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¿Una simple historia de zombis?

24 Feb, 2016 Etiquetas: , , ,
Hablar de The Walking Dead no sólo es hablar del cómic,
la serie de televisión o de los muertos vivientes; también
es hablar de la esencia humana, de las entrañas de lo que
somos. De eso va este texto y el trabajo de Robert Kirkman.
TEXTO: CÉSAR PALMA

Es inevitable no pensar en zombis cuando te levantas a las seis de la mañana y caminas hacia el metro: te topas con un centenar de personas yendo y viniendo desde distintos lugares de la ciudad; ves sus rostros demacrados, pálidos, por los días acumulados sin dormir; ensimismados en sus prisas, presiones y arrepentimientos. La mayor parte del tiempo son pacíficos, pero si osas [por accidente o a propósito] intervenir en su camino, encararlos o siquiera rozarlos, te gruñen, te empujan y en el peor de los escenarios te golpean.

Y hay zombis en el trabajo, en la escuela, en el transporte, en todo lo que signifique rutina. ¿Será que por eso nos sentimos tan identificados con este nuevo monstruo? ¿Nuestra época está maquilando zombis? ¿Nos sentimos sin vida y con el alma robada como si fuéramos para siempre esclavos? ¿Estamos atrapados en un estado de repetición incesante frente a la [no] vida?

Los zombis nos enseñan tanto de nosotros.

Son el nuevo Drácula o Frankenstein, dicen los expertos.

Y pensar que todo inició hace pocas décadas  con las películas de George Romero, cineasta que desarrolló al zombi como hoy lo conocemos, reconocido mundialmente por La noche de los muertos vivientes [1968]: una persona que camina, pero muerta; un ser hambriento de carne humana, un individuo que no duerme, no siente, taciturno, pero de una voluntad inquebrantable. El zombi seguirá adelante a pesar de todo, a pesar de quedar cercenado, quemado o magullado. No renunciará a su permanente estado de miseria… porque no puede [¿cómo el hombre moderno?].

cartel

El zombi se volvió tan popular que lo vemos en todos los formatos: novelas, cuentos, películas, series, en parques de diversiones. En medio de toda esta repetición incesante surgió la obra de Robert Kirkman para refrescar y girar la perspectiva con la que veíamos al zombi. En realidad, dejamos de mirar al zombi y comenzamos a ver a las personas. El zombi se había desgastado porque su comportamiento y origen era invariable: poseído, maldecido, virulento, infernal, rabioso, contranatural.

Con Kirkman el zombi deja de ser el elemento central de terror, porque esta característica la cede a una criatura todavía más abominable: el humano. En la novela gráfica The Walking Dead, una de sus producciones más famosas, lo hace de manera sutil hasta que el lector ve al zombi como algo tan corriente como un árbol, la banqueta o la decoración del ambiente. El elemento de cambio es el humano. El universo de Kirkman se vuelve dúctil y emocionante. Deja de preocupar la génesis y el terror que inspiran los zombis. Surgen nuevas preguntas que pocas veces se plantean en las historias [post] apocalípticas más populares [por supuesto hay grandes excepciones como I am a legend de Richard Matheson, o The Road de Cormac McCarthy, historias que me vienen a la mente como lector amateur, pero no exclusivas]; es decir, el fenómeno zombi en la cultura pop [comercial, auspiciado por las grandes productoras y promovido por los medios de comunicación más influyentes] no había sido abordado con la profundidad que Robert Kirkman propone mes con mes en la novela gráfica que es adaptada a la serie televisiva del mismo nombre. El impacto ha sido considerable: hoy TWD es una de las franquicias más rentables y premiadas en el género, tal vez sólo por detrás de Resident Evil.

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La trama de The Walking Dead transcurre yendo al punto desde el inicio: el mundo ha sido devorado y no hay ningún tipo de indicio de qué lo causó. Todo es convulsivo, oscuro y desolador, pero no muy diferente a los de cualquier otra trama de zombis. En esos primeros momentos los «caminantes» hacen su actuación espectacular, pues han sometido al hombre a través de sus gruñidos, el color de su piel, el hedor y las marcas de muerte. Sin embargo Kirkman no se detiene a dar explicaciones sobre su origen. Los monstruos están ahí acechando, sin agregar mucho valor a la historia.

Pero poco a poco los zombis se van desvaneciendo frente al papel de los humanos, frente a las historias que los componen y que van siendo reveladas número a número. El desplazamiento del zombi por el humano como protagonista, particularmente Rick Grimmes, el policía estelar del cómic y de la serie de TV, va develando un mundo primigenio donde impera una organización social básica, tribal, y una escasez absoluta de recursos. En general las primeras entregas narran la ineptitud del hombre para desarrollarse en los escombros de la cultura donde vivió cómodamente y daba por hecho todo, incluso la supervivencia.

Es difícil de decir si la narrativa de Kirkman pertenece al realismo [entendido como el desarrollo de la historia en el plano verosímil, la experiencia humana gobernada por las leyes naturales] o si es fantasía, porque queda claro que este tipo de criaturas son improbables. Pero esa misma dualidad entre el relato realista y el uso de estos monstruos permite a The Walking Dead llevar al extremo la hipótesis que respondería a la pregunta: ¿Cómo se comportarían los humanos al borde de la extinción?

Kirkman lleva la hipótesis hasta sus últimas consecuencias gracias a su capacidad de plantear situaciones que ponen a los personajes al extremo, pues estos están en constante conflicto. En el cómic, en una primera etapa, hay resistencia a no olvidar de dónde vienen, qué es lo que hacían en sus ordinarias vidas, pretendiendo aplicar un código moral incompatible con su realidad actual. Hay una resistencia absoluta a admitir que su pasado quedó sepultado con el lugar donde vivían, con su familia, amigos, mascotas y cualquier bien que ya no posee ningún valor en este nuevo mundo.

En el cómic, en una primera etapa, hay resistencia [de los personajes] a no olvidar de dónde vienen, qué es lo que hacían en sus ordinarias vidas, pretendiendo aplicar un código moral incompatible con su realidad actual. Hay una resistencia absoluta a admitir que su pasado quedó sepultado con el lugar donde vivían, con su familia, amigos, mascotas y cualquier bien que ya no posee ningún valor en este nuevo mundo.

Al respecto, las críticas se han hecho sentir de manera sardónica sobre todo en los conflictos éticos que Robert Kirkman plantea: «¿Importa que un menor utilice un arma cuando el mundo está quebrado?» «¿Cómo una mujer puede seguir siendo sometida por su esposo cuando su vida se puede extinguir en una mordida?» «¿Existe el amor en la podredumbre y la violencia?» «¿Cómo es posible que florezca el deseo sexual a cada tanto cuando están siendo acechados por la muerte?».

Kirkman valora estas preguntas y las rodea de tal contexto que cobran poder durante toda la historia . Los argumentos que esgrimen los personajes en diálogos extensos [para el formato de cómic] transmiten la necesidad que tienen por configurar un mundo que no entienden o porque siguen la simple costumbre de siempre. Esta lucha entre la visión del viejo mundo y el pensamiento emergente va desempolvando la vida salvaje que los humanos habían olvidado. Los más fuertes y sin escrúpulos se dan cuenta que pueden pasar fácilmente por encima de cualquiera, sólo tomando el poder y ejerciéndolo con firmeza. El autor no caricaturiza a los poderosos, valga la ironía, ni sobre simplifica la trama. Al revés, hace una descripción amplia de las motivaciones de los personajes, nos permite ver las obsesiones, miedos y deseos del ser que tenemos a lado. En el universo de Kirkman se vale todo y por eso un hombre de familia se convierte en verdugo, un religioso duda de dios, una mujer sumisa y humillada asume un nuevo rol de aniquiladora.

Imagen que ilustró la portada del número 50. Autores: Charlie Adlard y Cliff Rathburn.

Otra de las críticas que se han lanzado es la repetición de situaciones [debo aclarar que estas inconformidades las recupero de televidentes o lectores comunes y corrientes, no de especialistas ni profesionales de la producción literaria o televisiva, además que me sería difícil refutarlas si provinieran de esos expertos ya que carezco de los elementos necesarios para contrarrestar sus dichos]. Me han comentado: sí, están bien los dilemas éticos propuestos, si matarías o no por alimento, si tendrías las agallas para realizar la eutanasia a la persona que más quieres, si cometerías suicidio o no, si olvidarías tu pasado para concentrarte en el presente, pero el desarrollo es una reiteración que se convierte aburrida, hombres matando hombres, problemas morales aquí y allá, asuntos superfluos cuando la supervivencia está de por medio.

Sobre tales argumentos me he preguntado: si es así de repetitiva la historia, ¿cómo ha logrado tener éxito durante más de trece años en papel y más de seis en televisión? Producir en papel hoy en día pareciera un suicidio mercantil; hacer televisión y no garantizar ciertos puntos de rating, lo mismo. Entonces, ¿cómo la historia nos mantiene al filo haciendo millones de dólares y sin perder su frescura? Sin duda se debe a su solidez narrativa: Kirkman nunca deja ver al lector el porvenir ni por un mínimo resquicio: mantiene la incertidumbre, la misma que viven los personajes. Por supuesto este recurso ha cansado y hay quienes abandonan el relato porque no aparece algún escenario distinto en el horizonte: zombis acechando humanos, humanos peleando entre sí, que huyen, que se asientan en un lugar seguro… y se repite el ciclo. No obstante, la clave está en el pasado. El autor no presenta el futuro porque difícilmente lo hay en la miseria, y cuando lo plantea sólo es una pared frente a la que todos nos estrellamos. En cambio el pasado es la materia prima para construir a los personajes. Claro que este modo es frustrante, porque parece inmóvil la narración o su progresión es lenta, pero lo cierto es que The Walking Dead es más dinámica de lo que parece y está a punto de llegar a un punto de inflexión, tanto en el cómic como en el desarrollo actual de la serie de televisión [su sexta temporada].

No quisiera adelantarme porque, según mi experiencia, Kirkman es impredecible. Habrá una lucha feroz sobre qué visión se impondrá, qué moral y qué ética. Y cuando tengamos un ganador, The Walking Dead habrá sido una historia espectacular sobre la refundación y renovación de la historia humana. ¿Que sólo es una historia de zombis? Yo diría que no.

Imagen de portada: Art Print / Process : The Walking Dead (2013) by Miles Tsang-Flickr-(CC BY-NC-ND 2.0).


César Palma
César Palma
Editor de fotografía en Kaja Negra. Si alguien tiene que fotografiar al presidente, al papa o a mi abuela, ése quiero ser yo. En Twitter: @LittleChurch_ Correo: cesar@kajanegra.com




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