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Tres mujeres

15 Abr, 2016 Etiquetas: , ,

Este breve acto dramático pone en escena a Bernarda, Alicia y Josefina. Tres mujeres que conversan. Sobre la cotidianidad y sus problemáticas, sobre las pequeñas acciones que marcan su existencia. Su charla, alegre, pícara, se suscita en ese momento clave para las familias mexicanas, ese donde se pueden tocar desde los temas más irrelevantes hasta los de vida o muerte: la hora de la comida. 

AUTOR: CÉSAR PALMA / ILUSTRACIÓN: ADRIANA AUSTRIA

Personajes: Tres mujeres: una madre y sus dos hijas.

Lugar: Una cocina tradicional mexicana.

(Bernarda y Alicia conversan.)

BERNARDA: ¿Vas a comer, mamá?

ALICIA: ¿Tú vas a comer?

BERNARDA: Ay no puede ser. Si no como yo tú nunca comes. Tienes que aprender a que no siempre te vamos a acompañar. Tienes que comer aunque estés sola. Tienes que cuidarte, si no otra vez se te va a subir el azúcar. Aprende a estar solita, mamá. A ver pues, vamos a comer. Deja te caliento. Por cierto, ¿cómo te fue hoy? Te saliste bien temprano y no dijiste a dónde fuiste. Nada más  te tomaste un jugo y un plato de fruta que había ahí. Cuídate. No vas a andar en la calle así nada más, qué tal y si te desmayas. Ay, mamá.

ALICIA: Ya no me regañes, hija.

BERNARDA: Es que te pasas… ¿Está bien así o te sirvo más?

ALICIA: Así está bien. Un poquito más de arroz nada más.

BERNARDA: ¿Cuántas tortillas te comes?

ALICIA: Dos, hijita, con dos estoy bien.

BERNARDA: Entonces ya voy a apagar la estufa, si quieres más me dices. Yo sí tengo mucha hambre, comí muy poco en la mañana y no voy a esperar a mi viejo…

(Entra Josefina a la cocina.)

JOSEFINA: ¿Qué haces mamá? Hola hermana.

BERNARDA: ¿No quieres comer carnala? Un poquito, ándale te sirvo.

JOSEFINA: No hermana, gracias. Estoy bien llena, acabo de comer.

ALICIA: Ándale, échate un taquito aunque sea.

JOSEFINA: No mamá, estoy bien así, no tengo hambre.

ALICIA: Ándale, no seas payasa, nunca quieres comer. Estamos aquí, ya está calientita la comida y hay tortillas, ándale.

JOSEFINA: ¡Ay mamá! Eres bien necia. No quiero.

ALICIA: Está bien, siéntate aunque sea. Agarra una silla. Está riquísimo el molito, nos quedó muy bien, verdad, Berna.

BERNARDA: Sí está bien rico, pensé que iba a estar muy picoso, pero no. Quedó muy bien.

ALICIA: Pruébalo hija. Mira. Un taquito.

JOSEFINA: Mamá, que no quiero. Siempre es lo mismo. ¡Cómo mueles! Parece que no entiendes que no es no

BERNARDA: Ya déjala mamá, si no quiere no importa. Te pasas también tú.

ALICIA: Ni que la estuviera obligando, nada más la estoy invitando a que coma. Siempre viene y no quiere comer…

JOSEFINA: ¡Qué exagerada eres, mamá! Si siempre que vengo como contigo, luego te invito a mi casa o salimos a comer, no digas que nunca comemos… No seas mentirosa, mamá.

ALICIA: ¿Entonces por qué no quieres comer ahorita? ¿Qué te cuesta?

JOSEFINA: Que no tengo hambre, no me cuesta nada, pero no quiero comer.

ALICIA: Bueno, ya no te voy a decir nada, no comas si no quieres.

BERNARDA: Ya mamá, no quiere. Eres bien especial, te pasas.

ALICIA: Bueno pues, está bien.

BERNARDA: ¿Cómo estás carnala? ¿Cómo estás?

JOSEFINA: Bien, muy bien, pero ando encabronada…

BERNARDA: ¿Por qué? ¿Qué pasó?

JOSEFINA: Nada, que este cabrón anda en las mismas…

BERNARDA: Otra vez te peleaste…

JOSEFINA: Sí. Pinche pedernal, ya me tiene hasta la madre.

BERNARDA: Se pasa de veras, ya ni la friega…

JOSEFINA: Ya sé, cada semana es lo mismo. Pura pinche parranda. Cada ocho días pedo. No se cansa el muy idiota. Se chupa todo el dinero y luego está como pendejo pidiendo dinero. Me da mucho coraje porque luego veo las fotos que sube a internet, disque con sus amigos en Cuernavaca, muy pinche arreglado y de lentes, pero conozco su pinche cara de borracho. Me da ganas de escribirle que primero vaya a limpiar todo el pinche piso que huele a cerveza… Es que no te conté, pero desde hace dos semanas no se iba el olor a cerveza; busqué y busqué, pero no sabía de dónde venía el olor, hasta que me di cuenta que eran los sillones, una botella enterrada entre los espacios, toda la cerveza ahí apestando la sala… Se pasa…

ALICIA: Tú tienes la culpa, Josefina. Ya sácalo, que se haga responsable. No es posible que no te pueda apoyar, siendo el hombre. Ya está viejo, pero no le pones un alto. Él abusa porque no le dices nada…

JOSEFINA: Pero sí le digo mamá, pero no me hace caso. Ya no puedo. El hijo de la chingada no entiende. Se gasta todo su dinero y luego ahí está como pendejo pidiendo. De qué le sirve andar tan bien pinche arregladito y no se qué, si luego no tiene ni donde caerse muerto. Pero sí le digo cosas, y ya no le estoy dando nada. El papel, el papel de baño se lo quité, no sé cómo se limpia, pero yo guardo mi papel. Nunca se ha dignado para comprar ni un pinche papel.

BERNARDA: Sí da coraje. Está bien apoyarlos si no tuvieran trabajo, pero sí tienen. Yo no digo que se les deje solos, pero que aporten a las necesidades.

JOSEFINA: Este cabrón no pone nada, ni un peso. Si vieras cómo anda como perro buscando en la cocina. Yo ya no le hago de comer. Yo comí hoy en la calle, pero llego y ahí está rascando la pinche cacerola de la sopa, toda seca y vieja. De verdad, ya me tiene hasta la madre. Ya le dije que se saque a la chingada de aquí. No lo quiero ver.

ALICIA: Pero es que tú también tienes la culpa. Primero te enojas y gritas, pero apenas hace algo por ti y es como si se te olvidara todo. Eres bien pendeja, nada más haces corajes a lo bruto. Ya no debes permitir que haga eso. Mándalo a la chingada. Sabes qué, agarra todo lo que tu le has dado y quítaselo. Su cama, hasta las pinches sábanas y verás. Es un hombre y debe hacerse de sus cosas. Cuánto ya lleva trabajando y no tiene nada.

JOSEFINA: Ya sé mamá… Y ya lo hice, ya le quité la base de la cama, a ver dónde se duerme.

ALICIA: Es que sólo así, sólo así. Que se vaya y a ver qué hace.

JOSEFINA: Pues no tiene nada, nada, nada. Sí su ropita, pero nada más. Mucha pinche ropa de marca y cara, pero ni para limpiarse la cola tiene. A ver si puede dormir encima de su pinche saco o encima de su pantalón de piel…

BERNARDA: Ja ja ja ja.

JOSEFINA: Es que, en verdad, se pasa. Yo no sé cómo puede vivir así. Es hasta de risa, me desespera mucho. No piensa o qué. El otro día llegó todo pedo, y yo me imagino que perdió sus llaves, y se puso a tocar la puerta. Yo no le abrí, no le abrí. Estuvo un buen rato, pero no salí. Total que mejor jaló unas cubetas las encimó y se puso a brincar sobre ellas para llegar a la orilla de la ventana. Claro, las cubetas se rompieron y hasta por allá fue a dar. Se puso a llorar el pendejo por el dolor. Yo nada más lo veía por la orilla de la ventana, ahí como menso sobándose la cabeza. Pero no le abrí. Total que no pudo entrar. Salí y le pregunté que qué hacía. Me dijo que nada, que estaba haciendo ejercicio colgándose de la marquesina. Me dio tanto coraje, si traía toda la mirada de borracho, la voz, todo… Me di la media vuelta y cerré la puerta, no lo dejé entrar. Se quedó a dormir ahí afuera. Que se chingue, al otro día iba a trabajar.

BERNARDA: Ja ja ja ja, ya ni la muela.

ALICIA: Pues ya tranquila, hija. Ya nada más acuérdate de lo que te dije, ya no le regañes, ni le hables, no sirve de nada. Sólo haz las cosas para que no juegue contigo. Así es.

JOSEFINA: Pues sí, mamá…

BERNARDA: Así son estos cabrones. Una no hace todo eso por molestar, una quiere que estén bien, que sean hombres de bien, que tengan una buena vida, que sean independientes

JOSEFINA: Sí, pero parece que no quieren. No puedo creer que a sus treinta años venga con su mamá cincuentona y todavía pida teta, no puede ser…

BERNARDA: Ja ja ja ja.

ALICIA: Pues ya cálmate, hija. Tranquila. Tómate un vasito de agua… o si quieres, puedes comer.

JOSEFINA: No mamá, gracias. Después, ahorita no tengo hambre.

(Bernarda lava los trastes.)

ALICIA: Qué rico estuvo, me gustó mucho, pero quedé bien llena. Gracias, hija.

BERNARDA: De nada, mamá. Sí estuvo muy bueno. Todavía queda un poquito para al rato. Voy a preparar un poco de café. ¿No quieres carnala?

JOSEFINA: No, hermana, muchas gracias. Se ve muy rico todo, pero no tengo muchas ganas. Ya acabaron, mejor ya me voy. Sigan con su café. Mañana nos vemos. Ahorita ya me tengo que ir.



César Palma
César Palma

Editor de fotografía en Kaja Negra. Si alguien tiene que fotografiar al presidente, al papa o a mi abuela, ése quiero ser yo. En Twitter: @LittleChurch_ Correo: cesar@kajanegra.com





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