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Trump: An American Dream

15 Jun, 2018 Etiquetas: , ,

¿Cuáles son las motivaciones de Trump? ¿Qué busca, qué pretende? Si miramos un poco a su pasado, dice César Palma en este texto, todo cuadra más o menos en una imagen coherente de su incoherencia; reflexión que llega luego de ver la serie documental Trump: An American Dream, disponible en Netflix.

TEXTO: CÉSAR PALMA

Esta reseña contiene spoilers.

Si uno regresara al tiempo en que Donald Trump dijo que iría por la presidencia, no daría crédito a todo lo que ha hecho en tan poco tiempo. No es menor: en economía, el TLC está en veremos; logró la mayor reducción de impuestos en 30 años en los EE.UU. e impulsó una guerra comercial contra China, que parece ha bajado de intensidad, pero que ahora arrecia contra México. En política exterior: cambió la embajada de su país de Israel a Jerusalén, se salió del Acuerdo de París, abandonó el acuerdo de desarme nuclear con Irán, y dirige una de las administraciones más agresivas contra migrantes, particularmente latinoamericanos y musulmanes.

¿Cuáles son las motivaciones de Trump? ¿Qué busca, qué pretende? Muy pocas personas [yo incluido] lo saben. Pero si miramos un poco a su pasado, todo cuadra más o menos en una imagen coherente de su incoherencia. Y la serie documental Trump: An American Dream, disponible en Netflix, parece un buen intento para conocer quién realmente es Trump.

A través de un relato elaborado con videos de diferentes fuentes y épocas [principalmente de los años ochenta] la serie presenta al Trump que todos conocemos: bravucón, ambicioso, pero también persistente. Esta imagen no deja bien parado al político-empresario y por supuesto no es aceptada por algunos de sus seguidores porque, dicen, es una visión «parcial», pero el documental usa evidencia pura y dura: frases, fotos, videos, pasajes, testimonios de amigos, familiares y enemigos.

Sin duda, esta es una serie que vale pena ver para entender al magnate y cómo su personalidad podría afectar la relación que hay entre México y esa nación. No tengo certeza aún del impacto que tendrá por aquí, pero sí me queda claro que no debemos quitarle los ojos a ese mandatario. Nos guste o no, está cambiando al mundo y tiene efectos en nuestro país.

De hecho, la siguiente persona que asuma la presidencia, junto con su gabinete, habrán de evaluar muy bien qué clase de personas es Trump, porque no sólo este documental, sino otros perfiles más como éste y explicaciones como esta otra, son baldes de agua fría para quien aspira dirigir el destino de una nación. Trump es racista, egocéntrico, un hombre sin escrúpulos  también retratado así en el libro Fire and Fury de Michael Wollf, caótico, fanático… Son tantos los calificativos que pueden dársele y lamentablemente tienen algo de cierto, por ello no deben subestimarse, porque al final del día, ese magnate detenta la posición más poderosa en el planeta.  Y con un sólo golpe podría tirar mucho de lo que, ya de por sí, se tambalea en México.

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¿Quién es Trump según el documental?

Trump está viviendo el sueño americano porque allá, en la tierra de la libertad, lleva a cabo sus fantasías, obsesiones y preceptos filosóficos sin responder a nadie. Emplea todas «las libertades» de esa nación para consolidar uno de sus más grandes anhelos: ser un hombre fuerte, que dirige a los débiles. Ser el que pega más fuerte, el más imponente. Obscenamente rico, capitalista, mejor dicho corporativista, no laissez-faire, al estilo mexicano. Libre en su proceder sin, aún, pagar las consecuencias.

Su llegada a la presidencia de Estados Unidos puede entenderse como un capricho para demostrar que puede lograr todo. Porque Trump cree que realmente es posible y casi obligatorio alcanzar lo que quiere. Como filosofía estereotipada de emprendedor: si lo quieres y lo deseas, lo vas a obtener.

En una escena del documental, capturan a un joven Donald mirando desde su oficina uno de los edificios más costosos de Nueva York con una idea: «lo quiero». Una reportera le decía, mientras Trump suspiraba al ver la construcción, que ella no tenía esa clase de ideas, no aspiraba a tener una propiedad multimillonaria. Trump le respondió que él tiene una mentalidad que no todos tienen y distinta a la de la reportera. Tiempo más tarde se hizo de esa propiedad.

Así fue acumulando uno y otro logro, en propiedades y en imagen personal. Trump se propone algo y lo obtiene, los cómos son el asunto más polémico.

Construyó un imperio que nombró Trump, símbolo de que él mismo es su grandeza. Una reedición comercial de «El estado soy yo», frase de Luis XIV. Trump descubre desde muy joven la utilidad de dirigir la atención a su persona en el mundo de los negocios, así se evita las miradas indiscretas de lo que realmente importa: los estados financieros, las pugnas en las cortes, las demandas, los estados crediticios, la administración.

Trump descubrió que la forma vale más que el fondo: puedes vender pepitas de oro, que en realidad son rocas pintadas de dorado. Puedes construir un rascacielo con concreto — usualmente hechos de metal por seguridad debido a la altura—, porque es más barato y venderlo como una joya de lujo. Utilizas pisos, materiales y acabados de baja calidad, pero concentras a toda la prensa para develar una obra sofisticada y exclusiva. Levantas una buena mesa de coctelería, colocas globos, das buenos bocadillos, una cubierta perfecta de marketing.

Donald Trump tiene la maestría de llevar la atención a sí mismo o aquello que le brindará algún retorno económico o de imagen. Los demás construyen, trabajan, se esfuerzan y él se lleva el crédito. Es una treta que usó desde sus primeros pasos como empresario profesional.

Recibió aplausos por rehabilitar una pista de hielo en Nueva York, en la cual no invirtió ni un solo dólar, pero sí puso la capacidad y la falta de escrúpulos para movilizar a otra constructora que invirtió el dinero, el tiempo, los trabajadores y no obtuvo nada a cambio.

También supo colocarse en el centro de atención con un sólo movimiento. Remodeló uno de los hoteles más lujosos en Nueva York, el Commodore, con la gran ventaja de no pagar impuestos por la obra durante 40 años. Dobló a una administración pública, se enfrentó con funcionarios y ganó. Tenía 27 años.  

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Trump no es un novato. Desde joven aprendió a jugar rudo, incluso sucio. Peor aún, ganó mucha confianza cuando llegó a la presidencia. En Fire and Fury el autor relata cómo él ni su equipo confiaban en ganar la carrera presidencial. Pero lo lograron y sacaron el pecho por lograr lo impensable, derrotar al establishment de Washington; se opusieron a la tradición demócrata y republicana, pues en ambos bandos despertaron antipatía.

¿Tendrá la inteligencia y confianza nuestro próximo presidente para enfrentar a alguien así? Hasta ahora, ninguno ha sido muy contundente ni propositivo. Anaya ha asegurado que será un presidente que actuará con dignidad. Que de esa manera nos tratarán con respeto. López Obrador ha asegurado que el gobierno mexicano no tiene autoridad moral para exigirle nada a EE.UU. Y que la mejor política exterior es una buena política interior.

Estas dos personas lideran las encuestas y no me parece que manden el mensaje contundente que esperaría se le debe lanzar a alguien como Trump. Es posible que sea cautela, también es probable que la declaración pública no es la mejor estrategia, pero algo se debe decir. Porque Trump gana poder cada que convoca a los medios. Sabe manipular las percepciones a través de los medios. Así queda demostrado en el documental. Trump busca reflectores para pavonearse, hace llamadas por aquí y por allá; da declaraciones, concede entrevistas, busca editoriales, artículos y sabe con quién y con quién no posar ante la cámara. Conoce más de medios que los propios editores, reporteros y directores. Los usa a conveniencia y todos caen redonditos.

Con estas habilidades puede dificultar cualquier negociación a la que aspiren los candidatos. Se adelantará para crear una percepción favorable. Y, de hecho, así lo intentó cuando vociferó que el Tratado de Libre Mercado había sido el peor acuerdo que EE.UU. ha aceptado a lo largo de su historia. Hoy quiere ser el héroe que regresará los empleos perdidos y arrebatados por México.

¿Y nuestros representantes qué harán cuando Trump dejé de jugar con las percepciones y force las negociaciones por otras vías?

También sabe embestir cuando los periódicos no sirven. Amenaza y gritonea con acudir a los tribunales, se pone como un gato enojado, con la espalda bien arqueada y la cola erizada. Muestra los dientes, pero al mismo tiempo da la impresión que no tiene el valor para lanzarse cara a cara. Avienta la piedra y esconde la mano.

¿Continuará elevando los aranceles y afectando nuestras exportaciones?

Por si no fuera más complicado, el próximo presidente tendrá que negociar con un magnate que posiblemente se estará pavoneando por el desarme nuclear con Corea del Norte.

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Uno de los episodios que mejor ejemplifican la manera de «pelear» de Trump es cómo se decidió aspirar a la presidencia. Y esto es algo que deberían tener en cuenta nuestros candidatos. Porque, sea como sea que se le califique a Trump, si él da un golpe a México podría tirarnos a la lona. Pues también de un sólo golpazo llegó a la presidencia.

Con ese episodio cierra el documental y también el fragmento del ensayo de Argemino Barro que publicamos en Kaja Negra:

«Estas dos figuras opuestas, Obama y Trump, la calma contra la tempestad, chocan en 2011. Trump saca el silbato para hacer un ensayo general de campaña. Obtiene de internet una información sencilla, escandalosa y falsa: el bulo de que el presidente Barack Obama no ha nacido en Estados Unidos [y por tanto no puede, legalmente, ser presidente]. El chamán enciende una hoguera, la alimenta en los medios, y las llamas suben tan alto que Obama acaba pidiendo a Hawai que publique su certificado oficial de nacimiento. Donald Trump sigue insistiendo en que ‘mucha gente’ posee otra clase de información sobre el presidente. Que ojalá se equivoque, porque sería ‘el timo del siglo’, pero que tiene a gente ‘mirando el tema’ y que ‘no puede creer lo que está descubriendo’. Una vez más la televisión le da espacio y Trump lo usa para promocionar sus ideas políticas.

Barack Obama no puede contenerse, y en la Cena de Corresponsales de ese año, con Donald Trump presente en la sala, dedica su tradicional discurso cómico a humillarle. Obama se ríe de su programa, The Apprentice, se ríe de su ‘amplia experiencia’, de las teorías conspirativas que tanto le gustan y hasta proyecta una foto de cómo sería la Casa Blanca si Trump viviese en ella, con su nombre de oro y neón en el frontispicio. El humorista Seth Meyers lo remata mofándose de su pelo, que parece un zorro muerto, y su ridícula ambición política. Donald Trump escucha inclinado hacia delante, su casco reluciendo en la oscuridad, la mandíbula tensa, la piel más roja que nunca.

Dicen que fue aquí cuando se decidió a dar el paso».

Esta escena es simbólica, sintetiza qué es lo que mueve a Trump: las pasiones, no el cálculo como el político tradicional y profesional. Sí, esto es muy peligroso, pero como toda persona consumida por la ira, no ve más allá de sus narices. Justo eso puede ser la clave de nuestro próximo mandatario: jugar un poco con el fuego y saber que una vez que se extingue no queda nada de él.  

 

Foto de portada: Ministry of Foreign Affairs of the Republic of Poland by 
Wizyta prezydenta Stanów Zjednoczonych w Polsce Flickr-[CC BY-NC  2.0].


César Palma
César Palma
Editor de fotografía en Kaja Negra. Si alguien tiene que fotografiar al presidente, al papa o a mi abuela, ése quiero ser yo. En Twitter: @LittleChurch_ Correo: cesar@kajanegra.com



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