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Testimonios frente al temor: los días del gasolinazo

06 Ene, 2017 Etiquetas: , , ,

El 27 de diciembre de 2016, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público [SHCP] informó que los precios la gasolina y el diésel se incrementarían a partir del 1 de enero del nuevo año. La medida de inmediato motivó críticas, rechazo y protestas. Con el paso de los días, y a la par de marchas, bloqueos carreteros y tomas de casetas, en diversos puntos del país empezaron a registrarse saqueos a tiendas y centros comerciales. La tensión subió y tuvo un punto climático el 4 de enero pasado. Ese día, noticias falsas y rumores generaron temor entre la población de distintas ciudades. Esto no bastó para frenar las manifestaciones que se sucederían. Ante esta situación, el equipo de la Kaja inició este seguimiento, prestando particular atención a los testimonios que dan cuenta sobre lo que ha ocurrido en calles y colonias de la Ciudad de México y el Edomex. 

TEXTO: REDACCIÓN KAJA NEGRA / FOTOS: CÉSAR PALMA, LIZBETH HERNÁNDEZ Y MANUEL AMADOR

Escenas inusuales
Lizbeth Hernández

Una pregunta escapa de los labios de Isabel: «Y ahora, ¿cómo me voy a regresar a mi casa?» La pregunta la escuchan algunas personas que pasan por la Avenida Instituto Politécnico Nacional y la Calzada Ticomán cerca de las 15:30 horas. Este 4 de enero la cotidianidad en este punto al norte de la Ciudad de México ha sido interrumpida por rumores y la repetición de una frase: «Que dicen que no salgamos, que porque andan asaltando, así pasaron a decir al lugar donde trabajo», me cuenta la mujer que me ha ha pedido la identifique así: Isabel, y me explica que es costurera en un taller ubicado en la colonia Zacatenco. Debido al temor de que algo sucediera, la dejaron retirarse temprano. Isabel es una mujer de casi sesenta años. Luce nerviosa: «Me habló mi hermana para decirme que tenga mucho cuidado, pero yo no sé cómo está todo. No sé qué tiene que ver esto que dicen que están haciendo con lo de la gasolina». Me relata que una tienda ubicada a unas cuadras de su trabajo fue asaltada. Le pregunto si sabe algo más, si pudieron detener a los responsables. «Aquí cerca está el módulo de la policía, vaya, ahí que le digan mejor, y verá que no le estoy diciendo mentiras», me dice e insiste en su pregunta: cómo se trasladará a su casa. Teme abordar un microbús. Su preocupación es mayor porque su destino es Cuautepec, colonia de la delegación Gustavo A. Madero, en donde «la acción policial impidió que fuera saqueado un almacén de autoservicio, que previamente había sido cerrado. La cortina fue forzada y rompieron algunos cristales. En el interior se detuvo en flagrancia a una persona», según informó la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México. Después de unos minutos, Isabel logra parar un taxi y se despide. Entonces camino sobre La Rioja y observo comercios cerrados. La imagen inusual se repite. Llego al módulo de policía que me indicó Isabel, pero no hay nadie. Un Oxxo ubicado en frente ha dejado de dar servicio. Y los puestos instalados afuera del mercado están cubiertos por lonas. Me dirijo hacia el metro. Lo hago por Ticomán. Más comercios cerrados. Así lucen las farmacias y tiendas que están frente al mercado y el paradero Indios Verdes. Varios puestos ambulantes cercanos al puente peatonal también tienen sus rejas abajo. Algunos comerciantes hablan de lo que ha sucedido este día. Ha sido la misma dinámica del rumor: alguien llegó diciendo que cerraran sus puestos porque ya venían los vándalos de Cuautepec a saquear. Nada pasó.

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Para las 18 horas el tema de los saqueos y los rumores ha salpicado conversaciones en las calles y se discute en grupos de Facebook y cadenas de WhatsApp. Será hasta más tarde cuando tengamos datos sobre cómo surgió parte de la información falsa que ha circulado en redes sociales, pero en este momento el tema es el rumor y cómo no caer en él. Incluso se habla menos del mensaje que pronunció el presidente Enrique Peña Nieto horas antes, cuando tras presentar a Luis Videgaray y a María Cristina García como nuevos titulares de la Secretaría de Relaciones Exteriores y de la Secretaría de Cultura, respectivamente, se refirió por primera vez al incremento del precio de los combustibles, medida que ha motivado distintas protestas en el país [cierres carreteros, bloqueos, saqueos, marchas]: «No es una decisión fácil […] pero es para proteger la economía de las familias, que se vería seriamente afectada si no tomamos estas medidas», dijo Peña Nieto. También quedan un tanto relegados los análisis de quienes, como el articulista Mauricio Merino, consideran al «gasolinazo» como un asunto más complejo: «El año inicia con el espíritu de la revuelta. Demasiados abusos y demasiados errores. Una gota de gasolina derramó el vaso de la tolerancia social, pero la lista de los agravios acumulados es mucho más larga y lo peor es que el gobierno ha perdido la brújula, el control y los argumentos. No estamos frente a un problema público más. Esto no es una coyuntura difícil a secas, sino una situación social y política mucho más grave».

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Ahora me encuentro en la zona centro de la ciudad. Camino junto a César, editor de foto de la Kaja. Avanzamos con la siguiente ruta: Independencia-Avenida Juárez-Eje Central-16 de Septiembre-Francisco I. Madero-Isabel La Católica. Lo único que podemos confirmar es que distintos negocios cerraron temprano y hay menos transeúntes que de costumbre para esta hora: las 19:50. Solo en Madero vimos más paseantes: familias que caminaban y se detenían mientras sonaban canciones navideñas.

De regreso al Eje Central y cerca de Garibaldi, la noche parece semejante a cualquier otra. Los mariachis ofrecen sus servicios. Hay puestos de dulces con los focos encendidos. Sin embargo, más allá, al llegar a la Avenida Politécnico, el silencio empieza a crecer. Plaza Lindavista permanece abierta, pero no así el Superama. Tras cruzar la Calzada de Ticomán confirmo que la actividad se ha apagado, como poco a poco va ocurriendo con los rumores.

 

El 4 de enero

Todo cerrado en el camino de Plaza las Américas a Ciudad Azteca. No presencié ni un acto de vandalismo o violencia. [Gabriela Lozano]

En Verónica Anzures se cerraron negocios desde las 3:30 aproximadamente. No vimos policía pero hubo miedo entre los locatarios por un supuesto bloqueo a la torre de Pemex. A los empleados los dejaron ir más o menos a esa hora. Ahora estoy en la Narvarte y todo parece normal. En Azcapotzalco me contaron que hubo un intento de saqueo en una de las colonias. [Aldo Hernández]

Eje Central y Fray Servando están cerrando negocios que habitualmente cierran 7 u 8. Están pasando helicópteros. Vi a unos tipos en una banda de motonetas como organizando algo frente al Cine Teresa [hoy CentroCel]. Quise grabarlos pero ya sé cómo se las gastan y mejor no. [Pável Martínez]

Aquí en el centro pasaron los aguadores de los ambulantes diciendo que venían manifestantes saqueando comercios. No sucedió nada. [María Ese]

Nezahualcóyotl; recorrido a pie por las avenidas principales: López Mateos, Chimalhuacán, Av Neza, Av. México, Pantitlán, 4a Avenida, Bordo de Xochiaca. Situación en calma, poco tránsito vehicular, alguna gasolinera dando servicio normal, otras sí cerradas; sucursales de Elektra con aparadores protegidos por las cortinas. El Centro Comercial Ciudad Jardín en el Bordo operando de manera normal; también el Sams y Walmart aledaños dando servicio regularmente, hay bastante afluencia de gente, pero insisto en esa calma en las calles que sí es inusual, aunque no se ha percibido mayor afectación. De hecho hay varios tianguis de juguetes con motivo del día de Reyes que están teniendo sus actividades con normalidad. Eso hasta el momento. [Ramiro Téllez]

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Un camión lleno de hombres con barretas y pinzas corta alambre y demás se pusieron a cortar y abrir las cortinas alrededor de las 10 de la noche y cargaron una camioneta.  Los vecinos empezaron a meterse por cosas mientras algunos miraban asombrados. Fue mucha gente la que llegó con la mínima tranquilidad a llevarse las cosas. Es lo que vi hoy en la Avenida San Andrés, en Ecatepec: el Elektra destrozado y vaciado totalmente. Tomé unas fotos. Luego, subí y miré que el Coppel y dos tiendas de empeño estaban igual. Y más adelante en el Aurrera había personas que pasaban por cosas: refrescos, yogures, de los más tranquilo. A esa hora no había ni un policía, llegaron hasta las 9:30. También llegaron cuatro patrullas y un camión de basura para limpiar y a las 10:20 que regresé había muchas personas alrededor mirando y escasos policías acordonando, como lo pueden ver en las fotos. [Manuel Amador]

En la Avenida San Andrés, en Ecatepec, Estado de México. Foto: Manuel Amador.

Foto: Manuel Amador.

Foto: Manuel Amador.

Foto: Manuel Amador.

Foto: Manuel Amador.

Mi papá salió a imprimir algo que necesitaba. Cuando estaba imprimiendo llegó una señora que vendía quecas frente al internet a decirle que cerrara su cortina, que venían saqueando desde la colonia vecina los pequeños negocios. Mi papá terminó de imprimir encerrado en el ciber; cuando salió vio que todos los negocios estaban cerrando, entonces mucho se comentó en la calle que acababan de asaltar un Aurrera en Palomas, hacia Jardines de Morelos. Después corrió otro comentario de que estaban asaltando un tianguis a 15 minutos de la casa. Papá llegó en chinga a la casa, pero mamá estaba chambeando, así que papá le marcó a mamá. Mamá comentó que justo en ese momento se acababan de meter a una casa a robar a punta de pistola… entonces se extendió el miedo. Eso, según mi madre, lo vio con sus propios ojos. Por el miedo mamá y sus compañeras de trabajo se encerraron en la casa donde estaban trabajando y no salieron. Dice que estaban robando los puros celulares, o al menos eso vio que sacaron de la casa. Papá estaba histérico porque mamá tardó en responder el teléfono. Finalmente dejaron salir a mamá temprano de la chamba. Camino para la casa me comentó que iban tipos en motonetas cubiertos de la cara. Unos con máscaras. Total, que llegó con bien y estuvimos viendo noticias y leyendo notas por las redes. Todo tranquilo, pero en toque de queda. Nos encerramos y no salimos. Ya en la noche mamá quiso ver si de casualidad había alguna tienda abierta y en el camino vimos a muchos vecinos cercanos con un montón de cosas cargando: juguetes, pantallas, escobas, de todo. Luego en la tienda nos dijeron que acababan de saquear una mini Aurrera a dos cuadras de la casa. Total que toda la madrugada hubo mucho ruido en la colonia; mis vecinos de enfrente llegaban con una camioneta llena de cosas, la vaciaban y se volvían a ir. Hasta lamentablemente gente de la familia de papá estaba en eso. Eso sí, pasaban patrullas y no hacían nada. En la noche se escucharon disparos. Y algunas personas mencionan que a gente de cerca la estaban asaltando. O sea, acá hubo mucha histeria, pero sí vi con mis propios ojos eso del saqueo y mamá también [y papá]. [Nadia Yáñez]

En Atizapán rompieron los vidrios de un Chedraui, el cual hasta el día de hoy [6 de enero] sigue acordonado. Vimos también cómo estaban saqueando un camión de Coca-Cola, pero eso en Naucalpan. Los chavos que reparten la leche tenían miedo de cubrir la ruta de entrega de pedidos, justo en esos dos municipios del Estado de México, porque de por sí hemos vivido muchos atracos y pues otro más iniciando el año no queríamos. Además muchos locales, tienditas, estaban cerradas. Una amiga incluso renunció el miércoles por la tarde, porque le dio miedo que la mandaran a esas rutas. Me pareció una exageración, pero sé lo que es vivir con miedo todos lo días, cada que subes a un camión. [Álvaro]

En Cuautitlán Izcalli sí cerraron varios negocios. Las calles estaban muy vacías. Pero un hombre, trepado en su auto, iba con un altavoz diciendo que toda la información que estaba circulando en redes era mentira, que no hiciéramos caso y siguiéramos nuestras actividades. Yo no vi nada más, pero sí tengo la certeza que todo esto viene del gobierno, el de Eruviel, porque a nosotras [maestras] nos pide el sindicato que cuando él da su informe o algún mensaje nos tomemos una foto cuando lo estamos viendo en la tele: es una forma de que comprobemos que vimos sus mensajes, y esas imágenes se las enviémos al sindicato. [Amelia]

Íbamos a la Central de Abastos, en Iztapalapa, de nuestra casa en Tlalnepantla. Iba con mi esposa. Salimos temprano, antes de las ocho de la mañana, porque queríamos evitar el tránsito. No hubo tal. Pero lo que tampoco encontramos en el trayecto fueron gasolineras abiertas, ni una sola. Me preocupé porque con la que traía no nos iba a alcanzar, así que decidimos regresar. Mi esposa empezó a recibir muchos mensajes de WhatsApp de sus amigas, donde se alertaba de saqueos y robos; se espantó tanto que se comunicó con nuestra hija para que tuviera cuidado. Fue en el centro de Tlalnepantla donde encontramos una gasolinera abierta, cargamos y decidimos retomar el camino hacia la Central a realizar nuestras compras para nuestro negocio. Los mensajes no pararon. Uno nos impactó: era una imagen del ayuntamiento de Cuautitlán Izcalli que decía que a las seis de la tarde habría toque de queda. Cuando regresamos a casa, a las dos de la tarde, nos sorprendió ver el Elektra cerrado, al de la verdulería, al zapatero, la tortillería, también, y una quietud que no se vivía aquí desde hace mucho. [Jaime]

Los días de la desinformación
Xochiketzalli Rosas

Esa mañana, la del 4 de enero, la rutina diaria cambió. Había llegado a casa a las dos de la mañana; por eso no me levanté a las cinco como acostumbro para ir al trabajo, sino hasta las ocho. Por azares de una entrega de paquetería que no llegó a mi domicilio tuve que ir a recogerla al centro del municipio en el que vivo: Tlalnepantla. Un trayecto que normalmente me toma 20 minutos me llevó ocho. En las calles principales había poca gente y muchos locales, a pesar de que eran las 10 de la mañana, no habían abierto. Dos días antes, el 2 de enero, había estado en el mismo sitio por la tarde-noche y el ambiente era similar: los locales comerciales por las verbenas previas al Día de Reyes lucían con poca gente e, incluso, los locatarios me parecieron tristes. Esa noche demoré 30 minutos en encontrar transporte, situación en extremo rara por la zona, pues los autobuses, muchos, pasan constantemente peleando el pasaje.

Aún así, aunque todo esto me pareció extraño, no le tomé tanta importancia, como tampoco se la di a los locales cerrados de la nueva plaza comercial, a donde fui a pagar el plan de mi teléfono celular después de recoger mi paquete. En menos de una hora ya estaba en el centro de la Ciudad de México; el metrobús parecía tren bala y a los alrededores pocos eran los autos que le hacían competencia.

En ese trayecto sobre Calzada Vallejo, donde observé algunas gasolineras cerradas, recordé que la noche anterior, la del 3 de enero, al pasar por esa misma avenida a bordo del metrobús, vi un despliegue impresionante de patrullas, camiones de granaderos y elementos de seguridad desde las estaciones del Hospital de la Raza hasta Cuitláhuac. Le dije a mi acompañante que ese despliegue estaba rarísimo. Así que decidimos bajarnos en Cuitláhuac y le preguntamos a un oficial de tránsito qué era lo que ocurría. El uniformado dijo que estaban resguardando las gasolineras de la zona por las protestas en contra del alza de los precios de la gasolina. A la mañana siguiente varias estaban cerradas.

Una vez en la oficina de mi trabajo, mi celular sonó más que nunca. Era mi madre, quien todo el día me envió los mensajes e imágenes de WhatsApp que le llegaban alertando sobre los saqueos y atracos en el Estado de México; también mis familiares que viven en Estados Unidos me escribieron pidiéndome información: «Tú que eres periodista debes saber mejor qué onda». Les pedí calma e inicié un monitoreo en diferentes noticieros, radio, televisión, internet, redes sociales, llamando a quienes reportaban los disturbios para confirmar los dichos y sólo les mandé reportes de información confiable, verificada, que tuviera fuentes seguras.

Lo cierto es que la gente tenía miedo. Lo sentí en cada pregunta, lo vi en los rostros incrédulos.

Esa noche, cuando me fui a casa, miré las calles desiertas, sin autos, sin gente y apenas iban a ser las nueve de la noche.

Walmart de Nativitas sobre la Calzada de Tlalpan. Foto: César Palma.

A menos que nos lleve la turba iracunda
Samuel Segura

Pero al llegar no había nadie.

Todo cerrado, en las calles había una quietud que ya quisieran las madrugadas de este lugar.

Eran las ocho treinta de la noche.

Horas antes, al mediodía, salimos de Ecatepec, mi padre y yo, hacia la Ciudad de México. Íbamos en su auto. En el cruce donde se encuentran la Vía Morelos y la salida de la autopista México-Pachuca, en el camino que lleva al metro Indios Verdes, comenzaron a desviar los vehículos.

—Está bloqueado —les decía un policía federal a los automovilistas para que tomaran esa curva-puente que lleva hacia el metro Carrera. Nos tomó un rato más llegar a esa estación, y ya ahí, a bordo, la gente no dejaba de hablar sobre lo cabrón que estuvieron las cosas en sus respectivos barrios, sobre saqueos, vandalismo y demás actos de rapiña que alguien les había dicho.

Horas más tarde, me llamó mi padre con insistencia:

—Ten cuidado al volver, se puso fea la cosa, dicen que van a venir los saqueadores.

—¿Los qué?

—Los saqueadores. Ya están cerrando todo por acá.

—¿Pero quién dijo eso?

—Es lo que están diciendo… Ten cuidado.

Pero al llegar, a las ocho treinta de la noche, no había nadie.

Salvo una tienda, inesperadamente abierta.

—¿Todo bien? —le pregunté al tendero luego de pagarle unos cigarrillos.

—Sí, cerramos un rato, pero como vimos que se calmó la cosa, volvimos a abrir.

____

A la mañana siguiente fui hacia unos tacos de guisado que se ponen frente a una gasolinera que está muy cerca de aquí, en la colonia Vallejo, al norte de la ciudad.

—Se puso bien feo en Cuitláhuac, atracaron todos los Oxxos de ahí y unas tiendas —me dijo quien me servía un taco de papa con queso y arroz—. Acá junto al Soriana, en la tienda de ropa del pasillo, les quebraron un vidrio.

Luego llegaron otros clientes y también comentaron que por sus rumbos se había puesto feo el asunto.

—¿Y a ustedes cómo les fue ayer? —le pregunté a la misma persona, quien sabía lo que sabía por sus familiares.

—Bien, nos fuimos temprano.

Le pedí un café bien cargado, y caminé unos pasos hacia una de las personas que atendían en la gas.

—Buenos días, ¿cómo le fue ayer?

—Bien —dijo, seco, un poco desconfiado aquel hombre.

—¿Nada de atracos?

—No, cerramos temprano.

—¿Y hoy?

—Hoy también, no vaya a ser.

El día parecía normal, quizá un poco menos ajetreado que otros, con poco tránsito pero con gente abordando constantemente los camiones que llevan al Centro. Volví a casa con el café escurriéndose en mis manos y traté de dormir. Desperté ya en la tarde, con la encomienda de visitar el Walmart Tepeyac, que también me queda muy cerca. Habría una movilización a las siete de la noche, según anunciaron. Salí unos minutos antes de casa, y aproveché para conversar con algunos locatarios. A la mujer de la tienda de la esquina le pregunté cómo le había ido. Dijo que bien, y que como las otras tiendas, cerró. Varios pasos más adelante les formulé la misma pregunta a los taqueros que llevan varias décadas despachando sobre la avenida Robles Dominguez. Bien, dijeron, también habían cerrado. El de las tortas no sabía, el día anterior había sido su día de descanso.

Caminé por Calzada de Guadalupe con la esperanza de ver algún grupo de manifestantes, o un grupo cualquiera caminando, pero sólo vi a los caminantes que podría haber visto cualquier otro día. Llegué al Walmart y ahí sí, aunque es común que esté repleto, había mucha más gente que siempre. A pesar de los letreros de «Aquí no se permite el ambulantaje», había globeros por ahí vendiendo su mercancía para que las cartas de Reyes llegaran a salvo en el cielo turbulento del que de pronto emergió un helicóptero con su luz perseguidora.

Había policías en todas las entradas, tanto del Walmart como de la plaza. Me acerqué a uno:

—Buenas, oficial, ¿sabe si ayer atracaron aquí?

—No, afortunadamente —me dijo, sonriente y amable.

—¿Y hoy esperan que pase o…?

—Es un operativo de prevención para resguardar la seguridad de los ciudadanos.

Le agradecí y caminé por el pasillo. Muchos niños y preocupados padres de familia. Más globos. Vi a un sujeto con traje, de esos de seguridad de la empresa, y le pregunté a qué se debía tanto policía:

—Es un operativo de prevención —me dijo, no tan sonriente ni tan amable como la persona anterior.

—¿Esperan que pase algo hoy?

—Estamos preparados por si pasa.

—Supe de una manifestación que vendría…

—Manifestación… puros delincuentes. ¿A poco está bien que vengan a robar la mercancía?

—No, de ninguna manera… Bueno, le agradezco.

—Oiga, ¿y por qué me pregunta? —me cuestionó, naturalmente suspicaz. Le iba a decir que porque era un ciudadano y vecino consternado por los acontecimientos, pero preferí decirle la neta.

—Reportero, eh… ¿Viene con esos de allá? —y señaló a un grupo que vislumbré antes de acercarme a él. Luego el hombre continuó—: Si quiere tomar fotos o lo que sea, tiene que darse toda la vuelta, ir a la oficina [de no sé qué me dijo] para que le tramiten su permiso.

—No se preocupe —respondí—. A menos que nos lleve la turba iracunda sacaré la cámara.

Me despedí de él y de otro guardia encapuchado [y a pesar de eso visiblemente malencarado] que estaba a un lado suyo y caminé hacia los colegas. Venían de UnoTV, Milenio, El Universal, según me dijeron y según sus gafetes que colgaban de sus ropas. Me contaron que algunos de ellos llevaban ahí desde las cinco de la tarde. Otros acababan de llegar, como yo. Tenían sus cámaras de video y fotográficas listas, pero lo único que grabaron, y eso solo uno de ellos, fue al helicóptero que pasó con su enorme lámpara encendida. No hubo noticia y pronto se fueron. La manifestación no ocurrió a pesar de que algunas personas se acercaron al grupo para preguntar si había pasado algo [la gente NECESITA saber], y a pesar de que una joven pasó corriendo y dijo:

—¡Ahí vienen!

—¿Quiénes? —alcancé a decirle.

—A los que esperan…

____

Pero no vinieron. Me senté en la lejanía de una banqueta, iluminado por un puesto de tacos de alambre y demás. Hice algunas llamadas. Esperé por si acaso, pero no. Fue que pasó un grupo de policías. En ese momento se pusieron de acuerdo para recorrer las calles. Me acerqué a uno de ellos, el que se disponía a ordenar algo del puesto, y le pregunté:

—Buenas, oficial, ¿pasó algo?

—Por ahora no, pero estaremos en operativo toda la noche.

—¿Y ayer?

—No, pero para eso estamos, para proteger a la ciudadanía. No es justo que esos criminales se lleven las cosas de las familias este día de Reyes. Ya localizamos algunos grupos [y señaló hacia las calles aledañas] que podrían intentar algo. Si lo hacen los vamos a detener, ya los conocemos, si lo hacen los vamos a detener y a remitir frente a la autoridad competente —me dijo muy amable y sonriente, aún más que el primero con el que conversé.

Le agradecí, le deseé buen provecho y me alejé, de vuelta a casa. En el camino pasé a una tienda por un frasco de café. Quien atendía me contó que también había cerrado el día anterior, pero que en éste no hubo necesidad. Que los mismos policías le habían advertido que cerrara. Se quejó y dijo que sentía que los habían dejado a él y a diversos comerciantes de la redonda a su merced; que seguro eran cómplices, que todo era un juego del gobierno. Y que por avaricia no iba a permanecer abierto aunque fuera la única tienda: lo que podría ganar también podrían robárselo.

Nos despedimos de un apretón de manos.

—Cuídate mucho, carnal, que está cabrona la cosa —dijo al final.

Foto: Lizbeth Hernández.

8 de enero, ¿por qué marchar en domingo contra el gasolinazo?
Lizbeth Hernández

El cielo gris poco a poco permite que se filtren los rayos de sol. Casi a la misma velocidad un grupo de personas apostadas en el Ángel de la Independencia empieza a organizarse. «¿Qué quieren hacer?», se preguntan. Exponen algunas propuestas: marchar hacia el Zócalo aunque ya no haya más manifestantes ahí [eso se cree en un primer momento] o permanecer en el Ángel de la Independencia y, una vez que se abra la circulación tras el cierre del paseo dominical Muévete en bici, rodearlo para que quienes pasen por la zona vean que están protestando. Ya después, les dice un hombre, podrán definir si desean realizar otra acción, como protestar pacíficamente en alguna gasolinera. «Cada quien decide qué es lo que quiere hacer», insiste. Las personas prestan atención. Algunas se animan a comentar y proponer. «Lo importante es hacerlo juntos», dice Nieves Gallardo, una mujer que llegó desde las 11 de la mañana a este punto de la Ciudad de México para reiterar su rechazo al incremento de los combustibles, que entró en vigor desde el 1 de enero de este 2017.

Los manifestantes parecen tomar una decisión: la de rodear el Ángel y aguardar a otro grupo que, dicen, llegará a este mismo lugar alrededor de las cuatro de la tarde, pero alguien más toma el micrófono y les informa que a las 14 horas estudiantes de la UNAM y el IPN se concentrarán afuera de Palacio Nacional. Faltan pocos minutos para entonces, por lo que el grupo de ciudadanos cambia de opinión y se enfila para sumarse a los jóvenes.

«Hay que tomarnos de los brazos, ir unidos», pide Nieves Gallardo. El dueño de la bocina y el micrófono se acomoda y el contingente de casi cien personas se aglutina y empieza su recorrido. Policías de tránsito forman una hilera al costado izquierdo y caminan a su paso.

Los gritos de las personas que recién se organizaron no van coordinados al principio, pero sonarán fuerte y más unificados conforme avanzan sobre Reforma. Son hombres, mujeres, jóvenes y adultos mayores de distintos lugares del país. Muchos de ellos no se conocían entre sí hasta este día. ¿Por qué decidieron salir a protestar este domingo?

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Mi nombre es Lucio Trucios. Soy originario de Veracruz pero vivo en la Ciudad de México desde el año 2001. Me vine a manifestar porque considero que es una obligación como ciudadano decirle al gobierno que estamos hartos de tanta corrupción, de tanto mal gobierno, de la ineptitud de nuestros gobernantes y de la falta de visión para frenar situaciones de crisis. El incremento a la gasolina es una situación fuerte, pero considero que no es lo más importante. El presidente apoyó a una serie de personajes corruptos para que llegaran al poder y fueran gobernadores: ahí está el de Veracruz, el de Chihuahua, entre otros. Él [Enrique Peña Nieto] dijo que eran el nuevo PRI, que eran una serie de valores jóvenes, que estaban contra la corrupción, lo cual es una gran mentira. Y no olvidemos el conflicto de intereses que él ha tenido al asignar obras importantes a grandes empresarios que le hacen favores. Por lo tanto, yo ya no creo en él ni en su gabinete. Por eso, sí es correcto que estemos manifestándonos como pueblo en contra de aquello con lo que no estamos de acuerdo. Esta es la primera manifestación en la que participo. Eso sí, la gente no tiene por qué hacer saqueos, eso no es correcto.

Mi nombre es Silvia de La Peña. Yo la verdad vengo con mi esposo [Lucio]. Él venía con la idea de manifestarse y al principio me pareció que era medio descabellado porque yo pienso que es una locura lo que de repente la gente hace, eso de cerrar las calles, de quemar cosas, de afectar a terceros. La verdad es que venimos solitos, no venimos con ningún contingente o partido. No buscamos afectar a nadie. Solo queremos que nuestra voz se escuche.

Silvia de La Peña y Lucio Trucios. Foto: Lizbeth Hernández.

Mi nombre es Vicente López Pacheco. Yo vengo de Ecatepec, Estado de México. Estoy aquí por el desacuerdo del aumento a los combustibles, que realmente es algo que nos perjudica a todos los mexicanos en general. Y también exigimos la renuncia del presidente Enrique Peña Nieto porque ha hecho todas las cosas mal. Nos han hecho creer que todo está bien pero nos estamos dando cuenta de que todo marcha negativamente. Yo felicito a todas las personas que se dan el tiempo y tienen el valor de manifestarse. Las que se quedan en casa nomás a darle like a las noticias de las marchas pues deberían saber que ese no es el fin. Estamos aquí luchando por el futuro de nuestros hijos. Nosotros como quiera estamos de paso, pero estamos perjudicando el futuro de nuestros niños. Porque ellos nos van a decir: si pasó eso en su momento y pudieron hacer algo, ¿por qué no lo hicieron? Sobre los saqueos, las personas que estamos muy adentradas sabemos que los saqueos son otro engaño más del gobierno, que está queriendo hacernos creer que debemos dejar de luchar.

Me llamo Nieves Gallardo. Yo vengo de la zona de Indios Verdes. Esta es la segunda marcha contra el gasolinazo en la que participo porque ya estoy harta de tanta injusticia en nuestro país, porque nos está pegando en lo de la canasta básica. Yo soy una persona desempleada, lo poquito que yo gano haciendo otras cosas la verdad ya no me alcanza. Y estoy hasta la madre de que el gobierno nos esté robando y se preocupe nada más por los altos funcionarios mientras el pueblo está hundido en la pobreza. Yo quiero dejarle un país digno a mis nietos. He seguido las noticias [sobre el gasolinazo] por internet, en feis. También he vivido lo de los rumores, [el miércoles 4 de enero] yo iba por el mercado [en Cuautepec] cuando empezaron a gritar que ya venían, que ya venían [a saquear] y toda la gente empezó a correr, estaban asustados. Y que quede claro, yo no vengo de ningún partido, soy ciudadana, y estoy luchando por mis hijos y los de aquellos que no quieren despertar. Si Peña Nieto quiere ayudar que empiece por bajar sus sueldos, los de sus diputados y senadores, el de él mismo. A ver si puede vivir con la indemnización que le dan a los trabajadores.  

Nieves Gallardo. Foto: Lizbeth Hernández.

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El contingente sigue su marcha y solo la interrumpen brevemente cuando notan la presencia de la periodista Carmen Aristegui a unos pasos de la calle Milán, frente al Senado de la República. Entonces suenan gritos de «¡Aristegui, Aristegui!». La periodista accede a tomarse fotos y selfies con varios manifestantes. «¡Marcha con nosotros!», le piden. Parte del equipo que la acompaña dice que ella debe seguir trabajando. La marcha retoma su curso hacia el Zócalo. Al llegar al Eje Central, los policías de tránsito les indican a los caminantes que deben transitar por 5 de Mayo, pero el grupo se va hacia Madero; el corredor peatonal está lleno de paseantes que interrumpen la normalidad de su domingo al ver al contingente. Algunos hacen arengas de apoyo. Poco después el grupo ingresa al Zócalo y camina hacia Palacio Nacional. Ahí están los estudiantes del IPN y de la UNAM, quienes hacen una pausa en su mitin para darle la bienvenida a este grupo de ciudadanos.

El acto se prolonga varios minutos. Los jóvenes dicen que sabrán estar a la altura de las circunstancias que enfrenta el país. Toman la palabra estudiantes universitarios, de posgrado y de preparatoria. Uno de ellos es enfático: «El gasolinazo es solo la gota que derramó el vaso», pero, señala, no es el único problema de un país que «ataca a sus maestros y desaparece a sus estudiantes».

Foto: Lizbeth Hernández.

Foto: Lizbeth Hernández.

Foto: Lizbeth Hernández.

Poco antes de concluir anuncian acuerdos: se invita a las personas a compartir información sobre el gasolinazo a sus vecinos, a que participen en asambleas [los estudiantes tienen una serie de reuniones programadas para esta semana], a seguir participando en marchas u otras acciones, a no quedarse quietos. 

Nieves Gallardo se cubre del sol y permanece afuera de Palacio Nacional escuchando, atenta. Otras personas que marcharon a su lado se han dispersado; algunas caminan entre los estudiantes y entre quienes se han sumado de último momento. La protesta acaba y se canta un fragmento del himno nacional. El sol que se abrió paso permanece un rato más.

9 de enero: «No solo es el gasolinazo…»
Lizbeth Hernández

 


* Este trabajo se actualizó el 9 de enero de 2017, 
cuando se modificó la imagen de portada, el sumario, 
y se agregó el último apartado con fotografías.
* Volvió a actualizarse el 12 de enero, cuando se agregó el video final.


Redacción Kaja Negra
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