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Todos somos el cártel

23 Jul, 2015 Etiquetas: , ,
El documental Tierra de Cárteles (Cartel Land, 2015) dirigido por
Mattew Heineman, tiene como eje las historias de las autodefensas
en Michoacán y la Arizona Border Recon, dos formas de resistencia
‘autónomas’ frente al narcotráfico y la violencia imperantes en México.
El filme ha generado distintas lecturas y reacciones. Esta es una de ellas.
TEXTO: SAMUEL SEGURA

Nadie tiene escapatoria. Nadie está a salvo de las ráfagas mortales que cruzan la calle durante la noche. Y que matan a alguien. A algunos. Esas que se escuchan cuando se trata de dormir. Esas que se miran como relámpagos a través de las ventanas, pero que no se sabe de dónde provienen, o de qué arma. Nadie está a salvo de los cuerpos colgados de los puentes que aparecen en la mañana, rumbo al trabajo, fotografiados por los periódicos, con los cuellos quebrados por el peso del cuerpo, la saña en cada una de las heridas que hay en la cara, el torso, las piernas: antes de colgarlos los torturaron, se piensa, pero nadie sabe, con certeza, qué fue lo que en verdad pasó: al final todos son “narcos”, al final todos son “ajustes de cuentas”. Y esa será siempre la respuesta de la autoridad: dirán que aquella es una guerra librada por delincuentes, y que las víctimas también lo eran y que ellos luchan, luchan por mantener el orden. cartelPero nadie tiene escapatoria. Por el hecho de ver esta película en internet y no pagar un boleto del cine. Por el hecho de haberle dado alguna vez un toque a una mota. Por haberle dado una mordida al policía. Por haber hecho aquella insignificante falta administrativa, de esas que se alimenta el monstruo de la corrupción, aquel que combaten los poderosos desde sus giras por Francia. Uno observa a los dealers de la esquina, los saluda, les dice buenas tardes, piensa en cómo la viven en la calle, nomás drogándose, y se lamenta, y piensa que por eso andan “en malos pasos”, pues no hay de otra en esta tierra de cárteles, y piensa en aquello que aquel libro periodístico de Marco Lara, Extorsión, plantea: esto que vivimos a diario, justamente, es uno de los círculos del infierno. Uno de los tentáculos inmensos de ese monstruo lovecraftiano al que hemos llamado Crimen organizado. Aquel imbatible, porque cuando la sociedad ha buscado, por sus propios medios derrotarlo, finalmente fracasa. Cuando se organiza, fracasa. Es demasiado grande, es demasiado cruel. Y se devora todo. Abarca no sólo la venta de drogas, sino el secuestro, la piratería, la trata de personas, de animales, el mercado negro, y también el mercado legal, ese que lava el dinero sangriento. Devora todo. Se devora a aquellos que desde la frontera norte de México, en Estados Unidos, buscan salvaguardar la integridad de sus ciudadanos cazando migrantes, mulas, esas personas que son usadas para pasar droga al otro lado. Se los devora también porque al final aquellos son apenas un eslabón del comercio más importante entre ambos países. Más que el petróleo. Se devora a quienes, desde Michoacán, a través de la figura de un líder carismático, hoy preso por posesión de armas del ejército y quién sabe cuántos más crímenes, luchan. Se devora a ese doctor, médico, que se dirige a sus vecinos y les propone defenderse de la violencia implacable, de la que no deja vivir tranquilo, de la que pesa cada noche, cada día, cada hora, cada metro, cada centímetro de aquel lugar poseído por demonios que no se tientan el alma que nunca tuvieron para meterle veneno de ratas a las drogas que cocinan o cuando se trata de matar: de pegar un tiro, de cortar una cabeza. Los devora porque a pesar de las buenas intenciones y la organización, el Crimen organizado ha expandido ya sus cimientos muy profundamente, muy lejos, y cortarlos de raíz significa cortar al país entero. Porque todos somos el cártel. No hay quien no tenga algo que ver, no hay quien no tenga una mínima responsabilidad sobre su accionar, no hay quien no haya sido su víctima o su cliente alguna vez. Sus negocios se expanden hasta el puesto de quesadillas de la esquina, aunque la cumbre sea el presidente de esta república fallida, aquel que deja libre al capo más buscado del mundo y donde nadie protesta por eso, y todos se ríen, al fin ese no es nuestro problema. Es en esta tierra de cárteles que uno se resigna, o se da cuenta, al menos, de que todo está perdido; uno mira la profunda oscuridad que alberga cada uno de los espacios que hace mucho abandonamos. Ese al que llamamos México, el que a veces nos enorgullece, el que es hermoso por sus tierras, por sus ecosistemas, por sus tradiciones, ese espacio ha sido devastado por una guerra cuya cabeza visible, el Crimen, el Cártel, somos todos y que, como en algún momento dice esta película, jamás podremos detener.

Trailer oficial:

 

Imágenes en portada en interiores: fotograma y cartel oficial de la película.


Samuel Segura
Samuel Segura
Obrero de la palabra escrita. Depósito de cadáveres. En Twitter: @samuel_segura_



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