecho. Es decir, no es el narcotráfico, no es el crimen, no, es la falta de estado de derecho. Lo que pasa en los estados, y claro que hay lugares más peligrosos que otros, pero lo que sucede es que ni los gobiernos municipales o estatales tienen algún interés en proteger el derecho, en brindar un contexto de seguridad. Cuando ves que el 46% de las agresiones anuales contra la prensa son cometidas por agentes del Estado, por algún funcionario, por alguien a quien le pagamos, la ecuación no sale. ¿Cómo puede ser que un presidente municipal mande a matar a un periodista o mande a torturar a uno? O que a un comandante de la policía al que no le gustó una nota va y te pega una madriza. Vaya, es el viejo oeste. Ahora que tenemos el ranking de los estados más peligrosos, bueno pues está Veracruz, donde claramente hay una ausencia de estado de derecho, hay una cacería contra los periodistas; pero después está Quintana Roo, tú vas a Quintana Roo y hay un estado de miedo, un estado de ataques por parte del gobernador contra la prensa crítica, y entonces piensas: ese estado que pensamos era tranquilo, tan bonito el Caribe, es el segundo lugar. Y luego dices, bueno, ahorita vienen Tamaulipas o Sinaloa, uno de esos bien rudos, no, después está el Distrito Federal, entonces dices: bueno, pues ya no estoy entendiendo nada. Es el ambiente cuando tienes marchas, donde hay detenciones arbitrarias, donde hay golpes, pues dices: entiendo porqué el Distrito Federal.

¿Y los medios? Es decir, qué hacen o han dejado de hacer los dueños de esos medios, de esas empresas periodísticas para respaldar a sus periodistas. ¿Qué pasa ahí?

Para ser honestos, yo creo que hay una evolución, no sé si incipiente o no, sería complicado calificarla, pero yo recuerdo que al inicio de mis trabajos en Artículo 19, cuando había un homicidio de un periodista, nos costaba muchísimo trabajo que saliera en algún medio de comunicación, estoy hablando por ahí de 2005. ¿Qué quiero decir con eso? Bueno, que ahora es mucho más fácil la cobertura. Eso quiere decir que ha habido un cambio, un foco de los medios para reportar la violencia que sufren. ¿Insuficiente? Sí, sin duda, porque una cosa es la nota del hecho y otra cosa es una posición política de un medio contra el Estado para que el Estado garantice que se hará justicia. Entonces lo que no ha pasado es lo segundo por otros intereses, intereses comerciales, por ejemplo. Dicen “no, no mejor no golpeemos a Duarte porque Duarte nos va a dar publicidad”, o “no hagamos esto porque…” Hay por ahí un juego de balances perversos que no tiene que ver con una posición política de “asesinaron a un colega nuestro, que se conozca la verdad”. Creo que sigue habiendo un desdén desde las casas editoriales, desde las empresas informativas para con sus reporteros.

el mismo miedo que siente la prensa tiene un común denominador y es la falta de estado de derecho

Las condiciones laborales en las que trabajan distintos periodistas según lo que has podido ver, lo que has sabido, ¿limitan el ejercicio de su libertad de expresión?

¿La situación laboral?

Sí, las condiciones laborales, son algo de lo que tampoco se habla mucho hasta que hay contextos como ahorita con Aristegui…

Es que la fortaleza de la prensa va relacionada con el nivel de fortaleza de la democracia, no hay una democracia fuerte con una prensa débil. No existe. Y tampoco hay una prensa débil en una democracia fuerte. Entonces, es directamente proporcional. Yo creo que el letargo de los profesionales de los medios de comunicación, periodistas, camarógrafos, reporteros, la falta de unión, la falta de solidaridad, pues lo que ha hecho es que sean explotados, como en cualquier otro sector. Y eso, evidentemente, en términos de seguridad, pues lo hemos dicho muchísimo, los pone en un grado altísimo de vulnerabilidad y de riesgo, porque la casa editorial se desentiende de lo que le pase o no. En vez, como lo hacen las agencias, que mandan a reporteros a cubrir y pues les dan una capacitación, seguro de vida, material, casco, los cuidan como lo que son: su base más valiosa. Aquí no, aquí la casi nula o la nula inversión de los medios en seguridad para con sus reporteros, te puedo contar historias de… damos cursos de capacitación a reporteros y siempre hay casos donde el editor les dice: “está muy bien que vayas [al curso] pero pide vacaciones”. Entonces, todo tiene que ver, todo tiene que ver, imagínate a los mismos policías que no les den pistola, que no les den seguro pero que les digan “salgan, salgan”.

Y en el informe Estado de censura ¿hablan de medios independientes? ¿Hay posibilidad de medir el impacto que están teniendo en la libertad de expresión?

Todavía estamos estudiando qué los hace independientes unos de los otros. Qué hace que un portal sea independiente ¿que no reciba publicidad oficial? Entonces SinEmbargo, por ejemplo, no podría estar en esa categoría. ¿Qué lo hace independiente? Todavía estamos como en un censo, estudiando. El común denominador que yo he visto hasta ahorita es la línea editorial. No es tanto los recursos. Hay [en estos medios] un nivel de crítica, de investigación. Hay un nivel mucho más pronunciado que en los medios tradicionales, por ahí puede ir la conjunción.

Lo que sí hemos visto y que sí vamos a reportar en el informe es que hemos registrado 12 ataques contra páginas de estos medios independientes. Estos ataques de DDoS, de medios críticos, ese sí ya es un parámetro y un patrón. Ya los ataques, ya el Estado de censura ya también está en ese ámbito.

¿Cuáles serían las alternativas para construir contrapesos que permitan ejercer la libertad de expresión? ¿Qué es lo que detectan, lo que van proponiendo a partir de su experiencia en Artículo 19?

Creo que hay muchísimas cosas. Primero, desde el punto de vista de la libertad de prensa, es valorar y revalorar el periodismo. Segundo, reconocer que el equilibrio en la libertad de expresión pasa por un Estado que lo garantice, personas que conozcan bien los límites, es decir, con un verdadero o un más profundo conocimiento. Y luego, evidentemente, jueces que puedan hacer buenas ponderaciones cuando hay derechos que chocan, libertad de expresión y otro, por ejemplo. En términos de libertad de prensa pues está muy claro: o le quitamos el dinero al gobierno para gastar en publicidad oficial o esto jamás va a cambiar. No es que con eso vamos a tener mejor periodismo, no. De hecho si quitamos la publicidad oficial yo estoy seguro que las tres cuartas partes de los medios de comunicación van a tronar. No sobreviven. A mí eso no me da miedo. Quiere decir que era un mal sistema, pero sin duda reconozco que tampoco es que sea fácil. Hay historias, hay salarios, hay muchas cosas detrás. Yo lo digo más desde el punto de vista teórico, pero sin duda, mientras tengan ellos el dinero no va a cambiar.

Sobre esto Darío Ramírez ha abundado en textos como El periodismo que no tenemos, en el que, a partir del caso Aristegui-MVS, dice:

“El poder gusta de controlar la información, eso en todas las latitudes y lo hace de maneras distintas. Es parte de su razón de ser. En México el paso principal y fundamental para refundar el sistema de medios es quitarle al poder la correa con la que tiene atado a los medios de comunicación: el dinero público y su gasto discrecional en publicidad oficial. Quitémosle esa herramienta a los gobiernos, regulemos su gasto con criterios claros y transparentes para gastar ese dinero, prohibamos su gasto para enaltecer perfiles políticos y partidos y un primer paso sumamente relevante se habría dado […] El sistema funciona para ellos y el interés y necesidades de la sociedad no es un tema que esté dentro de su agenda.”

Una mirada global

Mirada Global libertad de expresión

¿Podemos hablar de libertad de expresión sin contrastar la situación mexicana con lo que ocurre en otros lugares del mundo? Sería limitado.

El 23 de marzo de este 2015, Artículo 19 presentó la conferencia internacional Mirada global sobre la libertad de expresión. Ahí en el Museo Franz Mayer, periodistas de Colombia, Brasil y Estados Unidos, por citar a algunos, compartieron sus experiencias.

Edison Lanza, relator especial para la libertad de expresión de la CIDH, pintó un panorama: “hay países indirectamente que están censurando el Internet bloqueando páginas, filtrando contenidos, siguiendo a aquellos medios digitales que son críticos, parecen que en los medios digitales no rigieran los mismos principios para la libertad de expresión general, sin censura previa […] 30 años después de recuperada la democracia hacer humor político en la región está prohibido, se ha convertido en algo terrible para el gobierno, los señores creen que se debe sancionar a quienes se hacen memes, caricaturas, humor político, hoy tenemos varios casos de humoristas despedidos, sancionados, por el hecho de hacer humor. Ese mapa es preocupante, el que informa puede ser sancionado, el humor y el que protesta pueden ser sancionados”.

En la conferencia se pasó de hablar del reto de comprender las posibilidades que ofrece internet a los riesgos que implica, no sólo para los medios y periodistas, un mundo en el que la seguridad virtual requiere una mayor preparación.

“Es fundamental seguir desarrollando el periodismo desde las nuevas plataformas, retomando lo mejor de los medios tradicionales y desechando los vicios en cuanto a prácticas que tienen que ver con la sumisión de los comunicadores ante los gobiernos de sus respectivos países”, dijo la periodista Cora Currier, de The Intercept.

El periodista Jeremy Scahill, autor de Dirty Wars y cofundador del portal The Intercept habló de la importancia de proteger a las fuentes de información.

DosNacionesTV transmitió la jornada completa. Puede consultarse aquí.

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Al final, quizá no haya que olvidar algo que ha dicho Darío Ramírez:

“Sin periodismo no hay democracias. Ahora basta asegurarnos que lo que quieren (y lo digo por los que ostentan el poder) sea democracia. Al final, el periodismo es tan importante que es imposible dejárselo solamente a los periodistas.”



Lizbeth Hernández
Lizbeth Hernández
Directora de Kaja Negra. Periodista e investigadora freelance. Los temas que más le interesan son: movimientos sociales, derechos humanos, feminismos, agenda lgbt+, arte y cultura pop. Escribe sus ideas y apuntes en Medium. En Twitter e Instagram: @abismada_ Correo: lizbeth@kajanegra.com



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