Recomendamos

Zócalo, Fuerzas Armadas y algo más

14 Feb, 2014 Etiquetas: , ,

Crónica de un recorrido por la exposición“Fuerzas Armadas…pasión por servir a México”.

TEXTO Y FOTOS: CÉSAR PALMA

Domingo. Sol implacable. Personas formadas para ver la exposición “Fuerzas Armadas…pasión por servir México”. Los soldados se esfuerzan en mantener el orden y darle más simetría a la fila que se descompone y casi rodea el perímetro del Zócalo capitalino. “¡Fórmense! ¡A la fila, por favor!” se escucha varias veces. Algunas personas parecen no prestar atención, mientras que otras acatan, sobre todo los ancianos. Los visitantes pasan un filtro de seguridad. La Policia Militar revisa. El ingreso a la exposición se prolonga.

Al entrar a la muestra, lo primero que los visitantes ven son veinte stands, grandes estructuras en forma de carpa, color verde olivo, material con información sobre las tareas de las Fuerzas Armadas, su organización e historia. Sin embargo, los paseantes se concentran en el centro de la plancha en donde están colocadas aeronaves como un Blackhawk, un avión Stearman PT-17, un helicóptero Bell 412 EP.

Los niños curiosos jalan a sus papás de un lado a otro. Algunos padres lucen entusiasmados, casi como los pequeños. Las parejas caminan en tándem por toda la Plaza de la Constitución, que está llena. Hay quienes aprovechan para posar junto a las esculturas hechas de rifles AK-47 fundidos.

Una orquesta toca cumbias a un público numeroso y animado; hay una interacción fluida entre militares y civiles.

 

¿Cuál es la opinión de los asistentes sobre el Ejército? 

—Muy buena, porque te inculcan una buena educación y disciplina —dice Minerva Lama, quien acompaña a su hija, interesada en las opciones de estudio de nivel superior.

Al respecto, la joven dice:

—Estudiaría enfermería, es fantástico cómo trabajan. En el Ejército son mucho más buenas, hay más disciplina, haces las cosas a fuerza, no porque quieras o no.

Luis Gonzalo cree que el Ejército hizo un gran labor para acercar a las personas:

—Es una buena ventana para la población en general hacia el mundo de la milicia. Es una institución que en gran medida no ha perdido su honorabilidad y es importante que la gente se acerque.

—¿Por qué crees que el ejército no ha perdido esa honorabilidad de la que tú hablas?

—Tiene que ver con la parte de disciplina y cómo está estructurada; además, sus actividades nunca han sido fundamentales en la parte económica y política del país, sino tiene una instrucción individual y muy especializada.

—¿Qué opinas sobre los niños que pueden pueden estar en contacto con armas en la exposición?

—Históricamente las armas y los ejércitos han sido parte de los pueblos y las naciones, seguirán siéndolo hasta el fin de los tiempos porque las sociedades se organizan de esa manera. Parte importante de la libertad de nuestro país es gracias al Ejército, a la historia de las armas. Los niños tienen que entender el valor y la representación histórica que tienen esos eventos.


Nadie pierde la oportunidad de tocar el armamento. Los visitantes de la exposición acarician, algunos casi con devoción, un lanzagranadas. Las cámaras van pasando de mano en mano para que nadie se quede sin una foto con el personaje más popular de la instalación: un soldado camuflado con un traje hecho de maleza.

Por momentos la marcialidad de los soldados se desvanece en el ambiente festivo. Es fácil darse cuenta de la “vocación de servicio” de los soldados, quienes responden a todo tipo de preguntas que hacen los visitantes .

—¿Cómo es ser mujer en la Marina? —pregunta un señor en la sección de Ciencia y Tecnología de la Armada de México.

—Es un orgullo. —Responde con una sonrisa que dejaba ver unos dientes perfectos.

—Pero… ¿a veces no te sientes mal por no tener tiempo para hijos, ser ama de casa?

—Estoy muy feliz con mi trabajo, me siento muy bien haciendo lo que hago.

El señor no parece satisfecho con la respuesta, pero enseguida se concentra sobre las piolas que trajo la tercer maestre para enseñar a hacer nudos náuticos. El hombre es el primero en armar el “nudo cuadrado”; se retira satisfecho.

—A mí no me gusta que los niños estén empuñando armas, pero a lo mejor es parte de la propaganda —dice Roberto Mendoza, quien voltea a ver a su pareja para que complemente su comentario.

—Creo que los niños no están entendiendo bien de qué se tratan las fuerzas armadas, ellos lo están tomando como si vinieran a un parque de diversiones; los padres, creo que tampoco entienden bien de qué trata. Solamente los marinos tienen claro que México es un país de paz. Ellos están diciendo (el Ejército Mexicano) “nosotros somos la primera línea de defensa” —completa Lilia Medina, mientras varios niños suben por un muro dispuesto para escalar.

—El Ejército en este momento está haciendo una excelente propaganda —prosigue la mujer—, creo que desde el año pasado, para que a todos se nos olvide su incursión intempestiva a labores de seguridad pública. Hay que estar concientes que ellos no están capacitados, ellos simplemente salieron a la calle a combatir. Recordemos las masacres de familias que no se detenían en un retén. Recordemos que incluso hubo un manual de qué tenías que hacer como civil cuando te detenía un retén. Creo que a mucha gente se le ha olvidado. Éste es el objetivo de esta expo: que a la gente se les olvide eso del pasado.

Respecto a las tareas que tiene el Ejército en zonas conflictivas, Lilia Medina matiza:

—En el estado de Nuevo León había comunidades donde el Ejército era la autoridad. Para los habitantes eran los héroes, se organizaban para llevarles comida. Porque en ese entonces el presupuesto para cada militar era de veinte pesos. Sí hay un Ejército que ayuda y apoya a las comunidades. Ante la corrupción en las autoridades civiles y gubernamentales, el Ejército está haciendo su mejor labor. Hoy en día su actuación es mejor, ya no llegan a disparar; en Michoacán hace cinco años hubiera habido un enfrentamiento armado. Podemos decir que el Ejército ahora es un poco tibio.

Los niños siguen jugando en la tirolesa y rapel. No se cansan, se forman dos veces y otros atemorizados tardan varios minutos en cruzar de un extremo a otro sobre los cables que hacen de cuerda floja. La música sigue animando al público, en la última canción se puede oír el triste “ahhhh” de la audiencia. Nadie quiere que dejen de tocar. Una vez que terminan, la multitud regresa al recorrido; no se olvidan de tomar un “arbolito” que regalan en la zona de viveros, una tarea tradicional de reforestación que lleva a cabo el Ejército.

La salida es más ordenada que la entrada, no sólo está la Policía Militar, sino la Policía capitalina. No permiten que se arremolinen las personas, las invitan a circular. Hay vendedores ambulantes que, en voz bajita, ofertan helicópteros militares de juguete. Un chavo en bici hace sonar el timbre de la bicicleta en la que se mueve fácilmente para alertarlos de los policías. En la escalera que está en la plancha del Zócalo para ingresar al Metro un soldado abraza con fuerza y delicadeza a una chica desconocida.



César Palma
César Palma

Editor de fotografía en Kaja Negra. Si alguien tiene que fotografiar al presidente, al papa o a mi abuela, ése quiero ser yo. En Twitter: @LittleChurch_ Correo: cesar@kajanegra.com





Artículo Anterior

De Souza Leão, o de volver a la locura

Siguiente Artículo

Mi gusto





También te recomendamos


Más historias

De Souza Leão, o de volver a la locura

Andar entre los párrafos de Todos los perros son azules para llegar al escritor Rodrigo de Souza Leão.  TEXTO: LIZBETH...

10 Feb, 2014