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Venezuela. Antes y después de Chávez

08 Mar, 2013 Etiquetas: ,
Catorce años de gobierno.
Tres reelecciones, un refrendo, un golpe de estado en su contra.
Hugo Chávez. No se pueden desdeñar sus logros; tampoco sus vicios. Pero ¿qué sigue para Venezuela?
TEXTO: FERNANDO RODRÍGUEZ

Todo empezó con un “por ahora”. Son centenares las frases que el ex presidente venezolano Hugo Chávez dejó como herencia verbal después de 14 años en el poder, pero todos los dichos y máximas iniciaron con esas dos palabras, que el entonces desconocido comandante de paracaidistas pronunció en un mensaje de poco más de un minuto de duración el 4 de febrero de 1992 en Caracas.

Hugo Chávez era entonces un joven militar que llevaba 10 años conspirando para tomar el poder en Venezuela. Ese día, cuatro comandos atacaron las sedes regionales de gobierno en Maracaibo, Valencia, Maracay y Caracas para deponer al presidente Carlos Andrés Pérez. El golpe fracasó. Chávez, que estaba encargado de tomar el Palacio de Miraflores en la capital venezolana, se dio a conocer ante el mundo a través de un mensaje de televisión en el que destacaron frases que años después serían los mantras del chavismo.

En lo que llamó un “mensaje bolivariano”, el comandante pidió a sus compañeros sublevados que dejaran las armas para evitar un baño de sangre.

“Lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital. En Caracas no logramos controlar el poder. Vendrán nuevas situaciones y el país tiene que enrumbarse hacia un destino mejor”.

Durante los dos años que Chávez permaneció preso por su intento golpista, su figura creció entre la población que sabía que el “por ahora” no había sido una frase al aire. Las “nuevas situaciones” que auguró el día del golpe fallido se materializaron en 1998, cuando ganó las elecciones presidenciales impulsado por el Polo Patriótico de la izquierda venezolana que se volcó con él.

Fueron 14 años de gobierno. Tres reelecciones, un refrendo, un golpe de estado en su contra y un legado político y económico que permeó a varios países de América Latina.

No se pueden desdeñar los logros sociales del chavismo. La disminución de la pobreza, la mortalidad infantil y el analfabetismo fortalecieron la base popular que le permitió arrasar en las urnas.

Chávez era la antípoda de la demagogia. No era el discurso vacío, sino las promesas cumplidas con base en programas de vivienda, alimentos y educación que hoy se ven reflejados en los millones de personas que lloran su muerte no sólo en su país.

La visión geopolítica de Chávez al buscar aliados y crear contrapesos a Estados Unidos favoreció entre otros a Cuba, Nicaragua, Ecuador, Bolivia, Argentina, República Dominicana, e incluso a 25 estados de EU y Washington DC, con quienes Venezuela mantiene desde hace ocho años un programa de donación de combustible para calefacción.

Pero tras el oropel populista subyacen los mayores vicios del chavismo.

Al final de una década de cambios políticos en América Latina, Chávez se valió de una combinación poderosa para reforzar su base popular: el precio ascendente del petróleo y la devaluación de la moneda venezolana, el bolívar.

Cientos de millones de dólares derivados del petróleo han mantenido vivos los programas sociales de Chávez. En un mundo perfecto y con las reservas probadas más grandes del mundo, Venezuela podría seguir a ese ritmo durante mucho tiempo.

Pero Venezuela lleva ya una década y media con una economía dependiente del petróleo, y la factura ha sido enorme. Según cifras de la Administración de Información de Energía de Estados Unidos (que toma sus cifras de la petrolera estatal PDVSA), cuando Hugo Chávez entró al poder la petrolera estatal producía 3.1 millones de barriles diarios, de los cuales 2.7 millones eran destinados a la exportación; actualmente, la producción es de sólo 2.4 millones de barriles que apenas le alcanzan para satisfacer su enorme consumo interno, mantener sus obsequios de crudo a otros países y todavía destinar una parte considerable a la exportación redituable.

Y aquí cabe subrayar que el mayor benefactor de Venezuela al comprar su petróleo no es Cuba, que le paga (cuando lo hace) enviando médicos y profesores para las misiones chavistas; tampoco es Nicaragua, que cancela sus facturas petroleras con café y pantalones. Como una más de las paradojas de la revolución bolivariana de Chávez, su mayor comprador de petróleo es Estados Unidos.

El argumento del desgaste natural de las reservas no tiene lugar. Venezuela tiene el 24.8% de las reservas conocidas en el mundo, por encima incluso de Arabia Saudita con 22.1%, según cifras de la OPEP. Pero 14 años de privatizaciones y expulsión de compañías extranjeras junto a la casi nula reinversión que recibe PDVSA de las ganancias del petróleo han minado su avance. Mientras los pozos antiguos decaen por la falta de recursos para explotar su etapa madura, la exploración de nuevos yacimientos se ha frenado.

PDVSA ha sido la alcancía del gobierno chavista. Los 800 mil millones de dólares del petróleo que ha recibido Venezuela en 14 años han ayudado a abatir la pobreza, pero el déficit público se disparó hasta 20%; han mejorado la distribución de la riqueza, pero el país ha tenido el peor PIB petrolero de la región; rescataron de la miseria a millones de venezolanos, pero han creado una clase media con carencias que el chavismo ha sido incapaz de solucionar; le ayudaron a crear una base social para vencer a cualquier rival en las urnas, pero una vez que se afianzó en la presidencia reformó la constitución a su antojo para manipular engañosamente la misma democracia con la que había sido elegido.

Imaginen un barco que se hunde mientras su capitán trata de sacar el agua a cubetazos en lugar de tapar el agujero en el casco y que cada vez se hace más grande.

Nunca debe ser motivo de aplauso la muerte de un ser humano –y no es el objetivo de este texto–, pero para la figura de Hugo Chávez como el gran ícono latinoamericano y socialista que siempre quiso ser, nada pudo haber sido mejor que su muerte.

La imagen de Hugo Chávez será rescatada por la cúpula chavista en todo momento –“¿Qué haría Chávez?”–, su nombre será invocado para justificar decisiones e incluso su cadáver embalsamado se convertirá en el fetiche preferido para buscar el respaldo popular que continuará despertando años después de su muerte, pero sus sucesores no serán Chávez.

El recién fallecido presidente está ya exento del desgaste que indudablemente vendrá. Porque toda la infraestructura del chavismo descansa sobre el petróleo, pero se necesitan precios y exportaciones crecientes cada año para sostener una economía tan dependiente como la venezolana, algo imposible con el nuevo auge petrolero de EU y la debilitada infraestructura de PDVSA.

Venezuela tampoco podrá virar del petróleo a otras industrias para impulsar su economía. Las nacionalizaciones de industrias de cualquier tipo que servían a Chávez para insuflar el patriotismo de sus seguidores también provocaron una masiva fuga de capitales y menos inversiones que aprietan aún más la soga.

No es futurología, es sentido común. Un día Venezuela no podrá seguir regalando tanto petróleo a sus aliados de la región y al mismo tiempo mantener su consumo interno. Un día Nicolás Maduro –que seguramente ganará las próximas elecciones– saldrá a decir que es necesario recortar algunos programas sociales, cambiar su geopolítica y frenar los planes regionales como Petrocaribe, o –peor aún– aumentar el costo de la gasolina, con el fantasma de ‘El Caracazo’ rondando.

Citará a Chávez, portará su imagen, pero él no será Chávez, quien podía devaluar la moneda, provocar una inflación y al mismo tiempo consolidar su apoyo popular gracias a su carisma. Alguien culpará a Maduro de no llenar el vacío del comandante –“Chávez hubiera hecho las cosas mejor”–, y el chavismo se cimbrará.

Pasará un tiempo antes de esto. Venezuela vivirá nuevas elecciones en poco más de un mes, Maduro gobernará cobijado por el manto chavista y consolidará su imagen endureciendo su discurso con los “enemigos de la revolución bolivariana” (basta ver la acusación a EU por supuestamente haber provocado el cáncer de Chávez).

En un duelo, además de evocar los mejores recuerdos del fallecido, se ofrece todo el apoyo a sus más cercanos, y Venezuela no será la excepción… por ahora.



Fernando Rodríguez
Fernando Rodríguez

Periodista. Fue editor en @ExpansionMX. Actualmente trabaja en Foro global, de Foro TV. En Twitter lo encuentran como: @fe____r.





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