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El recuerdo de una promesa llamada Gata Cattana

31 Ene, 2018 Etiquetas: , ,

Ana Isabel García Llorente, Gata Cattana, extendió los límites del hip hop. Su trabajo pronto llamó la atención por la mezcla de poesía, feminismo y literatura. Su sorpresiva muerte nos arrebató la posibilidad de ver su consolidación, pero nos quedan la potencia de su voz y sus letras, dice Eduardo R. Villeda en este texto.

TEXTO: EDUARDO R. VILLEDA

En momentos como este, llenos de confusión, de superficialidad, de transiciones de pensamiento, de inmediatez, para mí fue grato encontrar una voz como la de Gata Cattana. Ella criticó y desafió en cada momento su presente desde varias trincheras, la principal fue la del hip hop, género que por lo general no admite medias tintas: puede mostrarse combativo o superficial. En este sentido, Gata Cattana fue una revelación. Una artista multifacética que extendió los límites de los terrenos en los que se metió.

Ana Isabel García Llorente, Gata Cattana, tenía 25 años cuando murió por una complicación de salud en marzo de 2017 [era asmática y alérgica]. Fue un evento súbito, sorpresivo por su corta edad y una pena. En ese momento la prensa se refería a ella como «la última esperanza de las mujeres en el rap».

La carrera de Gata Cattana fue en poco tiempo un ascenso al éxito.

En el 2012, la joven cordobesa dio a conocer el EP Los siete contra Tebas, que incluía cinco canciones en las que empezaba a desarrollar su personalidad bajo el seudónimo de Gata Cattana. En esta carta de presentación destaca la inteligencia de las letras de la rapera. Canciones como «Antígona» son la muestra de un lenguaje desafiante; había que darle algunas vueltas al track para atajar las referencias literarias y saber de qué iba el discurso. Ana tenía un juego muy personal, era fanática de la mitología, y ponía aquí y allá a estos personajes de la literatura clásica que funcionaban como un canon para explicar nuestro tiempo. Además, la canción que le da nombre al primer álbum destaca por dos aspectos: en la primera parte se aprecia su habilidad en el manejo del lenguaje para crear versos, mientras que en la segunda, enlista una serie de eventos históricos de la política de ultraderecha a los que Cattana hace una critica directa. Ese era el sello de la española. Este trabajo la puso en la mira del hip hop español como una propuesta fresca, un discurso inteligente y una voz audaz.

«Mi libertad no cabe ni en jaulas de plata blanca / No reconozco autoridad más allá de mi cuerpo/ Yo vine a hacer palanca y justicia, por supuesto / Porque estoy harta de que me toquen los muertos.» 

[En «Los siete contra Tebas»]

En el personaje y el trabajo de la española existía una fusión de culturas: su amor por el flamenco, su afición por las letras griegas, su acercamiento a la tradición japonesa y su expresión por medio de la música salida de los barrios de New York. En su cuenta de Twitter se describía a sí misma como «Rapeadora de noche, poetisa de día y politóloga a ratos». Todos esos elementos en conjunto la hacían una artista completa, al grado de ser considerada la sucesora de la Mala Rodríguez.

En 2015 lanzó Anclas. Si en el primer disco la voz y las bases rítmicas se ubican en un estilo tradicional de hip hop, este nuevo material nos presentó a una Ana cantando flamenco sobre una base de rap con tintes de música electrónica. Una mezcla de estilos que era la búsqueda de Ana por salirse del purismo del género. Actualizar el formato sin perder el discurso. «Lisístrata» se convirtió en un himno feminista en el que la MC lanza con furia «un tributo a mis musas que luchan». El título de la canción hace referencia a un escrito de Aristófanes que plantea una huelga sexual de mujeres.

A la par de esta incipiente carrera por el hip hop, Ana Isabel desarrollaba la de una de poeta, a veces como Ana Sforza, a veces como Gata Cattana. Ana Isabel se presentó en varias ocasiones en el slam poetry de España, y algunas de sus presentaciones quedaron registradas en internet. Ese estilo multifacético la hizo navegar por varios rubros, pero también recibir ciertas críticas: «dentro del rap dicen que en realidad soy poeta, y en los círculos de poesía me dicen que soy rapera». En la mente de Ana esto no era un problema, surcaba entre un área y otra sin complicaciones, pues para ella ambas cosas eran muy similares. Finalmente, su dedicación a la poesía la llevó a lanzar el libro La escala de Mohs [2016], el cual fue motivo de un homenaje en Cosmopoética, festival literario que se celebra en Córdoba, ciudad de la que Ana era originaria.

El último grito de honor

Al momento de su muerte, Ana estaba terminando su primer material de larga duración. El disco que la iba a consolidar y terminó siendo un homenaje póstumo. De manera extraña, como a veces sucede, escogió para el título el grito de honor de un samurái en un ataque desesperado que puede ser el último. Banzai [2017] es, también, el reconocimiento a una carrera fugaz.

Sin ser experimental como su antecesor, este material tiene un trabajo de producción de primera línea a cargo de D. Unison. En Banzai el mensaje de los trabajos anteriores es el mismo pero no está en la superficie, sino que se deja entrever en cada canción. En este sentido, la primera frase del disco suena a advertencia: «No recibo sus señales, las mías van en clave, están hechas pa’ unos pocos que lo saben».

Canciones como «Papeles» muestra un flow veloz y ágil, lo mismo pasa con «Fuego», en la que además de cantar con desenvoltura, utiliza la versatilidad para insertar un estribillo flamenco. En «Hasta el final», hace un acercamiento al trap al lado de Scarface Johansson, otro ejemplo de que no se sentía obligada a un conservar un solo camino. «Banzai» resulta una canción más íntima, mientras que «Mi negra» bien podría ser la letra de la clásica canción cubana donde se le canta y alaba a la mujer.

Este último disco se lee más personal en su conjunto. Ana renovó elementos por aquí y matizó otros por allá; mantuvo en todo momento las referencias a la mitología, y se aprecia una Gata Cattana con la experiencia y la soltura adoptadas después de años de trabajo pero sin perder su carácter, como lo afirmó en la canción «Limonero»: «La poesía no amansa a la fiera».

Se puede decir que todo ese discurso de Ana era provocativo, así como conciso y honesto, más no exclusivo. Tenía apertura como pocos. En una entrevista con WAG1 Magazine dijo: «Sí eres una tía y quieres decir “me mola el reggeaton”, ¿por qué no? para mí es una liberación».

De la gran promesa del rap femenino español quedaron las grabaciones de una artista que no alcanzó la trayectoria ni la exposición que con justicia merecía. Ahora empieza a convertirse en un hito con ese distintivo de alguien que atacaba desde distintas trincheras: el político, el feminista o el de la poesía. Y lo hacía con fuerza e inteligencia. Las posibilidades y expectativas quedaron en el camino de la corta vida de Ana. Solo el tiempo dirá si su personaje se consolida o se diluye.

 

Imagen de portada: Gata Cattana live at Marula Cafe by El Conde de lo Trágico. Flickr-[CC BY-NC 2.0]


Eduardo R. Villeda
Eduardo R. Villeda
De la ciudad de México. Le he dado un sitio primordial a la música desde que tengo memoria. En Twitter: @villedaedw.



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