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Segundo Opúsculo: Contra Mass-Co-Media, fragmento de «Contra la tele-visión»

05 Ene, 2016 Etiquetas: , ,

Les compartimos un fragmento de Contra la tele-visión, del escritor mexicano Heriberto Yépez, que Tumbona Ediciones comparte con los lectores de Kaja NegraEste libro, que pueden descargar completo aquí, presenta un análisis sin concesiones de la cultura popular mexicana y de la industria del entretenimiento encarnada en la pantalla chica. Una obra que explora la relación del mexicano con los medios masivos.

TEXTO: HERIBERTO YÉPEZ

Vivimos una época en que Sancho se autoparodia y parodia a Don Quijote, pues Don Quijote durante décadas forjó una imagen imposible de respetar moralmente y que, sin embargo, policialmente era hecha respetable. El régimen revolucionario fue —según dijo relajadamente uno de sus intelectuales orgánicos— una «dictablanda». No logró volverse enteramente temible. Se volvió temible por su guerra sucia, por sus torturas, por su poder judicial y militar, por su corrupción a todos los niveles y, a la vez, por ser charro, folclórico, tercermierdista, comiquísimo. Se trató de un autoritarismo a la Ubu, de un terror indeciso, objeto perpetuo de humor negro.

En el siglo XXI, el gobierno no requiere del espectáculo como parte de su propaganda. El gobierno ha pasado a ser parte del espectáculo. Los partidos entran y salen del poder. Lo que no cambia es Azcárraga. El trono no es la Silla: es la Señal. El caso mexicano podría ser una prefiguración tropical o avatar cachondón del destino puramente espectacular de todas las democracias. En México, a finales del siglo XX, una dictadura invisible que mantuvo al Partido Revolucionario Institucional —su tercer nombre— por más de setenta años, cayó. ¿Tomó el poder un nuevo partido? [¿El llamado PAN?] No. Tomaron el poder los mass media, dos televisoras [y sus patrocinadoras trasnacionales]. Es este nuestro auténtico bipartidismo. La dictadura perfecta [Vargas Llosa dixit] continúa; ahora la dirigen Televisa y TV Azteca. La teledictadura prefecta: el poder lo ejerce a través de su función de juez populista, de crítico chido y cagapalos cañón. El secreto del mundo del espectáculo mexicano, desde su música y entretenimiento televisivo hasta sus melodramas y sus noticiarios, es que paulatinamente asumió el triunfalismo del despreciado hasta volverse su absoluto portavoz.

A partir de la caída del régimen revolucionario, Televisa y TV Azteca se convirtieron en fiscales de los políticos. [Aliados Incondicionales del Ciudadano.] La TV se volvió la Gran Justiciera. [Un personaje esperanzador precisamente porque al Tomar la Causa Popular, la TV redimió su Pasado Servil… ¡Televisa sí cumplió con el Cambio!] Ante la corrupción de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, los mass media se volvieron no un cuarto, sino el metapoder.

El populismo de la izquierda palidece, desde entonces, en comparación con el populismo televisivo. «El Pueblo Siempre Tiene la Razón», «Tus Sueños Son los Nuestros», «Lucharemos por Ti», son los mensajes que cada instante lanza la televisión mexicana a su teleauditorio, al cual —desde sus culebrones hasta sus talk y reality shows— habla en la «lengua del pueblo».

Incluso el régimen de las Estrellas del espectáculo se «democratizó». Las «Estrellas» se deterioraron gracias a los programas de gossip destructivo. Todas las figuras de antiguo prestigio —desde las divas hasta los presidentes— comenzaron a ser parte de la comidilla reactiva. [Entre más acidia más chisme.] La televisión mexicana tuvo el colmillo de poner a todas las figuras de poder en el blanco del ataque popular. Destrozando su prestigio y exagerando grotescamente la estética populista se desencadena programa tras programa la venganza contra las Élites.

A partir de la caída del régimen revolucionario, Televisa y TV Azteca se convirtieron en fiscales de los políticos […] Ante la corrupción de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, los mass media se volvieron no un cuarto, sino el metapoder.

Actualmente en México sólo se puede ser popular si eres impopular. Sólo se puede ser célebre si estás dispuesto a que tu reputación sea aplastada, ya seas Marthita Fox o La Tigresa. No hay intocables. En México, el jet set también ha perdido su realeza. Todo es populismo.

Por otra parte, las nuevas estrellas, gracias a la interactividad de sus concursos en busca de las nuevas figuras —de Big Brother a La academia— provienen «directamente» del Pueblo. Las televisoras quieren dejar claro que su único aliado incondicional son las peores expectativas de Los de Abajo.

Todos los demás están en la mira de la Cámara y, ergo, de las Encuestas.

El Pueblo es la Estrella número uno. El habla de lo «naco», de lo «callejero», lo «tuyo» es ahora la lengua franca de buena parte de los conductores, que usan tus palabras para demostrarte que están contigo, que Tú Eres lo Mejor. La televisión nos quiere convencer de que ella es la verdadera servidora pública. Siguiendo la Lógica Infalible del Chismógrafo, el mensaje eterno es: ¡No Cambies Jamás!

En México, no hay populismo más exacerbado que el de Televisa.

La transición consistió en el paso del poder del Partido y su corporativismo a la Televisión y sus trasnacionales, gracias al patrocinio de Ustedes, Los Que Hacen Posible Todo Esto, Los Inmejorables —los únicos que jamás serán criticados por López Dóriga, porque el único Mal que puede cometer el Pueblo es Haber Sido Manipulado—; tú eres, ¡Sí, Tú!, el telepopulismo. No hagas nada para superarte. Tú Ya Eres, Canijo, ¡Lo Más Chingón!

El habla de lo «naco», de lo «callejero», lo «tuyo» es ahora la lengua franca de buena parte de los conductores, que usan tus palabras para demostrarte que están contigo, que Tú Eres lo Mejor. La televisión nos quiere convencer de que ella es la verdadera servidora pública.

Televisa tenía una deuda ética —haber servido al régimen durante décadas—, pero a finales de los noventa Azcárraga Jr. se propuso saldar esa deuda. Televisa sabía que el PRI agonizaba. Abandonó parcialmente su apoyo incondicional al Presidente y decidió aumentar su credibilidad en la teleaudiencia que, acostumbrada a la ausencia total de crítica, se llenó de contento y esperanza ante la «apertura» de los medios, por inofensiva que ésta, a final de cuentas, resultara. Televisa pagó su deuda desviando la atención de su propia historia mediante la sobrexposición de los políticos, apuntando su dedo contra los gobernantes —que durante decenios exaltó— en una época en que esa era la única forma de recuperar la credibilidad, es decir, expandiendo el absoluto escepticismo hacia toda forma de política. En el presente mexicano se está preparando [inconscientemente] la derogación del Estado de Derecho al carcomer la existencia respetable de cualquier autoridad. Se está linchando la idea de una política. No hay nadie que no esté participando o alentando ese linchamiento. Comenzando, por supuesto, por la ciudadanía y los funcionarios.

Televisa se erigió como el dedo que apunta hacia los villanos, y el «pueblo», efectivamente, desvió la mirada de Televisa y sus negaciones y la dirigió contra los supuestos protagonistas de la vida pública. Aunque, en realidad, la televisión no sólo permanecía en el poder, sino que, además, aumentaba su hegemonía.

En tiempos pospresidencialistas, una de las funciones de la televisión mexicana ha sido, precisamente, mermar la autoridad de la figura presidencial. Reducirla al absurdo. Esto fue lo que le sucedió a Vicente Fox, convertido en rey de los bloopers. La población mexicana, en realidad, no quiere el desarrollo de la nación [que sólo puede venir mediante la educación terapéutica], lo que desea es la ruina de la política [gracias a la televisión]; TV Azteca y Televisa son los abanderados de esa evasión y venganza.

¡Mass co-media, por favor!

El enorme enemigo de la crítica no es ya, pues, únicamente la presión gubernamental —que sigue ejerciéndose—, ni la influencia de las trasnacionales —que aumenta— sino que las televisoras se han erigido como irónicos jueces en vivo de todo proceso político, voluntariamente esclavizadas a inclinar su balanza a donde dicte la Opinión Enfurecida del Pueblo… Pueblo del que se sigue burlando de modo misógino, clasista y racista, porque esa es la mentalidad que paradójicamente comparte con las mayorías.

En tiempos pospresidencialistas, una de las funciones de la televisión mexicana ha sido, precisamente, mermar la autoridad de la figura presidencial. Reducirla al absurdo.

Para comprobar que Ahora Sí Dice la Verdad, la tv se ha vuelto inmediatista ofreciendo las pruebas: videos, entrevistas, coberturas en vivo, grabaciones telefónicas, helicópteros, etc. La gran prueba de su credibilidad es el tiempo real y, por otra parte, la videopolítica. [La videopolítica que prueba que la imagen revela la realidad escondida; que la cámara es nuestro superhéroe contra la corrupción.] La cámara es la única neta. Toda verdad será videoverdad o no será.

La función primordial de la televisión mexicana es burlarse populacheramente de la política; destruir la credibilidad de la alternancia radical. Convertir la Historia en un Churro. [Donde todo protagonista es un vil transa y toda acción, una fichera culera.] Todo el lenguaje «crítico» mexicano se ha reducido a la sátira. [¿Qué nos pasa? fue primero. Héctor Suárez fue quien inició la descarga de la denuncia guardada.] La televisión mexicana se encarga de que todo sea carnavalizado; imposibilitando así una crítica constructiva o profunda. Lo importante es que caiga el pastelazo en la cara de Los Elegidos, esos Mamertos. Esto es la catarsis carnavalesca de la telecomedia, pareja perfecta de la catarsis melodramática de las telenovelas. Esto es lo que Mayra Luna ha llamado el «control cómico» de «Plaza Placebo».

El lenguaje pseudo crítico, cómico, de la televisión mexicana, tiene como único objetivo satisfacer el deseo de Reír de Nuevo. La compulsión mexicana por la risa  —el mexicano expulsa la tensión mediante la carcajada— exige a las televisoras volverse alimentadoras de chistes, a costa [hoy] de la política. La nueva dictadura perfecta es la exigencia popular de Más Comedia… Mass-CoMedia es el régimen telefísico en que se ha renunciado a la superación espiritual en bien de la comedia política dirigida por las pantallas.

Rebajando toda figura política a platillo de su escrutinio payasito, todo seguimiento de la noticia en parodia transhistórica, las televisoras son co-responsables del menoscabo del espacio público, del espacio de maniobra o negociación. ¡Zócalo-Sancho!

La televisión mexicana se encarga de que todo sea carnavalizado; imposibilitando así una crítica constructiva o profunda. Lo importante es que caiga el pastelazo en la cara de Los Elegidos, esos Mamertos.

No hay mayor temor en México que el temor a ofender a las televisoras. Son ellas las que recibieron la estafeta —de manos de Carlos Salinas— de la Impunidad Absoluta. Para conservar este co-poder, la televisión mexicana debilita, día y noche, la credibilidad de los gobernantes y aumenta exitosamente la soberanía total del entretenimiento transpolítico, donde todo Ciudadano Bueno es víctima, porque si quiere dejar de serlo y se alza, no es víctima: es un revoltoso.

La diversión como golpe de Estado.

¡Los jodidos son lo Hot!

¡Los Condenados de la Tierra son Chido-Chidos!

Las televisoras tomaron el control de la consulta periódica de la «voluntad del pueblo», a través de encuestas telefónicas a propósito de todo asunto, programas interactivos en donde tus correos de voz, mensajes celulares, llamadas, sondeos, opinion polls, rigen. Desde el chisme estilo Ventaneando hasta el Programa de Resultados Electorales Preliminares, las televisoras tomaron el control de vigilar las fluctuaciones de la «democracia».

A partir del sexenio posrevolucionario [Hinstitucional], la función principal de los mass media mexicanos fue la vigilancia paródica. [Hacerle muecas al político mientras habla.] Televisa y TV Azteca, el comediato. Sus conductores tienen como chamba desaprobar o aprobar diariamente las palabras, actos, imágenes y propuestas de los partidos, candidatos y políticos. A sabiendas de que la «voluntad popular» sólo puede ser alcanzada a través de las televisoras, los políticos —en quienes ha recaído toda la «culpa» de la vida nacional— han aceptado el tele régimen.

Reducir al ridículo todo acto de poder. Hacer imposible el poder.

Todo lo que ya hay es oclocracia, gobierno de la «plebe». La democracia es tan sólo la autoimagen idealizada que la oclocracia se hace de sí misma, para evadir su responsabilidad en el co-control. Del mismo modo en que Sancho mira [en pleno espejo] la cara de Don Quijote, la oclocracia se engaña llamándose «democracia». El pueblo se oprime a sí mismo en la forma de un gobierno que dice no merecer. No presenta ninguna alternativa a la lógica vertical que acusa. Su elección permanente es Coca-Cola, Bimbo, Corona, Sabritas, Hollywood, el Canal de las Estrellas [¡Tú Canal!] Pide a las televisoras, a las revistas, a los medios masivos en general, el recalentado de su propio kitsch. Orgullosamente lumpeño, el mexicano espectacular es la Nueva Estrella.

Imagen de portada: Diseño de la colección Versus por Éramos Tantos.


Heriberto Yépez
Heriberto Yépez
[Tijuana, 1974]. Es autor de varias novelas, libros de ensayo y poesía, algunos de los cuales han obtenido premios. Sus títulos más recientes son A.B.U.R.T.O., Tijuanologías, El imperio de la neomemoria, el libro visual bilingüe Here Is Tijuana / Aquí es Tijuana y su primer libro en inglés: Wars. Threesomes. Drafts. & Mothers. Actualmente es profesor de teoría crítica en la Universidad Autónoma de Baja California y tránsfuga de sí mismo.



  • Jean Ducruet

    Solamente nos quedan dos críticos serios y comprometidos en México: Evodio Escalante y Heriberto Yépez. Lo demás es la pasarela de la autocomplacencia.


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