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Tomar las calles a un año de Ayotzinapa

29 Sep, 2015 Etiquetas: , ,

Miles de personas se sumaron a los familiares y compañeros de los 43 normalistas desaparecidos desde el 26 de septiembre de 2014 en su reclamo de justicia. ¿Cómo se vivió esta jornada de protesta a un año de los hechos? ¿Qué opinan ciudadanos que han visto la lucha de estas familias? ¿Qué sigue para el movimiento por Ayotzinapa?

TEXTOS: AÍDA CASTRO, XOCHIKETZALLI ROSAS Y LIZBETH HERNÁNDEZ
FOTOS: AÍDA CASTRO, SAMUEL SEGURA Y CÉSAR PALMA

“Sembremos la semilla de la libertad en los jóvenes”
[Texto y fotos: Aída Castro]

“Hoy el cielo llora. Mañana sangra la luna en la tierra. 43 semillas crecen, será el sol de la justicia”, se lee en el cartel que cargó la escritora Elena Poniatowska, quien marchó el 26 de septiembre al lado de miles de mexicanos indignados por la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

Ese día se cumplió un año de su ausencia, que se suma a la de 25 mil 230 personas más en todo el país, de acuerdo a lo informado por el diario El Universal el 2 de septiembre. Estas cifras contrastan con las publicadas en el libro Ni vivos, ni muertos de Federico Mastrogiovanni, quien señala que “son más de 27 mil desapariciones, según datos difundidos por la Secretaría de Gobernación a principios de 2013”. Mientras que el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública reporta 25, mil 918 personas no localizadas, hasta el 31 de julio de 2015.

Casi a las cuatro de la tarde la vanguardia de la marcha, que partió a las 12:30 de la Calzada de Chivatito, llegó al Zócalo capitalino. Estos padres y madres luchan por recuperar a sus hijos, no se han cansado, como sí lo hizo el entonces procurador Jesús Murillo Karam, en la conferencia de prensa del 7 de noviembre de 2014, en donde informó sobre el curso de las investigaciones.

El 26 de septiembre de hace un año, a esta hora, estos hombres y mujeres aún no sufrían la angustia, ni la desesperación e impotencia por la desaparición de sus muchachos, que estudiaban para ser maestros normalistas. Ni tampoco habían escuchado al procurador Murillo afirmar que la “verdad histórica de los hechos” señalaba que estos habían sido quemados en el basurero municipal de Cocula, por órdenes del crimen organizado, como lo dijo el 27 de enero de 2015.

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Al cruzar Bucareli, donde inicia la avenida Juárez, se encuentra una escultura de acero negro creada por Manuel Felguérez llamada Puerta 1808, inaugurada el 21 de octubre de 2007. La base que sostiene la escultura fue “intervenida” durante la marcha por una persona anónima que le pintó la frase: “Que no te coman la cabeza”, la cual, después, fue borrada por los servicios de limpieza de la ciudad.

En los contingentes que marcharon se escucharon voces en contra de las injusticias, de la impunidad, a favor de la dignidad, del respeto a la vida y de construir un país mejor:

“Siempre he estado en contra de las injusticias”
Lourdes Rodríguez, maestra jubilada.

Lourdes Rodríguez, maestra jubilada.

Cerca de la obra de Felguérez estaba la maestra jubilada Lourdes Rodríguez, quien se cubría de la lluvia al lado de un puesto de periódicos y miraba a los contingentes que se dirigían al Zócalo de la ciudad. De saco azul y chaleco beige, se protegía del viento y el frío que se dejó sentir esa tarde. Me acerqué a ella porque su rostro reflejaba pesar. Interrumpí sus pensamientos.

—Buenas tardes, ¿por qué participa en la marcha?

—Porque siempre he estado en contra de las injusticias, he sido maestra. Ahora estoy jubilada y desde 1957 he protestado contra todas las injusticias. Tengo hijos, pero los desaparecidos no fueron mis hijos, pero también lucharía por ellos.

—¿Qué piensa de nuestro gobierno?

—Que es incapaz, ¡no!, más que incapaz, sí saben lo que hacen, engañan a la gente. Lo terrible es que están manipulando a toda a través de la televisión, que los hace más estúpidos porque no abren un libro, viven viendo televisión y algunos sí se creen todas las mentiras. Yo pienso que son deshonestos, que hay una gran impunidad. La verdad el pueblo está bastante mal. Por eso hacen lo que quieren en un país tan rico, con gente tan linda, tenemos todo para ser un país, si no de primer mundo, no del quinto como somos. Pero el raterismo, porque no se puede llamar de otra manera, la impunidad, es lo que ha llevado a este país a un abismo terrible. Es muy doloroso, yo soy muy mayor y siento lo que pasa, lo que va a pasar con las nuevas generaciones.

—¿Qué mensaje daría a los papás de los 43 desaparecidos?                  

—Que ojalá ellos no se vendan, porque ya es doloroso ver que luego algunos decepcionan, que están luchando por algo y luego…, ojalá con la dignidad que han demostrado sigan adelante, porque los hijos no tienen precio.

“No son mis hijos, pero si fueran tus hijos también los buscaría”
Isabel, ama de casa.

Isabel, ama de casa.

Agradecí su tiempo a la maestra y seguí mi andar por avenida Juárez. Afuera del Museo de Memoria y Tolerancia, ubicado casi enfrente de la Alameda Central, la entrada se encuentra cubierta con tablones de madera. Ahí leí un letrero que decía “Qué por qué los busco? ¿Qué si acaso son mis hijos? 43 No, no son mis hijos, pero si fueran tus hijos también los buscaría”. Me acerqué a la mujer que lo sostenía entre sus manos y le pregunté su nombre

—¿Cómo se llama?

—Isabel.

—¿Isabel qué?

—Nada más Isabel.

—¿A qué se dedica?

—A la casa.

—¿Por qué vino a la marcha?

—Para apoyar.

—¿Tiene hijos?

—Tengo hijos, pero no tengo hijos desaparecidos. Igual buscaría a los de cualquiera porque es una angustia como madre no saber cuál es el destino de tus hijos. Si te dicen que están muertos pues ya te tienes que resignar pero si tienes la incertidumbre… la hay porque el gobierno es un corrupto, no queda más que luchar, luchar aún por los que no son nuestros hijos.

—¿Qué mensaje le daría a los papás de los estudiantes desaparecidos?

—Que sigan adelante, que los apoyamos, tienen mucha gente que los apoya, que no crean en el gobierno en las promesas que les puedan hacer, porque solamente va a darle largas.

—¿Qué opina de nuestro gobierno?

—Que es corrupto, que no es el gobierno que nosotros merecemos, que no lo elegimos a él.

“Ellos  nos dan un mensaje de dignidad y respeto a la vida”
Raúl Escobar, trabaja en una asociación civil.

Raúl Escobar, trabaja en una asociación civil.

Seguí sobre la avenida Juárez. Cientos de sombrillas e impermeables de colores desfilaron a mi lado. La gente cargaba banderas negras y pancartas en las que se leían las frases: “Ayotzinapa, crimen de Estado”; “No te creo #PeñaAsesino”; “Para el gobierno que miente, un pueblo consciente. Ayotzinapa, crimen de Estado”; “Ayotzinapa de Iguala, cárcel a los culpables”.

Sobre la misma avenida, casi en la esquina de la calle de Dolores, miré al señor Raúl Escobar, con su impermeable gris (que medio lo protegía del ya casi aguacero). Junto a él estaba un letrero que llevaba escrito: “También fue el Ejército”. Después de conocer su nombre le pregunté en dónde trabajaba.

—Soy empleado en una asociación civil.

—¿Por qué vino a la marcha?

—Porque es un sentimiento de solidaridad que debemos de tener los mexicanos que hoy viven los pobladores de Ayotzinapa y los normalistas en particular.

—¿Qué opina de las investigaciones de las autoridades?

—Creo que ya se derrumbaron todas las teorías que sostenía el gobierno. Con el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ya quedó claro que no se tiene la certeza de que estén muertos.

—¿Los expertos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos deben de permanecer o irse?

—Creo que deben de permanecer, son las instancias internacionales más altas. Si ellas se van se reduce esto a nivel nacional, sabemos cómo se manipula la información en las instituciones dependientes del gobierno.

—¿Qué mensaje le daría a los padres de los normalistas desaparecidos?

—¿Qué mensaje les daría? ¡No! ¿Qué mensaje nos dan ellos a nosotros los mexicanos? Ellos nos dan un mensaje de dignidad y respeto a la vida, sobre todo de los jóvenes que van a construir un país nuevo y van a construir un país mejor y si permitimos que estas atrocidades se repitan pues la esperanza en el futuro es totalmente desoladora.

A las cinco de la tarde entré a la plancha del Zócalo. Frente a Palacio Nacional estaba el templete de los oradores que participaron en la Marcha por la Indignación Nacional. Detrás de éste se encontraba un camión rodeado de jóvenes. Uno de ellos traía puesta una camiseta negra que en su espalda llevaba escritas unas frases del fundador de la Escuela Normal de Ayotzinapa, la cual lleva su nombre. “Sembremos la semilla de la libertad en el campo virgen del corazón de los jóvenes. (…) El deber es enseñar a nuestros alumnos a ser libres. RAÚL ISIDRO BURGOS”.

Entre ellos estaba Fredy, de 19 años, quien también estudia en esta escuela, construida en 1930, que funciona como institución de educación superior, con modalidad de internado. Se encuentra ubicada en Guerrero y hoy es conocida a nivel mundial no sólo por tener egresados de las Licenciaturas en Educación Primaria, Educación Física y Educación Primaria con Enfoque Intercultural Bilingüe, como se lee en su página electrónica. Si no también por la ausencia de 43 normalistas que desaparecieron hace un año y hoy no hay certeza de su paradero.

“Que si el gobierno sabe dónde los tiene que los entregue”

Ahí, justo frente a Palacio Nacional, cerca de las cinco de la tarde la lluvia no había parado y me acerqué a Fredy, de 19 años, originario de La Esperanza, municipio de Chilpancingo de los Bravo, en Guerrero y aceptó compartir un poco de su historia. Me comentó que antes de entrar a estudiar se dedicaba al campo con sus padres, quienes cosechan garbanzo, frijol y ajonjolí. Hace un año había intentado entrar a estudiar a esta normal, pero no lo logró porque no era fácil mantenerse.

Me explicó que vino a acompañar a los padres de los normalistas, por la desaparición de sus compañeros y la educación en México dijo: “No estuvo bien lo que hicieron los policías al llevárselos, porque hay tantos delincuentes que hacen cosas y no los detienen a ellos. Los policías tienen más miedo a un estudiante que a un delincuente”.

“Nosotros sabemos que el gobierno sabe dónde están pero no quiere darlo a conocer. La educación no está muy bien en el país por la corrupción que hay en donde quiera y el maltrato a los estudiantes”, concluyó el normalista, quien no permitió tomarle fotos.

A las seis de la tarde, al finalizar los discursos en la plancha del Zócalo capitalino, se escucharon las voces que enumeraron a cada uno de los normalistas desaparecidos hasta llegar al 43. La gente empuñó el puño izquierdo y gritó: “¡Justicia!”

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Las calles vivas
[Texto: Xochiketzalli Rosas / Imágenes: Samuel Segura]

No es viernes ni son las 20:35 de la noche. No es 26 de septiembre de 2014, pero hay a quienes, entre los gritos “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”, se estremecen como si alcanzaran a escuchar el eco de las balas, las pisadas presurosas de escapatoria de aquella noche de hace 365 días. Y no dan tregua. No se detienen, avanzan despacio en la marcha del #DíaDeLaIndignación, a un año de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

A las 13:30 de la tarde, la vanguardia de la marcha con los padres de los 43 guiando los pasos de todos tiene hora y media que dejó atrás la zona de arranque en las inmediaciones de Chivatito y el Auditorio Nacional, y la retaguardia avanza lenta en el arranque. Los últimos contingentes, principalmente universitarios (UNAM, UAM, UACM, ITAM, Ibero, Colmex), se van integrando para formar la enorme cola estudiantil que ruge con goyas y huelums, y las consignas que han retumbado por aquellas calles durante los últimos 12 meses con una exigencia: Justicia.

Hay dos vallas de hombres y mujeres, en su mayoría, a los lados de todo el contingente, que no se le despegará en todo el camino. Todos visten camisas, impermeables o chamarras de color amarillo. Son parte de los 3 mil 500 elementos de la policía de tránsito que el Gobierno del Distrito Federal desplegó para que resguardaran la marcha y el Estadio Azteca por el partido Chivas vs América que se disputaría aquella tarde. Están de pie, quietos; algunos observando el mar de gente que avanza frente a ellos; otros tomando fotos, y unos más comiendo los tamales oaxaqueños de los varios triciclos que los venden y avanzan con la marcha.

El cielo gris amenaza con estallar en cualquier momento.

43

"Cuarenta y tres maneras de decir 43" / Samuel Segura.

Mientras el contingente avanza por los carriles del Paseo de la Reforma a la altura del Museo Tamayo, una mujer camina sobre la banqueta a menos de un metro de distancia de los policías de tránsito, y cada tres o cinco pasos se detiene y se coloca frente a uno y le muestra el cartel que lleva en las manos. Le pide que mire su cartulina. Es un proverbio: “El hombre malvado se enreda en sus propias mentiras, pero el hombre justo sale bien del apuro”. El amarillo lee todo el mensaje.

―¿Lo leyó todo? ―le inquiere la mujer.

El hombre asiente.

―¿Lo entendió? ―le pregunta de nuevo.

El hombre vuelve a asentir.

La mujer se retira. Camina otros tres o cinco pasos y se para frente a otro policía y se repite la escena. Así, uno a uno va mostrando su mensaje a los policías, que sólo quitan la vista del contingente para mirar aquel pedazo de cartón.

¿Por qué está haciendo eso? Porque ellos también son ciudadanos y también deben estar informados para proteger a los que venimos a esta marcha, me dice la mujer.

Mientras que un bloque de manifestantes con una bandera color negro y embozado, que se insertó entre los contingentes estudiantiles, lanza cohetones y humo púrpura y rojo, la lluvia comienza a caer. Lenta, como un llanto quedo. Los manifestantes sacan sus paraguas e impermeables; son apenas unos cuantos los que abandonan la marcha. El resto lanza más fuertes las consignas: un canto que se mezcla con el agua que golpea el pavimento. Y sólo se sabe que la lluvia ha arreciado cuando los anteojos no permiten ver al frente o cuando la ropa húmeda pesa en la piel.

Entonces los amarillos se juntan. Ya no los separan los tres o cinco pasos del inicio; caminan unos tras otros, pisándose los talones. Una de las vallas comprimidas camina sobre la banqueta, a un metro de la marcha, principalmente a un costado del bloque negro; otra de las vallas lo hace por la lateral de Reforma, donde se encuentran los comercios: Oxxo, Extra, Farmacias del Ahorro, Bancomer, Starbucks, hoteles. En cada una de sus puertas asoman uno o dos policías de la bancaria e industrial.

Cuando los integrantes del contingente del bloque negro hacen pintas, primero a monumentos, parabuses, y luego a la sede del Senado, que es resguardada por la policía federal como otros edificios federales, los amarillos no deshacen su valla y sólo observan. La otra cerca de policías, la que se encuentra al otro lado del Senado, va recibiendo uno por uno un papelito. Es un hombre que va repartiendo a cada policía de tránsito con el que se encuentra un trozo de papel. Los mira al rostro cuando se los entrega y, a algunos, les estrecha la mano, les sonríe e, incluso, llega a intercambiar algunas palabras. Todos los policías de tránsito lo miran y luego leen.

“Fundación Malchedael. Brindamos ayuda humanitaria a familias de policías caídos en el cumplimiento de su deber, pensionados y jubilados con discapacidad o enfermedad adquirida”, tiene impreso con tinta negra el trozo de papel.

El hombre no deja a ningún policía sin aquella información.

Al inicio de la marcha una pareja de guerrenses, que también vinieron a protestar, hizo referencia al despliegue policial.

―Fíjate que estos policías se ven decentes ―dice el hombre, al mirar las vallas de amarillos desplegadas.

―Tienes razón, no se ven corruptos como los de allá ―le responde la mujer, refiriéndose a los policías de Guerrero.

Todos seguimos caminando bajo la lluvia. El contingente no se ha roto ni la valla de los policías. El Zócalo capitalino cada vez parece más cercano. Allá ya inició el mitin, los padres ya tienen el micrófono: “hace un año, a esta misma hora, nuestros hijos no sabían que iban a morir”.

Mientras unos embozados rompen los cristales de una cafetería y un restaurante de comida rápida en avenida Juárez, los últimos marchistas de la retaguardia pasan por el Antimonumento +43, sobre los charcos que ha dejado la lluvia, una laguna rojiza parece emanar del monumento custodiado por milpas de maíz; la tinta roja de una consigna que el llanto del cielo diluyó para teñir las calles de rojo sangre, como la de hace 365 días.

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Después de Ayotzinapa
[Texto: Lizbeth Hernández / Timelapse: César Palma]

La lluvia se detuvo. Son las 23:33 horas del 26 de septiembre de 2015. En Avenida Juárez, en el centro de la ciudad de México, se combinan silencios y música de fiesta. Tres personas observan una cartulina mojada que está colocada en el Hemiciclo a Juárez. En ella están escritas una serie de cifras:

“43 + 57, 472 muertos x la violencia desde sep 2012. 3 mil 725 mujeres desaparecidas en 3 años…”.

Los números plasmados en la cartulina dan cuenta, también, de otras violencias: la feminicida, la ejercida contra periodistas y contra menores de edad. Es un resumen escueto que denuncia la crisis de derechos humanos que vive en México desde hace varios años. Una crisis que se había señalado pero que tras el 26 y 27 de septiembre de 2014, cuando fuerzas policiales atacaron a estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero, dejando 6 muertos, 40 heridos y 43 víctimas de desaparición forzada, cobró dimensiones mayúsculas que llevaron a expresar: “Fue el Estado”, “es el Estado” para referirse al responsable de crear las condiciones (socioeconómicas, políticas) e incluir a los actores (funcionarios de distintos niveles de gobierno municipal, estatal y federal) que hicieron posible que esos ataques se llevaran a cabo.

Ahí mismo, en el hemiciclo, están colocadas pancartas con los rostros de los normalistas que están desaparecidos desde hace un año.

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Afuera del Auditorio Nacional distintos contingentes se alistan para marchar. Organizadores dan instrucciones sobre el orden en que se acomodarán: primero estará el de los padres y madres de los 43 desaparecidos, seguido por el de alumnos de la Normal de Ayotzinapa; enseguida irán integrantes del magisterio, luego los de movimientos sociales y de organizaciones de la sociedad civil, después los estudiantes y al final ciudadanos de a pie.

Es una marcha multitudinaria. Miles de personas han vuelto a salir a las calles de la ciudad de México para acompañar a los familiares de los normalistas, hoy, a un año de los hechos. El recorrido transcurre sin mayores contratiempos. El día es gris. Llueve. Hace un año también llovió en Iguala.

Durante la movilización se escuchan los gritos: “¡vivos se los llevaron, vivos los queremos!”, “¡no están solos!”, “la verdad histórica se convirtió en la mentira histórica”, “…41, 42, 43, ¡justicia!”. Abundan pancartas que repudian a quienes han hecho caso omiso a las demandas del esclarecimiento del caso. Se increpa al presidente Enrique Peña Nieto, al exprocurador Jesús Murillo Karam. Se pide a la prensa “que diga la verdad”. En Twitter y Facebook, redes que han sido clave para mantener en la agenda el caso, se posicionan hashtags como #Ayotzinapa1año, #AyotzinapaUnAño, #DíadelaIndignación.  

La manifestación cierra en el Zócalo. La lluvia no para. Tampoco los familiares de los 43, quienes en esta misma semana, en este mismo lugar, realizaron un ayuno de 43 horas para continuar su protesta. Muchos manifestantes se retiran y otros ahí permanecen ahí.

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Familiares y compañeros de los 43 desaparecidos y de los 3 asesinados han insistido mes a mes en su demanda de justicia y pleno esclarecimiento del caso. ¿Por qué los atacaron? ¿Por qué de esa manera? Son algunas de sus preguntas.

La presentación del informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos (GIEI) de la CIDH marcó el inicio de una nueva etapa en el curso de las investigaciones, a casi un año de los ataques, al desacreditar la versión oficial que Jesús Murillo Karam, entonces titular de la Procuraduría General de la República (PGR), presentó en enero de este año. El informe del GIEI también representó un respiro para los familiares de los 43, quienes confían poco en la manera en la que la PGR hace sus avances. Y a quien reclaman, por ejemplo, “pruebas irrefutables” de la identificación de los restos de los normalistas Alexander Mora Venancio y Jhosivani Guerrero de la Cruz.

Aunque el presidente Enrique Peña Nieto ha insistido en que está “del mismo lado” que los padres y madres de los 43, con quienes se ha reunido dos veces en 365 días, éstos han dicho que no es así, que Peña Nieto ha hecho caso omiso a sus exigencias.

El caso sigue sin resolverse.

Sobre Ayotzinapa se ha publicado mucha información, artículos, libros, ensayos, datos sueltos y filtraciones que buscan decir qué pasó esa noche. Lo cierto es que a un año de los hechos sobran pendientes y preguntas: ¿Qué motivó el ataque? ¿Si no fueron incinerados en el basurero de Cocula, dónde están? ¿Se hará justicia?

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Omar García es uno de los sobrevivientes de los ataques de aquel 26 y 27 de septiembre de 2014. Platicamos brevemente el 21 de septiembre, días antes del primer aniversario del caso. El eje de la charla no es que haga un recuento de lo que vivió hace un año. Se trata, más bien, de mirar un poco a futuro, de tratar de entender qué ha sido Ayotzinapa y la lucha que él, junto a otros estudiantes y familiares de los desaparecidos y asesinados han emprendido:

—¿Cuál es tu reflexión a un año de los hechos? ¿En qué tendríamos que poner atención? ¿Cómo dimensionar el caso?

—Creo que este movimiento es un reflejo de lo que está pasando en México. De los problemas graves. No solamente de la violación de los derechos humanos. Nosotros no estamos hablando solamente de desaparición forzada, no estamos hablando solamente porque nos pasó. Estamos hablando de problemas que se relacionan con otros y que tienen su causa en el sistema. En el régimen político del gobierno de nuestro país. Por eso nuestra reflexión es que  la gente tiene que identificar en este movimiento [Ayotzinapa] a su movimiento. Sugerirle. No se trata de apoyarlo con despensas ni con dinero, eso es lo de menos. Ni tienen que ver en nosotros los factores de cambio o los agentes de cambio porque no lo somos, no somos más que una parte de ese movimiento. Queremos contribuir a que estos acontecimientos [los ataques, la desaparición forzada] no se repitan y esto solo ocurrirá cambiando el sistema de gobierno. Ha sido difícil plantearlo. La gente no lo entiende. Muchas organizaciones no lo entienden porque están acostumbradas a la lucha sectorial. A la lucha gremial. No ven más que lo que ellos quieren como grupos de individuos. Entonces, para un problema tan grave [el sistema de gobierno] se necesita el concurso de todas las fuerzas, de todas las fuerzas políticas y de todos los planteamientos políticos. Y ver en qué coincide cada uno de ellos. Lamentablemente no ha sido posible en gran medida, pero en buena medida sí ha sido posible. Es un proceso muy lento pero que sí nos gustaría. Aunado a encontrar a nuestros compañeros.

—¿Cómo explicar las dificultades que ustedes y la gente que está buscando a personas desaparecidas han tenido?

—Es nuestra búsqueda también. ¿Por qué incorporamos al resto de movimientos? ¿Por qué incorporamos la participación de artistas, de intelectuales, de sacerdotes incluso? Porque queremos encontrar la forma de que la gente aprecie en este movimiento algo con qué identificarse, que no sólo vean la lucha por los desaparecidos sino que también vean que les conviene, por decirlo así, decir: “estoy con los padres de Ayotzinapa porque no sólo están luchando por los desaparecidos, sino por los empleos, por el territorio, estoy con ellos porque también están con la Guardería ABC, porque quieren cambiar al país. Estoy con ellos porque saben que la economía va para abajo, porque las reformas estructurales nos afectan a todos”. ¿Cómo hacerlo? Pues en gran parte de ahí viene nuestra intención de incorporar a la lucha a gente de los diferentes sectores.

—¿Cómo todo lo ocurrido, es decir, Ayotzinapa, ha cambiado tu ideología? ¿Qué has reforzado? ¿Qué has puesto en duda?

—Nosotros ya teníamos claro que estábamos en una situación no favorable. Aquí en México hay una oligarquía nacional aunada a la internacional que despoja, que aplica políticas neoliberales, que practica la represión en todas sus expresiones: desde el hostigamiento hasta la desaparición forzada. Los asesinatos, los presos políticos… todo eso ya lo teníamos claro. Hasta el momento no hemos puesto nada en duda porque eso lo hemos vivido en carne propia, y le hemos enseñado un tanto a la gente a tomarlo en cuenta. Lo que ha puesto en duda mi ideología, si es que la ha puesto en duda, más bien es el dogmatismo que hay en las organizaciones sociales, el aferramiento que hay en las formas de lucha. La poca creatividad que hay en el pueblo mexicano. Están claros los objetivos: cambiar, pero los cómos y los qué cambiar son el problema. Y entonces es ahí donde te das cuenta que falta mucho más que concientizar a la gente; falta mucho más que sensibilizar. Hace falta que la gente se informe, estudie, adquiera una noción de la realidad social, una noción de persona que es capaz de organizar, de traducir lo que está viendo, de elaborar alternativas. Eso es lo que falta en México, no basta con enterarse de algo.

—¿Cuáles son los retos que tú ves para ustedes y la sociedad mexicana a partir de este primer año de los hechos? ¿Cuáles serían los pasos que ustedes tienen contemplados?

—Te digo, nosotros no somos ni los jesucristos, ni los profetas, ni los salvadores. Eso tienen que entenderlo, en primer lugar. Nosotros somos todos. Con nuestros aciertos y desaciertos, pues. Somos pueblo y el pueblo es torpe, desorganizado, ignorante, eso somos nosotros también. ¿Cuáles son los pasos? Pues empezar a ir más allá de la sensibilización, empezar a brindar información, discusiones, plantear, hacer que la misma gente plantee. De hecho, yo lo he dicho varias veces: los movimientos tienen un error, la mayoría de los movimientos se victimizan demasiado y entonces lo apoyas por lástima o caridad. Este movimiento no es de esos, no tienes que apoyar a los padres, a los estudiantes por caridad o porque “ay, pobrecitos”. Nosotros vamos a buscar llevar un buzón de sugerencias para que nos digan qué piensan de este movimiento, cómo piensan que tendríamos que hacerlo. Porque el apoyo real es ese, el de un planteamiento sobre qué hacer, cómo hacerle. Decir: ¿qué me sugieres hacer? Ya no quieres que realice marchas, ¿qué harías tú en mi lugar? O tú, organización social que criticas al gobierno, ¿cómo gobernarías tú? Y no estoy diciendo que hay que pasar de la protesta a la propuesta porque tampoco se trata de proponerles a ellos cómo nos tienen que chingar. Sería la misma chingadera.

De hecho, yo lo he dicho varias veces: los movimientos tienen un error, la mayoría de los movimientos se victimizan demasiado y entonces lo apoyas por lástima o caridad. Este movimiento no es de esos, no tienes que apoyar a los padres, a los estudiantes por caridad o porque “ay, pobrecitos”. Nosotros vamos a buscar llevar un buzón de sugerencias para que nos digan qué piensan de este movimiento, cómo piensan que tendríamos que hacerlo. Porque el apoyo real es ese, el de un planteamiento sobre qué hacer, cómo hacerle.

—¿Cuál es tu crítica sobre cómo los medios han abordado su lucha? ¿Qué tanto ha beneficiado o complicado su causa?

—Yo creo que en principio benefició porque la mayoría de medios nacionales e internacionales difundieron la noticia de qué había pasado el 26, después empezaron a alinearse, a dividirse, algunos continuaron hablando del problema, algunos tomaron la línea de estigmatizarnos, de criminalizarnos. Nosotros entendemos eso, pero han jugado un papel importante: primero para que se sepa, segundo para que se discuta el problema. Ayotzinapa se ha mantenido vivo, a veces más, a veces menos. Es un tema porque es un problema que no está resuelto.

—Ante el rumbo que están tomando las investigaciones, tras cumplirse el año, ¿cuáles son las exigencias clave que ustedes mantienen?

—La presentación con vida de nuestros compañeros. En tanto no haya prueba contraria, nosotros vamos a seguir manteniendo esa demanda y garantías reales de no repetición. Hacia Peña Nieto, que los expertos se queden de manera indefinida, dado que son los únicos que han arrojado más luz a esta investigación. También que se abran dos fiscalías: una para continuar la investigación y la búsqueda, y otra para enjuiciar a todos aquellos responsables, no sólo del acontecimiento sino de la investigación llena de irregularidades que hubo.

Omar se retira del café. Días después, en la marcha para conmemorar el primer aniversario de Ayotzinapa, estará ubicado en la Estela de Luz. Pedirá que los manifestantes permitan el avance de la vanguardia de la marcha. Caminará con sus compañeros. Con los familiares de ellos, de los 43.

Time-lapse del #DíaDeLaIndignación / César Palma.


Redacción Kaja Negra
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