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Tras la pista de una bici robada

02 Jul, 2015 Etiquetas: , , ,

Se estima que cada día se roban diez bicicletas en la ciudad de México. A David lo despojaron de la suya. Él decidió recuperarla. Esta es la historia de la denuncia de un delito al que autoridades dan poca importancia, pese a su aumento.

TEXTO E INFOGRAFÍA: CÉSAR PALMA

Y ahí estaba David Rodriguez, un lunes (13 de abril), a las seis de la tarde, en la agencia del Ministerio Público de la delegación Benito Juárez, entre funcionarios, oficiales y secretarias que a cada tanto le pedían repetir la historia para asentarla en papel o en computadora. Hora tras hora hasta que el expediente iba tomando forma, compuesto por declaraciones y evidencia, factura y fotografías.

No sucedió mucho después de tres horas, sólo se creó un documento para solicitar a la cervecería lo que David quería desde el inicio: el video tomado por la cámara de seguridad. El paso siguiente para saber quién y cómo le habían robado su bicicleta.

***

Los sujetos llegaron sobre la calle de Pitágoras. Caminaron de norte a sur sobre la acera en la que se encontraba la bicicleta blanca, acomodada en el biciestacionamiento de una cervecería ubicada en la colonia del Valle. Eran las catorce horas con cincuenta y nueve segundos.

Desde metros antes uno de ellos, el delgado de playera negra y jeans, abrió la mochila preparando el alicate. Su acompañante, corpulento, de gorra y jeans, extendió las manos sobre la bici para sujetar la cadena con firmeza, facilitando la maniobra que finalmente partiría la protección y les permitiría llevársela. La cadena cedió en menos de cinco segundos.

David Rodríguez, el dueño de la bici, se percató del robo cuando salió del establecimiento. Solicitó auxilio policial, telefoneó durante diez minutos para solicitar una patrulla, pero ninguna se aproximó.

Habían pasado cuarenta minutos.

Primero se molestó. Se lanzó contra el personal de la cervecería. Creía que ellos debían hacer algo. Les pidió la videograbación, pero le dijeron que estaban imposibilitados, que el acceso a las cámaras de seguridad estaba limitado al gerente.

Finalmente la unidad policial arribó al Cuadrante S-1.2.14, que abarca desde la calle Matías Romero al norte y hasta el sur con la avenida San Lorenzo; al oriente Divisón del Norte y al poniente Aniceto Ortega. Una zona tranquila donde los perros pasean junto a sus dueños, los vecinos se cortan el cabello, los comercios ofertan análisis clínicos o vestiduras de piel, también bicis. Durante las tardes hay vida en la cuadra, la cervecería recibe decenas de personas, el transito de avenida Universidad sonoriza el paisaje, los peatones desfilan continuamente. Los habitantes aseguran que no han presenciado ningún robo de bicis, aunque están enterados que sucede en la colonia, sobre todo en la Mega Comercial Mexicana de Enrique Rébsamen, a dos cuadras de la cervecería.

Una vez que los elementos de la policía llegaron al sitio procedieron con las preguntas obligadas: cómo era, de qué color, qué marca, cómo fue, viste algo, etc… A todas y cada una respondió David Rodríguez. Tenía esperanzas de que algo pudiera suceder; sin embargo, tan sólo a los primeros minutos de contacto con las autoridades, uno de los policías exclamó sin empacho: “Sí, debes denunciar todos los delitos, pero no le van a dar prioridad a un caso de robo de bicicleta. Entonces, tú verás”.

Era una bici entre cientas o miles que han sido robadas en la ciudad. Un dueño más que quería recuperarla mediante las instancias de gobierno. Una entre las diez que se roban por día. Una denuncia entre el puñado que se realizan por este tipo de robo (sólo el 30% de los robos termina en denuncias, según la PGJDF). Una bici que no es prioridad. La tercera que se llevan en la calle de Pitágoras.

Captura de pantalla del mapa de @BiciAyuda_

Captura de pantalla del mapa de @BiciAyuda_

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La visita al Ministerio Público duró mucho y ofreció poco. David decidió agotar todas las posibilidades, una de ellas era a través de Internet. Sabía de grupos y personas que se dedican a difundir información de robos, de agravios o denuncias relacionadas con el ciclismo. Reportó el delito y pronto aparecieron las respuestas por parte de la comunidad ciclista. Desde quienes preguntaban por más información, que fuera preciso en los detalles, hasta quien sólo replicaba la publicación.

Infografía Robo de bicis en DF. Por César Palma

La bicicleta de David parecía irrecuperable en el mar de datos. Por ejemplo, si uno recorre las publicaciones del grupo de Facebook “Bicicletas robadas en México”, las denuncias, si no diarias, son semanales, incluyen todo tipo de bicicletas, precios y zonas donde fueron robadas. Desde la colonia Roma hasta la Facultad de Ciencias de la UNAM. Bicicletas valuadas en pocos miles de pesos hasta productos exclusivos. Las modalidades de robo varían: en algunas el delincuente troza la cadena sin ningún esfuerzo (como le sucedió a David); hay quienes asechan al dueño hasta despojarlo de su bicicleta; y otros que entran a las casas o estacionamientos, o tiran al ciclista mientras rueda y suben la bici a un coche de escape.

Funcionarios, autoridades y ciudadanos han manifestado que el robo de bicicletas va en aumento. Pero no hay certeza de las cifras, ya que varían debido a distintos factores: la denuncia ante las autoridades no se realiza, no se sabe cómo realizar o simplemente los dueños recuperan sus bicis alternativamente; por ejemplo, durante un paseo en el tianguis, leyendo publicaciones o visitando sitios de ventas; o cuando están en manos de las autoridades.

Además el tema se toma en cuenta sólo si existen políticas específicas para este medio de transporte, es decir, si las autoridades consideran relevante el asunto o no. De lo contrario es difícil que exista seguimiento al asunto, aseguran los creadores de BiciAyuda_, una cuenta que divulga información sobre robos vía Twitter, además que gestionan uno de los mapas más completos sobre el delito en el Distrito Federal.

mapabiciayudadf

Mapa general de robos en la ciudad de México y área conurbada

En busca de otras opciones, muchos ciclistas optan por la denuncia vía internet, la cual tiene mayores posibilidades de visibilidad, de alcanzar personas interesadas por el mismo tema y, en el mejor de los casos, de recuperar información adicional que permita localizar la bicicleta.

Algunas bicis han retornado a su dueño gracias a otros ciclistas que se han encontrado con ellas en algún mercado o tianguis. Si tienen suerte la recuperan pagando un precio menor, o notifican a las autoridades,  o se las arrebatan nuevamente.

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Un día después de la denuncia que David hizo, el 14 de abril, pudo ver el video que registró el robo de su bici. Las imágenes no provenían de la solicitud que hizo al Ministerio Público: fue la cervecería misma quien le mostró la grabación; ellos se comunicaron con él a través de Twitter probablemente por la presión que habían ejercido sus publicaciones sobre el asunto, deduce David. Por el contrario, los funcionarios denotaban desinterés. Tampoco considera que hicieran mal su trabajo, pero notaba falta de energía y voluntad por recuperar la bici.

 Momento en el que un par de hombres roban la bicicleta de David. Cortesía del entrevistado.

Pero David tenía evidencia contundente. Podía ver el rostro de los sujetos; suficientes características para que la policía averiguara a fondo. No obstante, no pasó nada durante trece días. El siguiente avance en la investigación fue propiciado y comunicado, nuevamente, por la cervecería.

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El par de hombres, junto con otras personas, se acercó al estacionamiento una vez más. Rondaron las bicis, las observaron, permanecieron un momento en el sitio para después abandonarlo. Policías estaban detrás de ellos. Fue una carrera hasta cierto punto exitosa: sólo detuvieron a dos sujetos, pero a uno de ellos lo buscaba David. Las autoridades no le notificaron a David este hecho. La cervecería sí, en seguida de la detención. El joven se apresuró para llegar al Ministerio Público y una vez ahí supo todos los detalles en voz del gerente del establecimiento. La historia parecía aproximarse a una feliz conclusión: la denuncia estaba hecha desde hace un par de semanas, existía un video donde eran identificables los sujetos, había documentos que probaban a David como dueño de la bici y finalmente el detenido aceptó el delito. (La otra persona detenida fue liberada pues, a pesar de que huyó, nunca robó nada, ni tampoco estaba siendo investigado por las autoridades, a diferencia de su compañero.) No obstante para el Ministerio Público las pruebas eran insuficientes y dudosas. Incluso uno de los policías le expresó a David que dejarían libre al individuo porque fue atrapado “no haciendo nada”. El titular de la policía de investigación del Ministerio Público desestimó los elementos en contra del delincuente. Se dirigió a David como si su acusación fuera absurda. Lo cuestionó: “Cómo era posible que se base en el video si usted no estaba ahí, si usted no lo grabó, si usted no lo vio, pudo haber sido otra [persona], pudo haber sido a otra hora…” El joven salió de ahí sin bici, sin garantías de obtener algún tipo de justicia y con cinco horas gastadas en una oficina indiferente al ciclista.

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David buscó alternativas para no dejar el asunto inconcluso. Organizó todo lo que podría fortalecer su caso: los documentos, los nombres de los funcionarios involucrados y las declaraciones hechas al respecto: que soltarían al responsable y que el video que tenían como prueba no era suficiente. Se dirigió a la contraloría ciudadana para exponer su queja y así obtener una solución ante la determinación de las autoridades. Pero a pesar de sus acercamientos a tales instancias no sucedió mucho hasta que la información comenzó a circular en las redes. Entre los mensajes que difundió David estaban los nombres de los funcionarios públicos que lo habían atendido en el MP. Cuando regresó ahí, quince días después (28 de abril), el reclamo de los funcionarios no esperó. El titular de investigación le dijo: “Oye, ya hasta vi que publicaste el nombre y no se vale porque estamos aquí tratando de resolverlo…” No se estaba resolviendo mucho, pero el efecto de la denuncia pública había surtido efecto, asegura David. En esta ocasión el análisis de su caso fue más rápido: era un delito menor (robo menor a 50 salarios mínimos), sin violencia y había una confesión. Las autoridades se apresuraron por primera vez para solucionar el problema. Determinaron aplicar los procedimientos del Nuevo Sistema de Justicia Penal, el cual contempla llegar a acuerdos para resarcir los daños, cuando es posible, a pesar que nadie allí, en el MP, tenía idea de cómo hacerlo. David no sabe si aplicaron bien la ley: todos preguntaban por aquí y por allá, ni siquiera había hojas de papel para llevar a cabo el procedimiento… Su caso inauguraba el sistema en aquel Ministerio Público, le aseguraron los funcionarios. Como pudieron lo echaron a andar. Las más de dos semanas de investigación, papeleo, archivo; las más de ocho horas en esa oficina, los más de dos mil pesos del valor de la bicicleta, se resumieron al perdón que le otorgó David al acusado, además de aceptar el dinero equivalente a la factura. Pero hasta hoy David no sabe dónde está su bici.

Imagen de portada: Las cebras, by Feref García-Flickr-CC BY-NC-ND 2.0


César Palma
César Palma
Editor de fotografía en Kaja Negra. Si alguien tiene que fotografiar al presidente, al papa o a mi abuela, ése quiero ser yo. En Twitter: @LittleChurch_ Correo: cesar@kajanegra.com




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