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Spotlight, ¿el periodismo para qué?

04 Feb, 2016 Etiquetas: , ,
En 2002, la unidad de investigaciones especiales del diario The Boston Globe
documentó los casos de pederastia cometidos por sacerdotes de la iglesia
católica y cómo ésta tenía conocimiento de ellos. La investigación
cimbró.
Ahora,
Spotlight, la película que retrata cómo se llevó a cabo este trabajo,
permite plantear preguntas y reflexiones sobre el periodismo.
Esto es lo que pone en la mesa el equipo de la Kaja.
TEXTO: XOCHIKETZALLI ROSAS, LIZBETH HERNÁNDEZ, CÉSAR PALMA Y SAMUEL SEGURA 

Sobre la esencia del quehacer periodístico
[Texto: Xochiketzalli Rosas]

Opinar; escupir mis impresiones me resultó sencillo después de ver Spotlight. La reflexión en serio y pasarla al papel no lo fue. Las lecturas del filme son variadas y, desde la visión de un periodista, distintos los matices. ¿Cómo hubiera contado esa historia? ¿Cómo la hubiera investigado? ¿En el medio que trabajo o desde la vida freelance sería posible realizarla? ¿Sería un tema que realizaría, que me apasionaría?

Spotlight deja muchas ideas, muchas preguntas y mucho aprendizaje.  

Me enteré de la cinta por una profesora de la universidad. Ella posteó en su Facebook el tráiler y exigía, con vehemencia ―no exagero―, que alguien le dijera dónde podía conseguirla. Debo confesar que vi aquellos minutos de video por su interés, porque de la película no decía nada. Quedé enganchada y también quise verla. Recuerdo que esta profesora me pareció de las mejores que tuve en mi formación académica como periodista; siempre trataba de ser transgresora, te impulsaba a buscar nuevos enfoques, a contar historias, siempre recomendaba lecturas interesantes. Con el paso del tiempo, mi admiración se fue desdibujando porque también la vi regodearse ―cosa que no veía cuando ella estaba frente al pizarrón― de «su periodismo», de los grandes temas que aún trabaja.

Y ese pequeño defecto es al que se enfrenta todo periodista. El ego, el estrellato. Ser más que aquel que te regala su vida para que cuentes una historia, para que denuncies. Porque ahí se pierde el respeto, muchas veces, por quienes son las personas verdaderamente importantes del quehacer periodístico. Sin duda el equipo de Spotlight se enfrenta a eso, a sacar la información antes de que se las gane The Boston Herald, pero logran mantener frías las emociones para pensar, planear y trabajar en torno a la magnitud completa del problema para no sólo denunciar la pederastia en la entidad, si no desde una visión global y someter así al escrutinio público las acciones de todo el abuso sexual, callado por décadas, del sistema eclesiástico católico.

Para hacer periodismo, así chingón, de ése que hizo The Boston Globe, se necesita humildad. Cero regodeo. Ser nadie para contar esa historia. Y olvidar que se es, si es así, un periodista de renombre, multipremiado. También infraestructura, tablas y, como en este caso, pasión para ser temerarios y enfrentar el contexto y las desavenencias que puede traer consigo la publicación de un tema tan delicado. Porque al descubrir una historia tan apasionante como lo hizo el equipo de investigación Spotlight uno, como periodista, como ser humano, estará contra la pared todo el tiempo porque la moral, los prejuicios, las emociones estarán a flor de piel: al momento de estar de frente de un hombre que fue capaz de encubrir más de 100 abusos de sacerdotes a menores de edad; al momento de escuchar los testimonios de quienes perdieron la inocencia al quedar bajo el dominio de los bajos instintos de otro, a quien veían como soporte. Porque con el abuso sexual por parte de sacerdotes el daño no sólo es físico o psicológico, también es espiritual. Y así guardar la compostura, tener templanza y trabajar en beneficio de una comunidad, de un todo. Esa es la esencia del periodismo. Y el gran aprendizaje.

A todo esto, seguro nuestro público lector se pregunta de qué va la película. En breve le comento. Una unidad de investigación llamada Spotlight del periódico The Boston Globe realiza, por encargo del nuevo director del rotativo, una exploración sobre algunos casos de abuso sexual por parte de sacerdotes. En el filme vemos cómo este equipo se enfrentó al tema, cómo los periodistas indagaron y abordaron lo encontrado: abusos sexuales de casi 100 sacerdotes desde los años 70 hasta el 2002, fecha en que se publicó el primer reportaje; y como fueron encubiertos por la máxima autoridad de la iglesia católica en Boston. Vemos a los periodistas reporteando por meses, expuestos, para lograr la publicación del trabajo que les valió el premio Pulitzer, uno de los más importantes que galardonan los logros de este quehacer.  

Así, vemos a los periodistas de carne y hueso, con sus creencias, con sus repudios y sus pasiones enfrentándose a su objeto de investigación. Vemos cómo funciona la maquinaria periodística. Vemos las entrañas del periodismo, al trabajar un tema espinoso en una ciudad estadounidense donde casi el 50% de los habitantes son católicos. Es decir, una ciudad regida por las reglas de dicho credo. Atacarlos era echarse al pueblo encima. Aventaron la moneda y ganaron la apuesta, porque después de la publicación del primer reportaje pudieron contar más de 600 casos más de abusos sexuales.

Atravesaron el silencio y gritaron fuerte lo que pasaba en su comunidad, sin protagonismo. Y creo que todas mis reflexiones van encaminadas a esa idea. A eso debe aspirar el periodismo, la indagatoria de gran aliento. En eso debe invertir la maquinaria periodística: en generar unidades especializadas que se conviertan en contrapesos; que desde los contenidos más elementales ofrezcan calidad, historias que estremezcan. Un poco el deber ser del periodismo en su máxima expresión.  

Spotlight me puso en jaque. Me invitó a la meditación del periodismo, de mi periodismo, del trabajo de la Kaja; del papel de los periodistas en la sociedad, en mi país; a replantear, a la autocrítica.

Equipo Spotlight fotograma trailer de la película

El valor de un equipo frente a las individualidades
[Texto: César Palma]

Nos sentamos en la mesa, todos pedimos chilaquiles. Veníamos con el shock y las escenas dándonos vueltas por la cabeza. Cada uno en su rollo, según lo que vio e interpretó, los diálogos brotaron reforzados por nuestra experiencia e historia personal. Jimena pensó en los niños, en lo endebles que son; en la abuela y los estragos que causa el desmoronamiento de tu vida, de tu código moral. Y unos pasos más adelante de nosotros, Liz, reflexionó sobre el periodismo, sobre cómo lograr una investigación de ese calado y de cómo y por qué la importancia de una unidad de investigación periodística en cada medio. Ketzalli estaba sorprendida por la magnitud de la investigación: se preguntaba cómo la publicaron, en qué formatos, cómo se habrán construido cada una de las historias de abuso sexual; cómo el Boston Globe, el de la película y de la realidad, tenía una hemeroteca tan ordenada.

Yo, como siempre, dije lo primero que me vino a la mente, sin mucha reflexión, nomás por la víscera que va presionando la salida de palabras, pero siempre honestas. Algunos pensamientos los dejé para la privacidad o simplemente salieron días después. Tenía más preguntas que respuestas, y, en otros casos, la comparación entre el periodismo de aquella película y el que hacemos aquí en México me dejó trastocado. ¿Cuántas posibilidades hay de que Kaja Negra pueda realizar una investigación de esa magnitud? Creo que es muy difícil, primeramente por la endeble protección a la libertad de expresión que impera en el país. Segundo, porque aún nos falta mucha experiencia para abordar temas a un nivel tan profundo. Tercero, porque no terminamos de resolver el asunto de la subsistencia económica (y no sólo en la Kaja). Pero de alguna forma las respuestas a las interrogantes están ahí en la película: no cómo hacer un negocio rentable con la venta al por mayor de información, ni tampoco da el recetario del periodismo, ni explica paso a paso cómo investigar en un contexto donde la prensa está sometida al grupo en el poder. Lo que está ahí es el valor de un equipo frente a las individualidades que predominan en este oficio; la importancia de que todo medio le de su lugar a la investigación [pues no es tan obvio como parece] porque indagar con precisión requiere tiempo y mucho dinero, que tal vez no fructifique en el balance de la empresa pero que transforma el entorno en el que vivimos [y vaya que hace falta mucho en México]. Por muchas razones, Spotlight debería ser una película obligatoria para quien decida dedicarse al periodismo [y no exclusivamente], no por la magnífica historia, actuaciones, diálogos o adaptación, sino porque a aquel que realmente le interese su trabajo y tenga un mínimo de ética le hará reflexionar sobre la infinidad de errores que cometemos día a día. Spotlight es un gran espejo, pero engañoso, porque el periodista espectador puede verse a sí mismo atractivo y reconocido por su profesión, cuando no lo es; o porque ve lo bello de este trabajo entre tanta fealdad [la propia y la del mundo].

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¿Para qué hacemos periodismo?
[Texto: Lizbeth Hernández]

¿Para qué hacemos periodismo? ¿Qué implica hacer el periodismo que uno quiere? ¿Y ese periodismo qué aporta a la comunidad de la que somos parte? ¿Ese periodismo que uno quiere o puede es el que necesita esa comunidad? Me he formulado estas preguntas una y otra vez con insistencia sobretodo el último año. Eso me ha llevado también a contrastar ideas con el equipo de la Kaja y con otros colegas. Digo esto porque cuando vi Spotlight esas preguntas e ideas estuvieron presentes y por eso esto que escribo no está perfilado a una pretensión de valorar las actuaciones de Keaton, McAdams, d’Arcy, Schreiber, Slattery, Tucci y Ruffalo, que, valga decirlo, tienen su gran mérito. El día del estreno de la película dirigida por Thomas McCarthy en México la prensa saturaba sus portales con materiales [basados en más dichos que datos] sobre la recaptura de Joaquín Guzmán Loera, el texto del actor Sean Penn en la revista Rolling Stone en el que relataba su encuentro con el narcotraficante y memes y filtraciones de las conversaciones entre Guzmán Loera y la actriz Kate del Castillo. Se hablaba hasta el hartazgo de lo que el periodismo de «a devis» es. En ese contexto mirar el relato de lo que implicó el trabajo del equipo Spotlight de The Boston Globe para documentar y revelar los abusos que habían cometido sacerdotes de la Iglesia Católica de Massachusetts en Boston [una de las ciudades más católicas en Estados Unidos] fue un recordatorio: investigar importa. El periodismo de a devis es el que se hace así: buscando la verdad, el que, aunque se sepa insuficiente, busca reunir las piezas para explicar, el que antepone a las personas, a la investigación y no al ego del periodista. Conforme se desarrollaba la historia [en una estructura tradicional: principio, desarrollo, final] pensaba que los periodistas somos falibles. A veces no vemos lo que deberíamos observar. A veces las historias nos rebasan, nos trastocan, pero ahí cobra importancia que el medio, que quienes lo integran, reporteros, reporteras, editores, editoras y directivos, quieran hacer periodismo y afronten lo que eso implica: contrarrestar los golpes o amenazas de aquellos que no quieren ser cuestionados ni exhibidos y buscan mantenerse impunes. Confrontar las limitaciones o vulnerabilidades de uno mismo como periodista al abordar las historias, al tratar a víctimas de abusos como en este caso. Un aspecto que muestra Spotlight es cómo el equipo de reporteros fue más allá de la documentación testimonial [fuerte y perturbadora] a la explicación de qué permitió que esos abusos ocurrieran. Eso es clave en nuestro ejercicio periodístico al igual que en la película, que si bien tiene un ritmo por momentos lineal, éste cobra sentido porque retrata este proceso. McCarthy no espectaculariza. Desarrollar una investigación periodística no necesariamente es glamouroso o intrépido, y sí que implica paciencia e insistencia para reunir datos, para verificarlos, para pensar cómo contar eso que se trabajó. Es fácil perderse si no se tiene claro esto. Spotlight también da pauta para pensar en las personas, en la víctimas, en el impacto que puede tener una investigación como ésta para ellas. En México también hubo y hay casos de abusos de sacerdotes a menores de edad. Y hay más temas que exigen ser explicados y contados [desde las violencias, pasando por investigar a empresarios, hasta las historias cotidianas], ¿y qué estamos haciendo los periodistas? El contexto en nuestro país es complejo, caótico, ya lo hemos apuntado, pero ¿eso basta? Al final, luego de intercambiar primeras impresiones con mis colegas de la Kaja y tras darle vueltas ya por mi cuenta, me quedé con varias ideas en la mente. Una: que en la Kaja aún estamos lejos de publicar una investigación como la del Boston Globe, nos falta infraestructura, lo cierto es que estamos intentando aprender más y apostar más, qué otra. Dos: que los periodistas no podemos no mirar [no contar] lo que ocurre en nuestro entorno y si no sabemos, podemos aprender. Tres: ¿Para qué hacemos periodismo?

Investigación fotograma trailer Spotlight

Periodismo como factor de cambio social
[Texto: Samuel Segura]

En la facultad nos decían casi hasta el hartazgo que el periodismo no es un factor de cambio social. Que se limita a informar y hasta ahí. Recuerdo a Carlos Marín reiterando esta idea en alguno de los episodios [no recuerdo exactamente en cuál] del debate televisivo Tercer Grado. Que los periodistas no deben sentirse muy revolucionarios, que su chamba no tiene por qué repercutir, que no son mártires. Y eso tal vez sea cierto en un país como México. Uno ve la repercusión de investigaciones periodísticas como la de la casa blanca de Peña Nieto y uno se pregunta por qué este caballero sigue siendo presidente. Ni qué decir sobre los trabajos que han profundizado en temas como la desaparición forzada de los 43 estudiantes de Iguala, entre muchos otros casos que están documentados por el periodismo pero que no alcanzan a trastocar al poder.

¿Por qué no pasa nada?

Hace algunos meses tuve la oportunidad de conocer otra investigación periodística que innegablemente rememoré cuando vi la película Spotlight: El imperio financiero de los Legionarios de Cristo, de Raúl Olmos. En ella, el periodista desmenuza cómo fue que Marcial Maciel construyó su empresa religiosa sustentado no sólo en la fe y el apoyo divino, sino con la ayuda de empresarios, hombres del poder político y eclesiástico y demás complicidades. Este es un libro que Grijalbo publicó a finales del año pasado y que bien podría cimbrar, aún más, la congregación que presidió Maciel. Recordemos cómo a mediados de los noventa fue el periodismo quien develó los casos de pederastia en la congregación, y que de alguna forma ésta no volvió a ser la misma ante el ojo público [como muestra Spotlight en el caso que le concierne], aunque sus intereses y riquezas hoy sigan intactos. ¿Este libro conseguirá un impacto semejante entre los lectores? No lo sé, y esta película me hace dudarlo. ¿Por qué? Sí, por el contexto adverso que reina en México y porque aquellos que deberían conocer toda esta información simplemente la desconocen, no llega a sus manos. Me refiero a la ciudadanía. ¿Los ciudadanos están leyendo esos libros, comprando esas revistas con avidez, leyendo estos materiales en la red? Desde luego que los hay, pero Spotlight nos deja ver el impacto casi inmediato de una noticia entre la comunidad. La forma en que los testimonios salieron de las penumbras, escapando del miedo, tras la publicación del reportaje que inspiró este filme. Pero acá uno ve los esfuerzos del poder [político, religioso, del narco] por acallar estas investigaciones. He ahí el despido de Aristegui. He ahí los asesinatos a colegas. He ahí la complicidad de los grandes medios con los gobernantes en turno. Su silencio. Imagino imposible a estas alturas de la vida un trabajo semejante al de la unidad de periodismo de investigación Spotlight del Boston Globe en, por ejemplo, El Universal. O en Reforma. O en el diario que sea. Esta forma del periodismo, a la que llamamos periodismo de investigación, solo tiene cabida en revistas de largo aliento, en ciertos suplementos, en libros y en medios digitales. Sin embargo, sobre estos últimos, en algunos casos, apenas y pueden sobrevivir con sus escasos o nulos recursos. Una investigación como la que este filme muestra no pudo haber sido realizada por puro amor al arte. Tomando esto en cuenta, ni siquiera en los grandes medios es concebible la idea del periodismo de investigación: las condiciones laborales de los periodistas apenas y les permiten pagar la renta. En fin, que soy de los que piensa que el dinero no debe implicar una limitante [absoluta] para las cosas que uno desee hacer, y creo que lo necesario ante todo es valor y arrojo. Arriesgarse y comprometerse con la ética del oficio, con su fin último [según yo]: la búsqueda de la verdad. Cualidades que muchos colegas tienen, pero que se ven apocadas por ese contexto violento, hostil, impune, que tiene controlado al país. No existe un respaldo suficiente, ya no digamos financiero, sino moral, para el periodismo de investigación. Ni de los dueños de los medios, de los políticos, ni de los ciudadanos, estos últimos los más importantes. Me parece que hemos perdido su confianza al hacerle el juego al poder. Al hacer periodismo complaciente, al convertir a los medios en oficinas de comunicación social o reproductores de banalidades. Al mentir. Al pretender que el lector es estúpido. ¿Por qué pareciera que investigaciones tan loables como la de la casa blanca o la del imperio de los legionarios no consiguen ser factor de cambio? Porque los ciudadanos están lejos. A veces parece que hacemos periodismo para periodistas, para lucirnos, para posar. Si la gente lo lee o no, es lo de menos. Acá en Spotlight lo primero fue eso: llegar a la gente para repercutir. ¿Lo estamos haciendo, estamos llegando a la gente o sólo nos acariciamos entre nosotros? Por mi parte le he dado a leer a mi padre, ferviente religioso, el libro de Olmos. Veremos qué me dice, porque mi madre, ferviente religiosa, al ver Spotlight conmigo, expresó: que hijos de la chingada esos pinches curas.

Tráiler oficial:

Imágenes de portada e interiores: fotogramas de la película.


Redacción Kaja Negra
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  • Clara Salazar

    No cabe duda que uno de los retos que enfrenta el periodismo es precisamente el propio ego de las personas que escriben la historia, sin contar que en la época tecnológica cualquier persona con un celular cree que puede ser reportero vía redes sociales. En definitiva lo que destaca de la película “En primera plana” es la forma en la que aborda todo el labor periodístico frente a uno de los temas más controversiales que ha enfrentado nuestra sociedad y país. Una historia contundente, precisa y que a pesar de que mantiene en ocasiones un ritmo narrativo un poco lento mientras se desarrolla, es capaz de tocar esa fibra sensible y mostrar a la audiencia una nueva cara de los casos de pederastía que se suscitaron (la pueden revisar aquí http://mx.hbomax.tv/movie/TTL603385/En-Primera-Plana) También cabe destacar las actuaciones ayudaron mucho para que la película no pasara desapercibida.

    • Gracias por tu comentario, Clara. Sin duda es importante pensar cómo nos posicionamos los periodistas en tiempos como los que vivimos y cómo nuestro ego nos condiciona para hacer nuestro trabajo.


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