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Y pus no: 2 de octubre no se olvida

04 Oct, 2018 Etiquetas: , , , ,

Un recorrido desde la periferia de la ciudad al epicentro de la marcha por el 50 aniversario de la masacre del 2 de octubre que se realizó en la Ciudad de México.

TEXTO: EMILIANO PÉREZ CRUZ / FOTOS: LIZBETH HERNÁNDEZ

Desde la periferia hasta el metro Pantitlán este 2 de octubre transcurre como si nada, excepto por los enormes y negros nubarrones que burlan la barrera de los volcanes y cerros que les acompañan, y se desplazan sobre el este metropolitano, augurando tormenta que finalmente deviene en brisa con briznas de agua, no más.

El transbordo en Chabacano rumbo a la línea 2, y el descenso en la estación Bellas Artes, es sólo para tomarle el pulso a la marcha que saldrá de la Plaza de las Tres Culturas para recordar el 50 aniversario de la Matanza del 2 de octubre en Tlatelolco. A chanclazo limpio desde la esquina de Tacuba y Eje Central. Nada que altere el panorama urbano, excepto que ya es posible caminar sobre el Eje porque patrulleros y motociclistas de la SSP han cortado el tránsito vehicular y uno quisiera que así fuera siempre: para el disfrute peatonal, con el Cerro del Chiquihuite al norte, erizado con antenas de telecomunicaciones.

Son palabras de rencor

La amplia avenida es del peatonauta: son las 15:30 horas nadie y corre a la cita con la Historia. A ella, con certeza, muchos siempre llegan tarde. El puente peatonal que une al Centro Cultural Tlatelolco con la unidad habitacional, cruzando Lázaro Cárdenas, aún ofrece holgado sitio para desde ahí calcular el número de asistentes a la Gran Marcha que año con año confirma que el 2 de octubre no se olvida: es de lucha combativa. Consigna que trae a la memoria la canción «Palabras», de Johnny Dinamo y Los Leos: Son palabras sin sentir,/ sin nada que decir… de ayer./ Son palabras de rencor, que sólo hablan de un gran dolor.

Porque sobrevienen los encuentros, cada vez más ralos: por obvias razones, los que participaron en el 68 han sido mermados por la implacable vida y sus achaques, que suelen llevar al Pare de Sufrir. Quienes en el 71 acudieron al Casco de Santo Tomás y participaron en la primera marcha después del 68, ya se apoyan en sus nietos y bisnietos y no saltan al grito de «¡El que no brinque que es porro!», porque capaz que me desarmo y voy directo al güesero o quiropráctico para que me alinee el esqueleto, porque ya esos trotes no me cuadran.

¡Horca, horca!

Con Iván se encuentra al pie de la citada escalera. Él, de primera generación del Colegio de Ciencias y Humanidades; Iván, de la segunda del CCH Azcapotzalco. Recuerdan los juicios sumarios a los porros que de la Prepa 9 o de la Popular de Tacuba incursionaban en el plantel de Parque Vía; ignoraban que en Asamblea alumnos y autoridades acordaron instalar alarmas, chicharras que alguien desde la Dirección activaba y en tropel los chavos abandonaban las aulas, armados con palos y tubos y lo que hubiera a la mano para enfrentar a los invasores que, en desventaja numérica, caían prisioneros.

—¡Horca, horca! —clamaba el Pueblo cecehachero, y el lazo aparecía y desde el edificio B se tensaba sobre una vigueta y los porros se miaban del susto, hasta que algún profesor Pilatos se lavaba a las manos y lograba el perdón para el cernícalo, que de una pamba granadera pasando entre filas no se libraba.

Algún porro aterrado huía de la muchedumbre linchadora y elegía atravesar a toda carrera Parque Vía, la mortal avenida: dos quedaron en el intento y el Pueblo evitó el estigma de linchador.

Vendedores ambulantes

Armando, diseñador gráfico, acudió al 50 Aniversario de la Matanza con la esperanza de toparse amigos, ex condiscípulos o potenciales clientes. «Ya muchos no vienen. Eres el primero que encuentro. No es fácil librarse de la chamba, los compromisos o no te atrae la repetición del mismo numerito año con año», se sincera.

A las 16:30 la esquina de Ricardo Flores Magón y Eje Central Lázaro Cárdenas rebosa manifestantes; al desandar hacia la Plaza de las Tres Culturas la algarabía juvenil ensordece, desborda hacia Manuel González, atesta el paso a desnivel que va de las ruinas prehispánicas hacia los multifamiliares o viceversa; ya circulan los infalibles volanteros de organizaciones sociales, conviven con vendedores ambulantes de fritangas, globos, cacahuates fritos en sus múltiples presentaciones, souvenirs aptos para la ocasión [botones y pines conmemorativos para la chamarra, camisetas, playeras, gorras, mascadas, posters, máscaras de Anonymous…], manzanas recubiertas de rojo caramelo, alegrías de amaranto para resistir la caminata, botellas con agua, revistas que difunden en pensamiento y quehaceres pro socialistas…

Del Tequila y el Mezcal

Ahí andan la Pita y el Benja, documentando con micrófonos y grabadora, para Sonodoc, cuanto sonido emana de la marcha, que ya amenaza con no ser Cualquier-Marcha, sino la que conmemora 10 lustros años de la Infamia, la Represión, la Masacre que volvió mártires a los caídos el 2 de octubre de 1968: «50 años después,/ 50 años peor», induce a la realidad una consigna y decenas de cartulinas en manos juveniles la replican.

Aquella pinta, contundente, hace suyas las certezas del hematólogo y afirma: «El color de la sangre no se olvida», y uno la descubre justo a la salida del túnel que permite evadir Paseo de la Reforma y arribar, a la Plaza Garibaldi, frente al Museo del Tequila y el Mezcal, salud.

Tarde benévola para los marchistas, sin lluvia y con el contingente ácrata muy calmo, bien portadito hasta el momento, sin que alguna tiendita de convivencia identificada como adalid del imperialismo ceda a ellos sus malnacidas mercancías… «¿Por qué nos asesinan?», inquiere una manta desde el más p’acá, sin que obtenga respuesta de genocida alguno ni logre teñir de luto la marcha que desborda vitalidad de milenials, generaciones X o chavorucos, babyboomers, et al.

Prepotentes, chantajistas

Comparsas, batucadas, performanceros, porristas, relajientos per se permiten hallar concordancias entre esta marcha y las oficialistas extintas o en vías de: organizadas por sector, con atractivos musicales, teatrales o dancísticos para generarse adhesiones a la marcha, que despide cierto tufillo protagónico que nos remite a Pier Paolo Pasolini y su poema con estudiantes como personajes: Os odio como odio a vuestros papás./ Buena raza no miente./ Tenéis la misma mirada hostil./ Sois asustadizos, inseguros, desesperados/ (¡estupendo!) pero también sabéis ser/ prepotentes, chantajistas, seguros y descarados:/ prerrogativas pequeñoburguesas, queridos.

La marcha sigue su mancha rumbo al zócalo, desgañitándose en consignas, con efervescencia que sólo dura hasta el arribo a la ansiada plaza, donde se tomarán más fotos con el smartphone, que de inmediato lucirán en Instagram, Facebook, YouTube, WhatsApp, Messenger, LinkedIn, Snapchat, Twitter: redes sociales que testimonian [cómo no], que yo estuve ahí [sí señor].

Para que algún día

Al paso de la marcha asoman los albañiles que erigen Residencial Eje-30 en la colonia Guerrero, «una de las colonias de mayor tradición e historia de la Ciudad de México… Contará con 30 unidades en preventa , skype grill para que puedas disfrutar de las vistas y momentos al aire libre, estacionamiento, bodega, así como las características de privacidad y habitabilidad que tú y tu familia merecen».

Uno de los alarifes pregunta ¿para qué es la marcha?, y la respuesta a bote pronto, sin ironía, la brinda una chica que luce blusa ricamente bordada, que desataría la codicia de algún mushe:

—Para que algún día esta casa que construyes tú la habites…

La descubierta de la columna de manifestantes hace buen rato arribó al zócalo metropolitano, al ombligo de la Nación, y de la Plaza de las Tres Culturas aún salen contingentes que bien pueden hacer suya la manta en la cual se lee, debidamente adecuada, una cita del Manifiesto del Partido Comunista marxiano: «Tiemblen clases dominantes, no tenemos nada qué perder excepto las cadenas», que porta el contingente de la Facultad Ciencias.

«Ni perdón ni olvido; ni un minuto de silencio: toda una vida de lucha»; «No somos porros, somos estudiantes»; «Cuando marcho siento»; «Decrecimiento o colapso. Nos siguen matando» y «En México pasa de todo, pero no pasa nada», son frases que se agolpan al arribar a 5 de Mayo, donde los anarcas se desinhiben y atentan contra el Oxxo, por encarnar el origen de la familia, la propiedad privada y el Estado; cómo no despojarlas de lo que les da razón de ser: cigarros, cocacolas, alimentos chatarra, estupidizantes bebidas derivadas de la vid.

En busca de una estación

En el templete frente a Palacio Nacional —sede del gobierno oligarca, represor, jijodelmaiz, ajeno a los intereses de las mayorías republicanas—, los padres de los 43 normalistas desaparecidos en Ayotzinapa toman la palabra y solo unos cuantos congregados abajo y a su alrededor prestan atención.

Quienes arriban a la plancha del zócalo forman cardúmenes que comentan entre sí los incidentes de la jornada cívica con la que una vez más se cumplió el ritual conmemorativo y luego emprenden la retirada por Pino Suarez, Madero, Tacuba, Argentina, Brasil, 16 de septiembre, en busca de una estación del metro abierta al público marchista, que recupera su condición de peatón sin ninguna condición, desfogada ya la ira contra el Estado represor y sin propuestas para mañana enfrentar la terrible desigualdad que crece, las injustas condiciones laborales que ya se padecen vía el outsourcing, los bajísimos salarios, el no acceso a la seguridad social, etecé, etecé. Y tan tan… A memer.



Emiliano Pérez Cruz
Emiliano Pérez Cruz
Escritor y periodista. En 1979 fue nombrado por el Edomex cronista honorífico de Ciudad Nezahualcóyotl. Su más reciente libro de relatos: Ya somos muchos en este zoológico, Fondo Editorial Estado de México, 2013. En Twitter: @perecru



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